Aún se perciben los olores de los cautivos y sus 'ayes' de dolor

El ex fiscal federal Alfredo Terraf cuenta su vivencia en el campo de exterminio en Polonia, al que fue en 2017 con su esposa Adela Estofán.

23 Ene 2020
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EN SU VIVIENDA. El ex fiscal federal, Alfredo Terraf, dialogó con LA GACETA en su residencia de barrio Sur. LA GACETA / FOTOS DE INéS QUINTEROS ORIO

Estuve en 2017 junto a mi esposa Adelita y realmente es una experiencia sobrecogedora y única. Desde que cruzas el inmenso portón de entrada y empiezas a caminar por sus calles y por las vías del tren que ingresaba con los prisioneros, transitas por un ambiente de gran dolor. 

Qué decir cuando ingresas a las barracas donde vivían y dormían los cautivos. Juro que en el interior, percibes sus olores y 'ayes' de dolor. Caminar todo el predio y ver los restos de los hornos crematorios de seres humanos te hacen sentir que perteneces a una raza que es capaz de cometer esas increíbles atrocidades a seres humanos. 

Levantas la vista humedecida por la impotencia y el dolor y ves que todo el lúgubre espacio está rodeado por una alta e inexpugnable línea de alambres de púas, que le dan un marco de que allí se cometieron las más increíbles violaciones a los derechos humanos. 

Fue, para nosotros, una experiencia muy dolorosa e inolvidable. Y no puedes, después de vivirla, ser indiferente al sufrimiento y dolor de todos quienes fueron cautivos y exterminados allí. Auschwitz es un ejemplo doloroso de lo que es capaz de ordenar, hacer y ejecutar una mente siniestra. Nuestra más absoluta solidaridad para todas las mujeres, hombres y niños que fueron inocentes víctimas del perverso nazismo.

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