Ese acoso que toca el timbre del miedo

Aunque existe desde siempre, en los últimos tiempos, la intimidación en sus distintas expresiones sociales ha comenzado salir a la luz. ¿Cuáles son las causas? ¿Tiene solución?

12 Jun 2018 Por Roberto Espinosa
1

Despliega su deseo. La presa se hamaca en las pupilas. Afila sus colmillos. Elucubra tácticas. Engaños. Psicológicos, sexuales, callejeros, escolares, económicos, laborales, informáticos, son matices de una misma cosa. Diseña amenazas. Extorsiones. Inocular miedo. Someter al débil. Explotar sus carencias. Mancillar su dignidad. Son sus metas. Si no lo logra, marcha a violencia redoblada. A veces, detrás del piropo, acecha una estrategia del sometimiento. La mirada vigila. Ejercita asechanzas. Abusa con placer. Mientras la dejan. ¡Si lo sabrán los dictadores! ¡También los que mordisquean un mendrugo de poder! Reyes, súbditos. Privilegios, humillaciones. Justicia renga. Muda. Tuerta. Victimarios, víctimas. Desmesura de ego, baja estima. A veces se autohostiga. Verduga de sí misma. La mirada que acosa es cobardía que amordaza la libertad. También la vida.

Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona. Apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos. El acoso ha existido siempre. Tal vez porque se halla en la naturaleza humana. En los últimos lustros han tomado mayor estado público manifestaciones de hostigamiento sexista y escolar, no porque antes no existieran, sino porque se ha ido perdiendo el miedo a denunciar, pero hay muchos rostros de este tipo de violencia. Esta intimidación puede llegar a generar problemas psicológicos en la víctima si esta no puede enfrentar al acosador. Esta persecución no solo es propia del hombre hacia sus pares o la mujer. Hace pocos días, una mujer estadounidense terminó presa por amenazar y acosar a un hombre que conoció por internet y de quien dijo estar enamorada. Le envió más de 65.000 mensajes. ¿Por qué se produce el acoso? ¿Está en la naturaleza humana? ¿Falla la educación? ¿La sociedad? ¿Un problema que se subestima? ¿Cómo enfrentarlo? ¿Tiene solución?

Ego y ceguera

Eugenia Flores de Molinillo

Escritora-Docente

El acoso -en mi modesta, nada profesionalizada opinión- deriva de dos trastornos de la personalidad: sobrevaloración del ego y fatal ceguera para asumir el lugar del otro. Hubo un joven que acosaba (afortunadamente, sin violencia) a una chica y no comprendía que ella lo rechazara: “Sabe lo que valgo”, repetía. El esquema es aplicable en casi todos los casos: mi figura es más esbelta que la tuya, el color de mi piel más lindo, mi sangre más azul, mi sexo más correcto. Y surge el mandato de la naturaleza: la supervivencia del más fuerte, que requiere educación y ética.

El toro por las astas

Carlos Valdez Toledo

Músico

Sabemos que el acoso existe de siempre, que ahora sale a la luz porque la gente se anima a denunciarlo. En mi opinión, viene de la mano de la obsesión, del poder y se ha visto ligado a lo sexual, pero no solo se manifiesta así, sino en todos los actos de la vida. Hay quien acosa para molestar, para convencer, para satisfacción de su ego, para marcar diferencias. Es muy compleja la idea de dar una solución, pero estoy convencido de que se ha subestimado el problema en sí, por eso ha permanecido por tanto tiempo, se ha ido transformando y mutando de acuerdo con la época. Me resulta muy difícil sugerir una solución, ya que se requiere de panelistas multidisciplinarios para encarar un plan para empezar los cambios en la sociedad. Porque el problema está en la sociedad, en cómo piensa, en como siente, en como alcanza sus objetivos, en las presiones que se reciben a diario, es la sociedad la que debe cambiar. ¿Existe algún lugar en el mundo donde no esté presente el acoso? Creo que en algún momento, todos hemos producido acoso por alguna razón, deberíamos empezar a analizar por ahí. Es un tema muy complejo, mucho más de lo que llegamos a imaginar, se debe tomar el “toro por las astas”.

¡Que suspendan esa guerra!

Honoria Zelaya de Nader

Doctora en Letras-Escritora

Alberto Manguel en “Una historia natural de la curiosidad” afirma que entre las primeras frases que aprendemos de niños es “¿por qué?” Incesantemente repetida para tratar de entender cómo funcionan las relaciones humanas. Para comprenderlo, pregunta. Pero a veces tales interrogantes nos complican. ¿Sabemos qué contestarles si nos inquieren sobre por qué un compañero persigue, humilla, se burla de otro? ¿Acaso no es el ámbito escolar uno de los lugares en los que más ha crecido el acoso? ¿Es que la paz agoniza en el mundo poético de la infancia? Nosotros, como sociedad, familia, docentes, comunicadores ¿nos hemos preguntado sobre los porqué de tan triste realidad? El impulso de acosar, someter, humillar a los otros reside en la ausencia de amor en las relaciones parentales y sociales. Deserción que engendra inimaginables heridas psíquicas dando paso al avance de la crueldad. Recordamos que el bullying, generalmente ocurre en lugares donde no hay adultos supervisando. La constitución de un sujeto se nutre con la ternura prodigada por lazos tiernos que producen empatía con el Otro. El doctor Juan B. Terán solía decir: “la sociedad paga con la misma moneda que recibió en su infancia”. Pues bien. ¿Y qué tal si les devolvemos a nuestros niños el Mambrú se fue a la guerra, la canción tradicional que cuando pequeños entonábamos jugando a la rayuela, la que simbólicamente espejaba el horror de lo bélico? ¿O por qué no cantar con nuestros niños la “Canción del Estornudo” de María Elena Walsh? ¡Que suspendan esa guerra!”/ ordenaba el rey Pepín/. Y la Reina interrumpía:/ Atchís/. Se pusieron muy contentos/ los soldados de Mambrú/, y también los enemigos. / Atchús/ A encontrarse con su esposa/ don Mambrú volvió a París. ¿Lo intentamos?

