Auschwitz nos interpela para trabajar por la paz como un derecho humano irrenunciable

Ignacio Noble recuerda aquel día de 2006 en el que detuvo la mirada en un pequeño zapato. Su relato, en primera persona.

25 Ene 2020
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Visité la ciudad de Cracovia en noviembre de 2006, mientras realizaba una estancia de estudio en la Universidad de Köln, Alemania. En esa oportunidad no tenía pensado visitar Auschwitz, sobre todo porque no resultaba sencillo llegar con el transporte público. Sin embargo, ya en Cracovia, la persona que me hospedaba se ofreció a acompañarme y señalarme el camino, por lo que acepté rápidamente.

Ya pasaron 13 años desde entonces, y debo decir que visitar Auschwitz es una de esas experiencias que quedan tatuadas en la memoria. El lugar es impactante, una verdadera muestra de los horrores de los que puede ser capaz la humanidad.

Ese día llovía, el cielo estaba completamente cubierto y hacía frío, era inevitable sentir y hacer propio el sufrimiento de quienes fueron torturados, denigrados y asesinados, especialmente al atravesar la tristemente célebre puerta de acceso al campo de concentración que reza la frase "Arbeit macht frei" (en español: "el trabajo libera").

Auschwitz tiene el aspecto de un museo dentro de un entorno muy hostil: cartelería con explicaciones, objetos, lugares preservados que nos transportan a uno de los momentos más nefastos de la historia de la humanidad. Resulta imposible no quedar inmóvil, con la mirada perdida en algún objeto al que seguramente se aferró una víctima antes de ser injustamente desposeído de ella y probablemente asesinado. Particularmente, recuerdo haber detenido la mirada en un pequeño zapato, pensando que perteneció a alguno de los tantos niños que sufrieron los horrores del campo de concentración.

Pero el mensaje que nos deja Auschwitz no tiene que ver con una experiencia meramente contemplativa. Auschwitz nos transforma y nos interpela para trabajar por la preservación de la paz como un derecho humano irrenunciable, a promover el diálogo en la diversidad y a la búsqueda permanente del consenso dentro de un Estado constitucional y convencional de derecho.

Auschwitz nos muestra las sombras de nuestra condición humana, y al vernos en ellas entendemos que la paz no es algo que viene dado, la paz es algo que se construye, es algo por lo que vale la pena trabajar cada día.

Acompaño a todos aquellos que en forma directa o indirecta sufrieron las atrocidades del Holocauso.

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