El calor acompañó el fin de año en 1938

08 Ene 2019 Por Manuel Riva

Las altas temperaturas de las últimas jornadas cuando se informó que la sensación térmica fue de alrededor de 50°C dejó Tucumán con el valor récord del país. Por mucho que sorprenda, esto no es una novedad sino más bien lo frecuente en el verano tucumanos. A modo de ejemplo: hacia fines de 1928 las temperaturas superaron los 40°, reales no había térmica, y 10 años después, a fines de 1938 principios de 1939, la columna de mercurio alcanzó la marca de 47,3°.

Con esta marca se despidió 1938. En aquellos días, la temperatura había superado en varias oportunidades los 43° y nuestra crónica decía: “sin deparar a la población una sola tregua -van ya seis días consecutivos de temperaturas elevadas, día a día en ascenso-, la ola de calor que envuelve a una extensa zona del país, volvió a hacerse sentir, con singular rigorismo en Tucumán”.

No se podía dormir

De acuerdo con lo expresado 80 años atrás, los efectos no eran sólo de día ya que: “de noche nadie duerme tranquilo, cuando se duerme, porque el sol abrasador caldea el ambiente, las viviendas y sus interiores, y el viento, persistente, pero caliente, crean una atmósfera irrespirable, sin contar con que el termómetro no acusa bajas sensibles. Como en las anteriores, anoche gran parte de la población se volcó en parques y plazas y se desplazó hacia la montaña, en pleno parque Aconquija, en busca de aire y del fresco que, aunque parezca increíble, no se encuentra en ninguna parte”.

Los bares y confiterías también habían sido el oasis donde muchos fueron a calmar, en parte, sus necesidades de bebidas frescas. Además se informaba que hasta altas horas de la madrugada “la gente permaneció al frente de sus casas o en bares céntricos y de zonas apartadas”.

Ya sabemos que las máximas fueron importantes pero las mínimas rondaban los 24° con humedad relativa de apenas 13%.

Insolados en la calle

Los efectos de tan altas temperaturas fueron varios. Por un lado la Asistencia Pública, que estaba a cargo de las emergencias sanitarias, tuvo que atender a dos personas con insolación. Uno de los casos se registró en calle Santiago del Estero al 900, donde una mujer fue atendida en la vía pública y llevada hasta el hospital. El otro se produjo en Laprida al 1.000. Ninguno fue de peligro.

Otro tema preocupante era el consumo de agua potable. Nuestra crónica del 3 de enero de 1939 informaba: “55 millones de litros de agua diarios consumió la población de la Capital”, que por entonces superaba las 150.000 almas.

Provisión de agua

En la crónica se anunciaba que el río Vipos “es la única fuente que provee actualmente con 500 litros por segundo. El río Loro contribuye con 30 litros por segundo”. Cabe recordar que por aquellos años aún no estaba construido el dique El Cadillal. Además se informaba que de las siete tomas de las sierra de San Javier no llegaba absolutamente nada. Agregaba que se destinaban 12 litros por segundo de una de las fuentes para abastecer a Tafí Viejo, que acarreaba problemas de provisión desde hacía tiempo.

Uno de nuestros cronistas entrevistó al ingeniero Terrones, director del distrito local de Obras Sanitarias, quien expresó: “estamos en condiciones de asegurar el aprovisionamiento de agua, siempre que el vecindario coopere consumiendo el líquido dentro de lo indispensable. Evitando el derroche inútil y no pasando de los 45 millones de litros el consumo diario, la población no carecerá del preciado líquido”. Junto con las altas temperaturas que “tan duramente castiga esta ciudad desde que promedió la primavera”, las lluvias “se han hecho sentir muy poco, cayendo chaparrones que, no obstante la violencia de algunos, sólo han servido para hacer más riguroso el fuego solar”.

Las horas de la siesta dejaban desiertas las calles de la ciudad. Nuestro cronista destacaba que junto con las altas temperaturas, que día a día iban marcando récords, se presentaban valores de humedad muy bajos, de alrededor del 10%, lo que ayudaba a que la escala termométrica subiera más.

