Cómo ayudar a tu hijo a lidiar con un hostigador

El hostigamiento durante la niñez puede tener consecuencias de por vida. Y hay dos aspectos que alertan: un niño que ataca y el otro que no se defiende. Especialistas ayudan a entender cómo se puede frenar el acoso y con qué herramientas cuentan los padres.

24 Ago 2018
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¿Quién no ha recibido bromas pesadas en el colegio o en la escuela? ¿A quién no le han roto (o robado) los útiles, o lo tomaron de punto para las agresiones? ¿De quién no se han reído a carcajadas a sus espaldas? Cuando uno sufre este tipo de situaciones siente que no tienen fin. En realidad, sí tienen un final: cuando se termina el colegio. Sucede que alguna vez se consideró que el hostigamiento era un rito de iniciación de la niñez. Algo que a todo el mundo le pasaba. Sin embargo, en la actualidad se lo reconoce como un problema grave.

Para ayudar a tus hijos a lidiar con el hostigamiento (en el caso de que lo padezcan), una psicopedagoga tucumana y profesionales de la organización Mayo Clinic recomiendan reconocerlo, y luego aprender cómo responder en estas situaciones.

El hostigamiento entre los niños es una forma de agresión en la que uno (o más) de sus pares intimida o acosa reiterada e intencionalmente a una víctima, que se considera incapaz de defenderse. Implica burlas, insultos, provocaciones y comentarios sexuales inapropiados; hacer circular rumores acerca de un niño, avergonzarlo en público o excluirlo de un grupo.

“El hostigamiento no es algo físico, pero es el primer paso hacia la violencia. Esta salvedad es importante. Por otra parte, el hostigador tiene un perfil determinado: persigue, no puede poner fin al proceso porque no tiene como característica la tolerancia. Nota que la víctima está sola, apartada...”, describe Silvia Bono, psicopedagoga con amplia experiencia en esta temática. “Los lugares para hostigarlo en un establecimiento educativo son comúnmente los baños, la sala de música, los gimnasios. Son espacios apartados del núcleo. Y ojo: no cualquiera es víctima tampoco”, resalta.

El perfil del hostigador que describe la profesional es el de una persona “superhipersimpática”. Es líder, pero no ídolo, porque arrastra... lo siguen porque tienen que seguirlo, porque amenaza a quien no lo sigue. Actúa en soledad, pero siempre tiene cómplices que lo cubren, que lo encubren, que mienten por él. Solapadamente ridiculiza, y luego sale con un ‘no te enojes, es una broma’; es un perfecto extorsionador; es estratega e inteligente (’dice: si me das caramelos o plata no te jodo’) y hay en esa persona un goce, un disfrute en ver sufrir al otro.

“Tiene un perfil perverso, por más que se trate de un niño de 4 años. Son rasgos desequilibrados, aunque sean pequeños. Y se va potenciando con el tiempo, manteniéndose en el mismo perfil. Y cada vez aparecen conductas nuevas”, describe Bono.

En contraposición, el perfil de la víctima es el de niño bueno, calladito, que hace sus tareas, cuida sus útiles, no dice cuando le duele algo ni cuando no le duele, es obediente, excesivamente respetuoso, tiene un perfil que lleva a que lo ignoren porque tiene la autoestima tan baja que quiere ser ignorado. “Esto también es gravísimo. Porque ningún niño debería ser ignorado. Entonces, el hostigador, ni lerdo ni perezoso, lo molesta porque ese niño no habla, no se queja, todo se guarda. Es ideal para hostigar. El hostigador lo elige”, enfatiza la profesional.

De acuerdo con la Mayo Clinic (una institución médica sin fines de lucro con sede en Minnesota, Estados Unidos), se ha vinculado el hostigamiento de un niño con las siguientes cuestiones: problemas de salud mental (depresión, ansiedad, problemas para dormir, baja autoestima, ideas frecuentes sobre autolesiones y suicidio), desempeño académico deficiente (empiezan teniendo miedo de ir a la escuela y son más propensos a obtener bajas calificaciones), abuso de sustancias (son más propensos a consumir alcohol y otras drogas) y violencia (un número muy pequeño de niños que son objeto de acoso escolar podrían tomar represalias con medidas violentas).

