Reacción en el frente

26 Abr 2019 Por Álvaro José Aurane

Estos últimos días de abril incubaron en el frente Vamos Tucumán la voluntad de un quiebre con el esquema que mantiene frenados, en las consideraciones de la opinión pública, a sus candidatos a gobernar el poder político tucumano.

Ayer se anunció la decisión de habilitar en el interior acoples que apoyen a Silvía Elías de Pérez y a José Manuel Paz como postulantes a la gobernación y a la vicegobernación, como ya ocurre en Capital. Se rompe así con la tantas veces cuestionada estrategia de listas únicas para el este y el oeste. Esa que -como se avisó largamente- tanto entusiasmó a los que sólo quieren una banca; y tanto relegó al binomio opositor en las encuestas que ha publicado LA GACETA.

Este nuevo orden de cosas, por cierto, no es un proceso que fue madurando sobre la base de debates internos y análisis de escenarios y de sondeos. Es, en realidad, el resultado de la patada al tablero que asestó el intendente Germán Alfaro. El domingo, en este diario, un artículo de Juan Manuel Asís expuso el reclamo del jefe municipal de que a su Partido por la Justicia Social se le concedieran acoples en el este y el oeste, como ya ocurre en la capital.

La propia Elías de Pérez inició una ronda de consultas desde el lunes, con los referentes de su riñón político, con otros “correligionarios”, y con Alfaro. De las diversas conversaciones surgen algunos trazos generales coincidentes sobre la situación de ese espacio.

El escenario y sus lecturas

Por un lado, la decisión de promover listas únicas en el interior (surgidas no de una democrática elección interna sino del “dedocrático” decisionismo de la senadora y de sus seguidores) determinó que hoy haya mayor número de dirigentes radicales con votos reales afuera de Vamos Tucumán que adentro de la coalición.

Por otro lado, se evidenció brutalmente el contraste entre “compañeros” y “correligionarios”. Los socios peronistas del frente exhiben vocación de poder. Expresada, en este caso, en llevar adelante una ingeniería electoral para sumar votos (sobre la base de que, hasta el momento, es con votos con lo que se ganan las elecciones). Los socios radicales, en tanto, muestran una innegociable vocación por las internas. Para ellos es perfectamente razonable perder sufragios marginando dirigentes de su propio partido, porque lo que les parece prioritario es ganar la pulseada dentro del radicalismo antes que ganar los comicios provinciales.

En tercer lugar, Elías de Pérez, que también propició las listas únicas para privilegiar “fieles” y castigar díscolos, está cayendo en que ella misma es la “variable de ajuste” de sus “fieles”. Léase, “sus” legisladores y “sus” intendentes tienen serias posibilidades de ser reelectos; mientras que ella, si no corrige el rumbo del armado, tiene severas chances de ni siquiera terminar segunda. Es decir, quienes están enfrascados en fulminar el futuro político de adversarios internos no están muy angustiados por el futuro político de la senadora, teniendo en cuenta lo que podría costarle a ella un resultado poco honroso en las urnas.

En cuarto término, el candidato a vicegobernador por momentos pareciera perder la paz frente a la dinámica endogámica de las decisiones que adopta su compañera de fórmula respecto del desarrollo de la campaña. Las consultas, pareciera ser, siempre son con el mismo reducido grupo de personas, sin intenciones de apertura hacia otras opiniones o aportes.

En quinta instancia, Alfaro necesita que la fórmula Elías de Pérez – Paz adquiera una dinámica competitiva que lo ayude en la pelea desigual contra la Casa de Gobierno y la Legislatura por la Capital. En las 18 ciudades del interior, la disputa es por intendencias. En cambio, sus 700.000 habitantes le dan a San Miguel de Tucumán el peso electoral de una provincia chica.

Finalmente, Paz se estaría cansando del círculo cerrado de las determinaciones, razón por la que se expresa en favor de una mayor apertura en las conversaciones. Alfaro, definitivamente, ya se hartó. Y no sólo de la cerrazón, sino de que toda propuesta política sea vista con recelos. La interpretación desconfiada entre líneas es la lectura favorita en toda Villa Ceguera.

El plan y sus derivaciones

Aunque había prometido (a todos y a él mismo) ocuparse sólo de la capital luego de que Elías de Pérez no tuviera en cuenta al Partido por la Justicia Social para el armado de su fórmula, la propuesta de Alfaro es que su fuerza política ahora juegue en el interior para llevar, a la cabeza de las listas de parlamentarios, a dos legisladores radicales. En ese plan, Raúl Albarracín encabeza la lista del oeste, secundado por el talitense Marcos Kristal (deja el cuarto puesto de la lista oficial de Vamos Tucumán). Y Luis González encabeza la lista del este, seguido por Héctor “Pelao” Argañaraz (hasta ahora, probable cabeza de la lista oficial del frente). Albarracín habría dado el “sí” y, además, estaría trabajando personalmente para que el parlamentario simoqueño haga lo propio. De lograrlo, resentiría el armado del senador José Alperovich, quien asegura que González es candidato de su alianza, “Hacemos Tucumán”.