Todos somos uno

Anselmo Lago

Músico-docente

Desde el tiempo sin comienzo venimos sufriendo el acoso. El Poder sobre el otro, es la raíz de nuestros males, es esa creencia distorsionada, que se transmite en forma vertical desde la antigüedad, donde el Rey lo podía todo y sus súbditos lo imitaban al pie de la letra. Esto fue lo que llegó hasta nuestros tiempos, donde el respeto por el otro no tiene ningún valor. Esta condición instalada del acoso en la experiencia humana se observa en todos los ámbitos, desde lo político, con leyes que se aprueban en contra del pueblo, desde los medios de comunicación, con publicidades llenas de mentiras en los productos farmacéuticos y de uso general, desde la información con noticias que son en realidad engaños turbios que invaden y perturban a todos los ciudadanos, generando más odio y desesperación en la sociedad. Y sobre todo en lo sexual, el hecho que más hostiga y afecta, siendo que ahora puede exponerse públicamente al agresor, pero eso no es una solución suficiente frente al daño que se padece. Para que algo tan delicado como el acoso cambie su tendencia tendríamos que tener una conciencia sobre las leyes que rigen en el universo y naturalmente entraríamos en la armonía del cosmos donde todos somos uno.

Pensamiento perseguidor

Patricia Hart

Actriz, investigadora

El pensamiento se coló imperceptible en algún área del cerebro, se acomodó en las circunvoluciones, más específicamente en las hondonadas, quedó apoltronado y disimulando su presencia. Con imperceptibles movimientos desequilibró a las neuronas más cercanas que no pudieron rechazar sus estímulos o vaya uno a saber si no fueron seducidas con sonrisas y promesas por lo que muy solícitas le prestaron sus dendritas receptoras. Estas, ya gordas y piponas no tardaron en prolongarse construyendo redes neurales específicamente para ese único mensaje/ el mismo mensaje/ el repetido mensaje. Desde las bases más profundas el pensamiento acosador dirigía la gesta, inhibía y desarticulaba cualquier red que se opusiera simultáneo al fortalecimiento de todas aquellas que adherían a su unívoco mensaje electroquímico. Conquistó en breve tiempo el tálamo, la amígdala cerebral, el Área de Brocca y llegó triunfal a apropiarse de toda la corteza cerebral. El hombre, tomado, acosado por ese único pensamiento ya no pudo discernir, menos dormir sin sobresaltos. Y cuando estaba despierto su único objetivo consistía en inocular en los cerebros de otros hombres ese pensamiento único acosador, disimulando sus intenciones y simulando seductoras estrategias. Son hombres y mujeres zombis/ automáticos/ hieráticos/ discapacitados/ disfuncionales/ sesgados/ oblicuos. Otros hombres, alertados/ atentos/ perceptivos/ descubrieron las prácticas para hacer visible el pensamiento acosador y mantener la inmunidad al virus. Son hombres y mujeres que se completan en la diversidad de pensamientos/ de abrazos/ de lenguajes/ de colores/ de formas/ de culturas/ de solidaridad plena.

Hechos aberrantes

Rodolfo Martín Campero

Médico-Escritor

Fenómeno complejo en la historia del dominio, el acoso y las distintas formas de abuso expresan hechos aberrantes. En la leyenda babilónica, hace 4.500 años, Gilgamesh, héroe, rey y dios cruel y lujurioso, aterrorizaba a las vírgenes al forzarlas a consumar el acto sexual con él antes que con su marido. “La Casa de Uruk se reserva... para el himeneo… (de) Gilgamesh… a fin de que con legítimas mujeres se ayunte. Él es el primero, el marido viene después”. Nacía así el mito de “La pernada”. Desde entonces hasta hoy, actos, palabras, agrios piropos, gestos extremos y sistemáticos ejercidos hasta con furia irracional siguen vulnerando la dignidad de las personas. El término “acoso” bautiza un delito. Es universal, no es privativo del varón y debe desterrarse. Invocando un desequilibrio del poder real o percibido el hostigador coacciona a la víctima al punto que esta crea merecer tal abuso y violencia. Solo o en grupo, mediando bullying, mobbing, acorralamiento sexual, racial o cibernético produce miedo, desprecio, intimidación, humillación, viola derechos fundamentales y anima a prometer bondades, a cambio de favores sexuales o de cualquier índole. Con tintes de extorsión, se suele acosar a ciudadanos para un beneficio político, valiéndose de la ignorancia, la necesidad o de un atropellado clima social. Como conductas humillantes y pluriofensivas, todos los escarnios sexuales hablan de discriminación y de la despreciable estima del abusador. “Gilgamesh le dijo al cazador: Ve, cazador mío; lleva contigo una ramera. Cuando abreven los animales en la aguada se quitará el vestido, mostrando desnuda su madurez. ¡Ahí estás, oh moza! … ¡desnuda tu seno para que posea tu sazón! ¡No seas esquiva! ¡Desecha tu vestido para que yazga sobre ti! ¡Muestra al salvaje la labor de una mujer!”

Comentarios