Desde la distancia, un humo negro tiñó el cielo de la calle Santiago del Estero al 1.500, en la capital. Allí, una fábrica de papas fritas y copetines se incendiaba cerca de las 11. Los Bomberos trabajaron en el lugar hasta las 13. El fuego terminó por devorar casi la totalidad del negocio y dos de los empleados tuvieron que escapar rompiendo una puerta alternativa. Salieron ilesos.
Los dueños del negocio vivían en la casa de al lado y también debieron ser desalojados. Entre ellos, una persona de mayor edad sufrió una descompensación por el estrés de la situación, según contó Francisco Costa, pariente de los dueños. Es que el siniestro se había extendido hasta esa vivienda.
“De repente comenzamos a ver humo por todos lados y las llamas subieron hasta la altura del techo. Tuvimos mucho miedo porque las paredes empezaron a quebrarse”, detalló la propietaria Susana Gelatti. Como resultado, las paredes rosas de la pieza que usaba como taller de costura y su habitación terminaron con fisuras negras.
El problema se debió al material que se quemaba (bolsas, telgopor y mucho plástico) el humo era bastante tóxico al comienzo. Dentro quedó destruido todo, pero pudieron salvar algunos muebles de madera y alacenas azules. Cuando terminaron las tareas, la familia sacó del interior las bolsas de mercadería (chicitos, papas fritas en bolsas de cinco kilos y de dos kilos) para llevarlas a otro lugar. Aún quedan por comprobar las causas del incendio, pero fuentes policiales señalaron que podría tratarse de un problema con la ventilación de las chimeneas o un desperfecto en alguno de los artefactos de cocina, como el horno.







