
Ricardo Cohen - Observador Electoral de la OEA 1995-2008
Parafraseando el gran título de Eduardo Galeano, por Las venas abiertas de América Latina, vuelve a desangrarse la Patria Grande.
En Bolivia la consolidación de una sociedad más justa, equitativa, integradora y solidaria reventó y se astilló en cientos de agravios, amenazas, agresiones y muerte. Es que el pueblo boliviano había iniciado el camino, peligroso para algunos, de su autodeterminación e independencia.
El pueblo boliviano, decano en resistencia por sus derechos, a fines del 2005 dio un vuelco a su historia eligiendo a un presidente indígena. Esto detonó al interior del tejido social el profundo sentimiento discriminador de la oligarquía y de la burguesía nacional. Existió siempre durante todos los períodos de gobierno de Evo Morales una aletargada violencia discriminadora.
No fueron suficientes los números y los índices de crecimiento para compensar o aplacar este sentimiento. Evo Morales se equivocó, el acortar la desigualdad no es sinónimo de bienestar social, terminar con el analfabetismo, llegar a un índice de un dígito en la desocupación, tener el índice de crecimiento del PBI más alto de la región, no alcanza para frenar la marea revanchista, salvaje y voraz de la clase privilegiada que no es democrática.
Atilio Borón califica a lo ocurrido en Bolivia, como un “golpe de Estado por omisión”, dejando en manos de civiles el trabajo sucio que otrora llevaban a cabo las fuerzas de seguridad. Los Comités Cívicos, y los violentos, se transformaron en verdaderos predadores de la democracia produciendo hechos de violencia de una intensidad inaudita.
En realidad, en Bolivia se abrió la Caja de Pandora y eso significa que tal vez lo peor está por venir. Las hordas que deambulan por las calles de ese país, de seguir así, se tornarán imparables y reducibles tan solo con más violencia y de allí a la guerra civil se está a un paso. La irresponsabilidad de quienes alientan este accionar los desvincula totalmente de las necesidades del pueblo y responden a mezquinos intereses elitistas, sectores que inclusive se arrogan el derecho de determinar quién es boliviano.
Algunas instituciones cumplieron un rol importante en esta crisis como por ejemplo la OEA que a través de su auditoría recomendó nuevas elecciones tal como ocurriera en otros países, a lo que el gobierno de Evo Morales accedió y comunicó. Lo que en realidad la OEA no midió es que el problema no era técnico sino político-ideológico y que cuando esa misión llegó al país la decisión ya había sido tomada, tenía que caer el gobierno que les había dado voz a los pobres y sacado de la invisibilidad a miles de bolivianos, a lo que la élite nunca aceptó, ya que para ellos los pobres deben ser cada vez más pobres. Esa es la ecuación de supervivencia de los privilegiados.







