En una región verde, Auschwitz es lo más parecido a una estepa desolada - LA GACETA Tucumán

En una región verde, Auschwitz es lo más parecido a una estepa desolada

Por Gerardo Rodriguez de la Vega

24 Ene 2020
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LA PUERTA DE ENTRADA AL HORROR.. El camino directo al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, donde se calcula que fueron enviadas cerca de 1,3 millón de personas, de las cuales murieron un 1,1 millón. israelarbeitergallery.org

Amargura. Fue la primera y última sensación que tuve al visitar el Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau. A pesar de estar enclavado en una región llena de verde, de vida, estar en ese lugar era lo más parecido a una estepa desolada. Nada podía crecer allí. 

Cuando me acuerdo del día que estuve en el complejo, hace cuatro años, me vienen a la mente las rejas de ingreso. "El trabajo os hará libres", reza la inscripción de la entrada. Ninguna foto o película llega a asemejarse a lo que realmente se siente al pasar esas puertas.  Menos todavía lo que sintieron quienes leyeron la palabra "libre" por última vez. 

Meses antes de hacer ese viaje había leído el testimonio de alguien que efectivamente creyó que no saldría de allí, Viktor Frankl. A pesar de ser difícil por la estructura de lo que ahora es un museo, me pude imaginar su llegada, bajar del tren y pisar el andén  de madera con zapatos, la última vez que pisaría calzado en varios años. Luego recordé  su relato de cómo sus pies se volvieron muñones. Por pisar el mismo suelo que yo estaba pisando.

Lo que siguió fue algo totalmente nuevo, pero nada grato. El recorrido continuaba por un largo corredor con edificios de ladrillo a los lados. Pero no como una casa ladrillo vista, con ladrillos rojos, sino ladrillos grises, como hechos de ceniza. Hubieran sido nada más que parte del paisaje, hasta que leí las explicaciones de donde me encontraba. "Entre 1941 y 1943, las SS ejecutaron varios cientos de personas frente a estas paredes, entre el bloque 10 y el bloque 11. La mayoría de ellos eran prisioneros políticos polacos, sobre todo líderes de organizaciones clandestinas que ayudaban a personas a escapar del régimen". Continué caminando. "En el segundo piso de este edificio, cientos de prisioneras mujeres, la mayoría judías, eran usadas como conejillos de indias para experimentos de esterilización.  Muchas morían a causa de los tratamientos, las demás eran ejecutadas para poder realizar las autopsias". El nudo en el estómago era inevitable. Para finalizar, un ómnibus me llevó a la zona del exterminio. No se podía apreciar mucho. Las autoridades del lugar, en un acto de cobardía, quemaron las instalaciones, incluidas las cámaras de gas, poco antes de que los aliados llegaran. Solo una estaba en pie. La puerta de hierro, igual que un horno, tenía una pequeña abertura circular. Desde allí miraban para asegurarse de que haya terminado el proceso. Por detrás del edificio, una chimenea del tamaño de una torre, también con una puerta de hierro. Allí iban los cuerpos.  

Lo último que recuerdo dentro del complejo es una inscripción metálica en varios idiomas que decía: "que en este lugar, donde los nazis exterminaron un millón y medio de hombres, mujeres y niños, la mayor parte de ellos judíos, sea para siempre, para la humanidad, un grito de desesperación y una señal".

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