Leiva esquivará los casos en los que intervino por el Gobierno

En un acto concurrídisimo y en presencia de las máximas autoridades públicas, el ex fiscal de Estado se hizo cargo de la vocalía que dejó libre Gandur. Seis sillas en el estrado.

07 Feb 2019 Por Irene Benito

Una página institucional escrita a lo largo de ocho años quedó atrás en cuatro minutos. Es el tiempo exacto que insumió el juramento de Daniel Leiva como vocal de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, incluidos los 60 segundos destinados a honrar la memoria del anterior inquilino del despacho, Antonio Gandur, quien falleció el 29 de diciembre. El alto tribunal había funcionado con los mismos cinco miembros desde 2011 y hasta ayer. Ya imbuido del atributo de juzgar y de decir el derecho, el reemplazante de Gandur dio la primera clave de su magistratura al anunciar que iba a apartarse de los pleitos en los que haya intervenido como fiscal de Estado del gobernador Juan Manzur, función que desempeñó hasta el 25 de enero. “Evaluaré caso por caso”, manifestó a la prensa sin precisar una pauta general. Luego ensayó una definición sobre independencia judicial: “no puedo apartarme de los hechos, pero sí hay que ser conscientes de que el Estado es uno solo y no debe haber una constante confrontación entre los poderes. Sí tiene que haber firmeza, pero no fricción permanente”.

Leiva juró por Dios y los Santos Evangelios, y a la patria en su cargo nuevo en un salón de actos repleto, donde había casi tantos políticos como miembros de la familia judicial, según advirtió un asistente asiduo a estos ritos. Manzur siguió la escena sentado en una silla especial, distinta a la destinada a los restantes invitados, incluido el vicegobernador Osvaldo Jaldo. Tras el juramento, el presidente de la Corte, Daniel Posse, invitó a su par recién llegado a ubicarse en el estrado, donde quedó plasmado el “nuevo paisaje” de la cúpula judicial: en los extremos, los ministros públicos de la Defensa (Washington Navarro Dávila) y Fiscal (Edmundo Jiménez), y en el centro, el titular del alto tribunal rodeado de los vocales Leiva, Antonio Estofán y Claudia Sbdar. A esa instantánea con seis figuras sólo le faltó el juez supremo René Goane, ausente con aviso por dificultades de salud.

En cambio, no se perdieron el acontecimiento los ex compañeros de Leiva en el gabinete de Manzur ni su sucesora Eleonora Rodríguez Campos; legisladores oficialistas (entre ellos Juan Antonio Ruiz Olivares, Fernando Juri, Marcelo Caponio, Sandra Mendoza, Marcelo Caponio y Stella Maris Córdoba); los jueces federales Gabriel Casas, Ricardo San Juan, Fernando Luis Poviña y Jorge David; intendentes; delegados comunales y funcionarios, como Sisto Terán y Claudio Pérez. Tantos ex compañeros justicialistas y dirigentes fueron a saludar a Leiva, que varios “locales” -jueces provinciales- se vieron obligados a quedarse de pie donde encontraron un hueco. Tuvo mejor suerte Marcelo Billone, presidente del Colegio de Abogados de la Capital, quien halló sitio atrás: fue uno los pocos críticos de la designación de Leiva que estuvo presente ayer (ver “Notas al margen del juramento”). El aglutinamiento “tapó” la visión a la familia de Leiva, que temprano había ocupado el espacio reservado en una primera fila enfrentada con el estrado.

ASÍ QUEDÓ LA CÚPULA JUDICIAL LOCAL. Navarro Dávila, Leiva, Estofán, Posse, Sbdar y Jiménez (sólo falta Goane). la gaceta / foto de juan pablo sánchez noli

El nuevo ciclo de la Corte coincide con el inicio de un año electoral que se anticipa intenso también en los Tribunales. De hecho Manzur expresó ayer a posteriori del acto que aguardaba a la Justicia para fijar la fecha de las elecciones (se informa por separado). Leiva, que adelantó su intención de llegar a la oficina entre las 7 y las 7.30, pidió paciencia en el diálogo que mantuvo con los periodistas en la sala de acuerdos contigua al salón de actos (ver “El nuevo vocal prevé...”).

“Acabo de asumir un compromiso frente a ustedes, frente a la sociedad, frente a mi familia y, lo más importante para mí, frente a Dios. Es mi carga cumplir con este compromiso y honrar la función que se me ha confiado. Esto no es un privilegio: lo que a mí se me dio es una responsabilidad y voy a esforzarme para estar a la altura de las circunstancias. Y les pido paciencia porque este también es un proceso que necesita tiempo”, manifestó.

Leiva será el primer vocal de la Corte que pague el impuesto a las ganancias -también debería tributar el jefe de la Defensa, Navarro Dávila-, pero la noticia de su designación giró más alrededor de su trayectoria política al lado de Jaldo; de su militancia peronista -renunció al partido al mismo tiempo que a la Fiscalía de Estado-, y de su paso por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán, donde egresó con un promedio de 3,7 y 21 aplazos. En la sesión legislativa que dio acuerdo al pliego, los opositores Eudoro Aráoz, José Canelada, Rubén Chebaia, Alberto Colombres Garmendia, Alfredo Toscano y Claudio Viña colgaron en sus bancas listones negros de papel, y sentenciaron: “la Justicia de Tucumán está de luto”. Respecto de sus calificaciones, Leiva comentó este miércoles que obedecían a una realidad que le había tocado vivir 30 años atrás y que cumplía los requisitos constitucionales para estar en la Corte. Y añadió que, en el ámbito de la democracia, venía de un período largo de actuación en distintas dependencias de diferentes niveles de la administración pública. “Creo en la autonomía de los poderes del Estado y en que este es un pilar del sistema republicano”, definió.

Leiva llega a la Corte con una estadística pobrísima de dilucidación de las denuncias de corrupción. A la luz de los resultados de la Justicia, parecería que no hay corruptos en la provincia. Interrogado sobre a qué adjudicaba este fenómeno, el ex fiscal de Estado amplió la mirada y afirmó que en el presente muchas causas, y más aún las de contenido penal, no tenían una sentencia. “Es un porcentaje altísimo”, reflexionó y prometió trabajar para la implementación del Código Procesal Penal postergado ya tres veces. Al cerrar la conferencia planteó su ilusión de que el sistema en vías de aplicación sea “un momento bisagra” para la impunidad.

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