Todas las caras del rey Midas de la TV

El valiente, el déspota, el generoso, el sobreviviente, el adelantado

04 Mar 2018
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UNA SERIE CAPAZ DE ATRAVESAR UN SIGLO. Rolando Rivas, taxista, fue la ficción más exitosa de la televisión argentina, y sobrevivió la crítica de la izquierda y la censura de la última dictadura.

BIOGRAFÍA

Migré

LILIANA VIOLA

(Sudamericana - Buenos Aires) 

El Rey Midas gobernó la región de Frigia, hoy gran parte de Turquía, durante más de 40 años en el siglo VIII antes de Cristo. La historia cuenta que su gobierno fue esplendoroso. El mito dice algo parecido: dice que todo lo que tocaba lo convertía en oro. Incluso los alimentos que quería comer. Una maldición. A Alberto Migré, el autor de las telenovelas que vio el país durante los años 70 y 80, lo llamaban Rey Midas. Los actores que elegía se convertían en estrellas. Pero es poco lo que se sabe de su otra parte, la maldita.

La periodista y escritora Liliana Viola publicó Migré para terminar con el misterio, ajustar los engranajes de ese pasado y saldar lo que ahora, libro en mano, solía tener gusto a deuda. Porque la Argentina también se entiende en las historias que actuaban Soledad Silveyra, Arnaldo André, Nora Cárpena y Claudio García Satur.

Viola no escatima. Recursos, testimonios, versiones, novelas. Describe escenas, diálogos, peleas y venganzas. Las casi 400 hojas se leen como se lo debe ver a él: con ganas, algo de nostalgia y esa ansiedad bien de los tiempos en que no existían ni el cable ni Netflix, en que para conocer el destino de los protagonistas no había más que aguantar.

Los distintos Migré

Viola presenta a todos los Migré que fue Migré. Al niño Felipe Alberto Milletari Miagro, que siempre vivió con mamá y papá. Al estudiante cuyo talento provocó la desconfianza de maestros. Al joven autor y actor de sus propios radioteatros. Al valiente que se animó a la televisión. Al déspota que era capaz de matar a un personaje porque estaba enojado con el actor. Al amigo generoso. Al hombre que dijo tanto del corazón de los demás pero que jamás habló del suyo. Al talento censurado por una dictadura que no admitía homosexuales. A la persona que se convirtió en palabra. Al sobreviviente. Al adelantado. “Piel naranja es su propuesta más extrema, por el modo en que se producen las muertes y por el momento histórico en que plantea una masacre de protagonistas”.

Leer su libro es leer historia y teatro y novela y biografía y crónica. Pero es también prender la computadora para ver Rolando Rivas, taxista, la telenovela que paralizó al país. Con la osadía de quien no hace caso a los prejuicios, Viola escribe la vida del Maestro del Amor para mirar desde otro lugar. Cursi y todo, Migré habló de Evita, de Perón, de los militares y de sus desastres. Su vida, sus historias y el libro es la Argentina que comenzó en los 70, cuando fumar un cigarrillo en cámara era parte del encanto. Y muchas cosas más.

© LA GACETA

Dolores Caviglia


El autor del amor *

Lo llamaban “El Señor Éxito”, “El padre de la lágrima”, “El Autor del Amor”. Todos los años le inventaban títulos de esa nobleza dudosa que rigió las emociones domésticas de las tardes durante el siglo XX. A comienzos de los 70 llegó a “Rey Midas de la Televisión” porque lo que tocaba se volvía pico de rating. De un actor de reparto hizo un galán. De dos, la pareja del año. De Chopin, un hit para tararear pensando en alguien. Cuando sus personajes leyeron en voz alta poemas de Pablo Neruda, fragmentos de El Principito o los versos de una completa desconocida llamada Julia Prilutzky Farny, las librerías agotaron ejemplares en menos de una semana y las editoriales salvaron la liquidación de un año entero. Instaló un latiguillo para fanfarronear en familia —“mamita sabe”— e impuso una palabra guaraní en el vocabulario argentino del flirteo: en 1975, el año de Piel naranja, los amantes se declaraban o jugaban a declararse, diciéndose Rojaijú.

Ya era una figura sagrada del star system local cuando produjo el milagro que sigue sin explicación: de un argumento elemental —rubia, rica y caprichosa se enamora de muchacho simple pero laburante— sacó una de las pocas criaturas nacidas en la tele capaces de atravesar un siglo. Rolando Rivas. ¡Taxista!, la ficción más exitosa de la televisión local, sobrevivió a la crítica de izquierda que la condenó por mersa y falseadora de conciencias, y a la censura de la derecha, que en 1979, cinco años después de la emisión original, volvió sobre ella para mutilarle secuencias que le seguían molestando a la Junta Militar en el poder.

* Fragmento de Migré.

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