Elías de Pérez gestionó personalmente que se abriera el juego de los acoples para el Partido por la Justicia Social. Por abajo, y también con emisarios de primerísimo nivel, se habían dado conversaciones que con el correr de los días parecen encauzarse hacia la lógica, pero que comenzaron en términos escandalosos.

El chiste y sus tragedias

En política, pocas tragedias son tan funestas como la verificación de un chiste en la realidad. La humorada clásica de la UCR es así: dos “correligionarios” enfrentados se reúnen para tratar de resolver una interna y uno pregunta: “Vos, ¿qué querés ser?” Y el otro, contra toda lógica y toda gramática, responde: “yo quiero ser que vos no seas”. Justamente, la primera respuesta que recibió el alfarismo de los socios radicales de Elías de Pérez fue “la única condición para el acople es que Albarracín no sea candidato”. Después del primer tira y afloja pasó a ser “que no presenten listas de concejales en ningún municipio del interior”. Ahora, ya en el plano del sentido común, surge una coincidencia mayúscula: el Partido por la Justicia Social no presentará candidato a intendente en Concepción ni en Yerba Buena, para no complicar la pelea por la reelección de Roberto Sánchez ni de Mariano Campero.

El anuncio de la apertura de los acoples se formalizó ayer, precisamente, para tratar de contrapesar un duro revés para la coalición opositora, oficializado al mediodía. El frente Evolución por la Democracia Social configuró una propuesta de neto perfil radical y se llevó a uno de los intendentes del centenario partido. Cómo lo había adelantado hace dos miércoles en el programa “Panorama Tucumano”, el vicepresidente 2° de la Legislatura, Ariel García, lleva a Aurora “Tatá” Pisarello como compañera de fórmula. Y, pese al cálculo de Vamos Tucumán, suma a Sebastián Salazar, jefe municipal de Bella Vista, quien la reelección.

Salazar había manifestado hace un mes su intención de apoyar a Elías de Pérez para la gobernación, pero en lugar de señales de acercamiento sólo encontró gestos de hostigamiento en el sector de la parlamentaria. Uno de los hombres de la primerísima línea de la candidata llegó a decirle “tenés que aguantarte que te tratemos mal, porque vos hiciste las cosas mal y no estuviste acá desde el primer momento”.

Con Albarracín y con González pasó, palabras más, palabras menos, otro tanto. Al primero llegaron a ofrecerle el décimo puesto de la lista oficial del oeste. Al segundo, directamente, le negaron todo espacio. De no mediar el alfarismo, también Elías de Pérez los habría perdido, gracias a la denodada tarea de sus amigos agrupados en el “Ateneo No Entendemos Nada”.

El peligro y sus desafíos

Claro que desde ese centro de estudios anti-políticos, las luminarias del “Observatorio para perder las elecciones” profieren al borde del aspaviento que “todo esto” es una jugada para que Alfaro ensanche su gravitación sobre las tres secciones electorales. Por supuesto que Alfaro no se dedica al mecenazgo de la política y, obviamente, quiere contar con más parlamentarios porque ese es uno de los caminos para conseguir gobernabilidad, especialmente cuando el Gobierno provincial está en manos de un signo político adverso. Pero que un socio político apueste a aumentar la base de sustento electoral para estos comicios no es un riesgo. El peligro es otro. Y está publicado en los sondeos de opinión. En los de Alperovich, Vamos Tucumán está tercero. En los de Manzur y Jaldo, directamente, aparece cuarto. Y con Fuerza Republicana alejándose en la escalada.

Eso, evidentemente, no viene siendo un inconveniente para los que sólo quieren garantizarse una doméstica reelección o agenciarse un cargo con renta estatal, y siguen apostando por el minimalismo electoral. Pero esta semana, Elías de Pérez dejó en claro que sí es un problema para ella. Y de enormes proporciones. Como se avisó aquí la semana pasada, mandó la campaña de “la revolución de los corazones” al noveno círculo del infierno. Y en la entrevista publicada ayer por LA GACETA, volvió a mostrar su perfil de política dura, criticando con uñas y con dientes al Gobierno provincial, a Alperovich y al líder de FR, Ricardo Bussi.

Pero la apertura no sólo debe ser para acumular acoples, sino también para sumar otras figuras, con sus voces y sus propuestas y sus estrategias. Sólo en esa multiplicidad de dirigentes se puede encarar una campaña para luchar por el poder. Con los “incondicionales” (palabra dudosamente democrática, si las hay) sólo se organizan cofradías. Pero nunca se construye poder político real.

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