Que el fútbol siga siendo familiar

Por Camila Carceller 23 Febrero 2020

Llegaba el domingo y, después de haber comido el asado, uno se preparaba para la maratón de fútbol que traía la tarde. A veces en casa, picando algo; otras veces en la cancha, sintiendo el partido en vivo. El fútbol siempre fue algo que unió a los argentinos, como ningún otro deporte. Más que el fútbol, la pasión por él. Tanto que entró en la lista negra de “temas que no se pueden hablar en la mesa”, acompañando a la política y a la religión.

Pero volviendo a la esencia, a la unión, ver un partido se volvió una actividad familiar, en algún momento relegada a los hombres y ahora avanzando cada vez más a la igualdad. La gracia estaba en ir a la cancha, en acompañar a algún familiar a la tribuna y formar parte de la arenga que te ponía la piel de gallina. Los padres disfrutaban llevando a su hijo a la cancha y no tenían miedo de que algo les fuera a pasar.

Con el correr de los años, la esencia se desvirtuó y ahora hay que pensarlo dos veces antes de decidirse a ir con la familia a un estadio. Vemos recurrentemente discusiones, peleas con piedras y hasta muerte que, lamentablemente, hacen que uno prefiera prevenir que curar. Esa pasión exacerbada que ya dejó de ser sana, está limitando a las familias que antes organizaban su domingo para ver a su equipo.

Estamos viviendo tiempos difíciles, en los que la violencia crece más y más. Hay que tomar conciencia de lo que hacemos, de nuestras reacciones y, sobre todo, acordarnos de que al lado nuestro hay otra persona. Hay que bajar un cambio y volver a aprender a convivir.

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