Falta de hielo

El calor de aquello días de finales de 1938 generó escasez de hielo. El tema fue tomado por nuestro diario que lo consideraba como “un artículo de primera necesidad”. La crónica destacaba: “la escasez de hielo que sufriera nuestra población durante los últimos calores intensos ha creado un problema de mucha importancia por la demanda extraordinaria que se hizo del producto. Escenas poco comunes se registraron en las fábricas locales cuya producción no logró satisfacer los requerimientos populares”.

Ante esta circunstancia un concejal presentó un proyecto de ordenanza para que se abastezca la cantidad necesaria de hielo “estimado ya un artículo de primera necesidad”. La idea que se planteaba era incorporar el producto dentro del marco de la “higiene pública alimenticia”.

Además se informaba que en otras ciudades, donde población también sufría la ola de calor, crecían las protestas por la actitud de algunos comerciantes que “vendían la barra de hielo a 80 centavos cuando estaba establecido que el valor de venta era entre 22 y 24 centavos”.

El precio en nuestra ciudad había alcanzado entre 3 y 6 pesos la barra generando “alarma con justificada razón”.

Infaltable tormenta

Esta famosa conjunción de calor seguido por tormentas de gran importancia parece acompañar a los tucumanos desde hace tiempo.

Como vemos 80 años atrás, después de varias jornadas con temperaturas superiores a los 40° grados llegaron las lluvias y con ellas, las inundaciones. Nuestra crónica, titulada “Llovió ayer setenta y cinco milímetros en la capital”, destacaba en su primer párrafo: “la impaciencia de la población, pendiente del pronóstico que anunciara un cambio favorable en las condiciones ordinarias del tiempo, se ha visto satisfecha con la copiosa lluvia caída durante todo el día en la ciudad y en localidades de la campaña”.

En el artículo se hacía referencia a la necesidad de agua que había en las plantaciones debido al calor de las jornadas anteriores. Hubo que esperar algunos días de pronósticos fallidos hasta que, sin el menor aviso, el cielo abrió las compuertas dejando caer sobre la provincia su ansiado y vital elemento.

Y como ocurría antes, en aquella misma oportunidad y hasta en el presente las calles se inundaron por varias horas. El paso por debajo del puente del ferrocarril Central Córdoba también quedó afectado y se acumularon más de dos metros de agua.

En 1928

“Bajo los ardores del sol estival” titulaba nuestro diario la nota que presentaba cómo sufrían el calor los tucumanos de hace 90 años, allá por enero de 1928. En la bajada se anunciaba: “presionado por una temperatura asfixiante, Tucumán vive horas angustiosas. Las confiterías son el refugio obligado de los viandantes. El alivio del chopp y del helado. Achilata y aloja para los pobres”.

Como vemos, algunas formas de refrescarse de aquellas épocas se mantienen hasta hoy. El mayor cambio desde entonces es el aire acondicionado, que hace más placentero estar en algún lugar. Claro que los ventiladores de techo daban sensación de frescura y causaban el beneplácito de los parroquianos. El grito del mozo de saco blanco o delantal, con la mano levantada hacia el cliente, “un chopp” era el código entre ambos para recibir el refrescante líquido ámbar en la mesa.

TORMENTA. Tras las intensas jornadas de calor una lluvia de 75 milímetros redujo la temperatura pero inundó diversas zonas de la ciudad.

Desde las 7

La crónica es un relato sobre la vida de nuestros comprovincianos de tiempos idos. Se informaba que desde las 7, “cuando se abren las oficinas públicas, empieza el ajetreo urbano”, comenzaba la circulación de quienes querían aprovechar la “pasividad del estío en esas horas”.

Era el momento apropiado para hacer compras o transacciones comerciales, pero “para desdicha de todos, en estos días el sol no ha reparado en división de tiempo y se ha lanzado a calentar las cabezas y espaldas de cuantos se han atrevido a desafiar sus furores”.

En 2011

Hay otros ejemplos de temperaturas superiores a los 40°C en nuestra provincia. El Laboratorio Climatológico Sudamericano, que dirige el doctor en Meteorología, Juan Minetti, destacó que en 1942 se registraron 41° como máxima, y en 2011, 42,7°.

VILLÁ I. Nuestro dibujante se hizo eco de la falta de hielo y lo reflejó con humor en una de sus notas del día.

Comentarios