Moro, de “héroe anticorrupción” a ministro

El juez que condujo la pesquisa en la causa “Lava Jato” y encarceló a Lula será parte del gobierno del ultraderechista Bolsonaro.

EN LA MIRA. El juez Moro, que investigó y encarceló a Lula, está en el centro de la atención política por su ingreso al gabinete de Bolsonaro. EN LA MIRA. El juez Moro, que investigó y encarceló a Lula, está en el centro de la atención política por su ingreso al gabinete de Bolsonaro.
03 Noviembre 2018

RÍO DE JANEIRO, Brasil.- De héroe de la lucha anticorrupción a ministro del ultraderechista Jair Bolsonaro: Sérgio Moro, el juez que encarceló al ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, aceptó ser ministro de Justicia en el próximo gobierno.

Bolsonaro confirmó en Twitter la designación del juez estrella de la megacausa sobre corrupción política “Lava Jato” (”Lavado de autos”). “Su agenda anticorrupción y contra el crimen organizado, así como su respecto a la Constitución y las leyes serán nuestro norte”, agregó.

Moro, de 46 años -y oriundo de Maringá, en el rico estado de Paraná, al sur del país- pone fin a 22 años de carrera judicial para convertirse a partir del 1º de enero en parte del gobierno de Bolsonaro, un ex capitán del Ejército que pocos días antes de la elección amenazó, en uno de sus más polémicos discursos, con “barrer a los bandidos rojos”, a quienes no les quedaría más opción que el exilio o la cárcel.

El juez de Curitiba, que asumirá el superministerio de Justicia y Seguridad Pública, es altamente polémico. Sus defensores lo consideran un luchador contra la corrupción, sus detractores, un puritano fanático o un bandido con intereses políticos.

Se licenció en Derecho y se convirtió en juez federal en 1996. Doctor y profesor universitario, completó su formación en Harvard. Era casi un desconocido hasta que saltó a la fama como figura central de la megaoperación anticorrupción “Lava Jato”, que desde 2014 ha llevado a la cárcel a decenas de políticos y empresarios.

El encarcelamiento de varios personajes poderosos lo convirtió en una especie de “superhéroe”, y su cara empezó a aparecer en remeras, máscaras y pancartas en marchas contra la corrupción.

En su lista de “trofeos” figuran Marcelo Odebrecht, de la gigante constructora Odebrecht; el propio Lula (que desde abril cumple una condena en la sede de la Policía Federal en Curitiba una pena de 12 años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero) y el ex titular ultraconservador de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha.

Sus detractores ven en su proceder parcialidad política, focalizada en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula más que en el otro bando.

En 2016, Moro le dijo al diario “O Estado de Sao Paulo” que jamás entraría en la política. “El mundo de la justicia y de la política no deben mezclarse -sostuvo en ese entonces-. Soy un juez, estoy en otra realidad, otro tipo de trabajo, otro perfil. No existe jamás ese riesgo (de entrar en la política)”.

Ahora, justificó su decisión ante “la perspectiva de implementar una fuerte agenda contra la corrupción y contra el crimen organizado, respetando la Constitución, la ley y los derechos”.

El duelo

La confrontación entre Moro y Lula empezó en marzo de 2016, cuando el juez ordenó a la policía que allane la casa de Lula para llevarlo a declarar por la fuerza.

Lula y Moro se midieron en mayo de 2017 en un interrogatorio que duró casi cinco horas y que mantuvo a Brasil en vilo.

Ese mismo mes, el polémico juez divulgó una conversación entre el ex mandatario y su sucesora, Dilma Rousseff, que sugería que ella iba a nombrarlo ministro para darle fueros que lo protegieran de la justicia ordinaria.

Moro también abrió conversaciones familiares de Lula grabadas fuera del plazo judicial y autorizó a que se publiquen trozos de la delación premiada de un antiguo colaborador de Lula, antes de las presidenciales de octubre. “Yo, sinceramente, estoy asustado con la República de Curitiba. Porque a partir de un juez de primera instancia todo puede ocurrir en este país”, afirmó Lula en una conversación telefónica pinchada y difundida con autorización del propio juez en marzo de 2016.

La imagen de juez preocupado por un mundo más justo se vio empañada este año, cuando justificó que los magistrados reciban un subsidio de residencia aunque vivan en casas propias y en sus ciudades de origen.

La oposición sostiene que, al aceptar el cargo, Moro confirma su motivación política en el juicio contra Lula y en los casos que llevaba en el marco de “Lava Jato”.

“Sérgio Moro decidió asumir su condición de político profesional”, escribió también el joven líder de izquierda Guilherme Boulos. “No hay problema alguno en que un juez deje la magistratura para hacer política. El problema es haber pasado algunos años haciendo eso vestido con una toga. Más que nunca, sus decisiones están bajo sospecha”, agregó el político del partido PSOL.

Varios críticos señalaron de inmediato que el acercamiento del juez a Bolsonaro podía comprometer la credibilidad de “Lava Jato”. (DPA-Especial)

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