Qué hacer

¿Y qué se debe hacer como padres ante esta situación? Bono primero sostiene que el papá o la mamá deben ponerse también en el lugar de víctimas, porque ellos también sufren de esta situación: están de manos atadas, ya que no pueden frenar el hostigamiento, pero sí pueden y deben acudir a la parte jerárquica de la institución educativa a la que va su hijo.

“Tienen que denunciar el hostigamiento. Tienen que involucrarse. Y si el hostigador es un niño pequeño, también. Es mejor que entre en terapia y trabaje con su familia desde edad temprana, que es más moldeable que a los 10 años. Y otra cosa: es común que se encuentren con directivos o docentes incompetentes, que esconden la situación, que son parte de la complicidad y que amparan al hostigador”, detalla.

Según los profesionales de Mayo Clinic, una vez que se detecta que su hijo es víctima de hostigamiento, los padres deben: registrar los detalles (escribir la fecha, quién participó y qué sucedió específicamente), contactar a las autoridades que corresponda (pedir ayuda al director, al maestro o al consejero escolar, y si el niño ha sido atacado físicamente o lo han amenazado con hacerle daño, hablar con los funcionarios escolares y llamar a la Policía).

Lo aconsejable es que se les explique las preocupaciones de manera objetiva; en lugar de echar culpas, pedir ayuda para solucionar el problema de hostigamiento; tomar nota de estas reuniones; mantenerse en contacto con los funcionarios escolares. También es útil tener una copia de la política de la escuela para casos de hostigamiento, para saber cómo se aborda en el plan de estudios de la escuela y de qué manera los miembros del personal están obligados a responder ante casos confirmados o presuntos de hostigamiento.

“Si tu hijo fue lastimado o está traumatizado a causa del hostigamiento continuo, consultá a un especialista en salud mental. También podrías considerar la opción de consultar un abogado. Iniciar acciones legales para acabar con la cultura del hostigamiento puede convertir tu comunidad en un sitio más seguro para todos los niños”, añaden los expertos.

Si el hostigamiento continúa, hay que ser persistente o recurrir a autoridades del Ministerio de Educación local. “Desde el ámbito profesional –sugiere Bono- aconsejo seguir atentos, tanto directivos como docentes y profesionales externos, a las nuevas conductas que pudieran surgir, para prevenir. Sería importante capacitar a quienes están en las escuelas para que detecten el hostigamiento antes que una madre”.

> Señales de alerta
- Pérdida o destrucción de ropa, equipos electrónicos u otros objetos personales.
- Pérdida abrupta de amistades o evasión de situaciones sociales.
- Desempeño escolar deficiente o resistencia a ir a la escuela.
- Dolores de cabeza, estomacales u otros síntomas físicos.
- Trastornos del sueño.
- Cambios en los hábitos alimentarios.
- Aflicción regular después de pasar algún tiempo en línea o con el teléfono sin una explicación razonable.
- Sentimientos de impotencia o baja autoestima.
- Comportamientos destructivos, como escapar de la casa.

> Qué hacer si tu hijo es víctima
- Alentá a tu hijo a que comparta sus preocupaciones. Mantené la calma, escuchalo con afecto y apoyá sus sentimientos. Expresá comprensión y preocupación. Recordale que no tiene la culpa de que lo hostiguen.
- Informate acerca de la situación. Pedile a tu hijo que describa cómo y cuándo ocurre el hostigamiento, y quién participa.
- Averiguá qué hizo para intentar detener el hostigamiento, así como qué dio resultado y qué no. Preguntale qué se puede hacer para ayudarlo a que se sienta seguro.
- Enseñale a tu hijo cómo reaccionar. No lo animes a tomar represalias ni a contraatacar al hostigador. En cambio, tu hijo podría pedirle al hostigador que lo deje tranquilo, irse a otro lugar para evitarlo, ignorarlo o pedirle ayuda a un profesor, un entrenador u otro adulto.
- Sugerile que esté con sus amigos en los momentos en los que es probable que ocurra el hostigamiento.
- Estimulá la confianza de tu hijo en sí mismo. Animá a tu hijo a crear amistades y a participar en actividades que enfaticen sus fortalezas y sus talentos.

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