“Nos produce pérdida de bienestar y esto no es saludable”

21 Ene 2018

Los ganadores del Nobel de Medicina en 2004 investigaron sobre el modo en que el cerebro percibe los olores presentes en el aire. Hoy ya se sabe que reconocemos hasta 10.000 diferentes y que nuestro ambiente está cargado de partículas –moléculas que pueden ser olidas- presentes en la naturaleza o generadas por el hombre. En suma, el estudio del olfato es un gran paso para comprender el modo en que nos vinculamos con el mundo y con las personas, sostiene Mateo Martínez, especialista en Medicina del Trabajo y en Salud Pública, titular de la cátedra Práctica Final Obligatoria y ex decano de la Facultad de Medicina (UNT). Entrevistado por LA GACETA explica qué son los olores y cómo pueden afectarnos.

- ¿Qué es un olor y cómo es el poceso de ingreso en nuestro cuerpo?

- El olor es una impresión en nuestras fosas nasales resultante del ingreso de partículas en ellas. Por ejemplo, la vista y el oído son para nosotros sentidos fundamentales para vincularnos con el mundo. Pero el olfato está un poco olvidado, aunque sea esencial para la alimentación y la supervivencia de los animales. Quizás por ese concepto de que es una “herramienta sensitiva de segunda” nos resulta difícil describir olores y no contamos con suficientes palabras para designar tonos y tintes. Sin embargo, los olores, más allá de sus efectos placenteros o desagradables, están íntimamente ligados a la evocación, a la memoria, y son capaces de influir en la conducta humana.

- ¿Qué nos produce en el cuerpo el mal olor recurrente en el ambiente de las ciudades donde vivimos?

- El mal olor recurrente en un espacio urbano provoca en la gente una pérdida de la sensación de bienestar y esto no es saludable, tomando en cuenta que salud es un estado de bienestar y no sólo es la ausencia de enfermedad. Más allá de ello, me parece importante señalar que ese olor revela la existencia de sustancias que lo emanan, las cuales sí pueden alterar la salud humana de manera mucho más importante que la sola pérdida del bienestar personal y social. Por ejemplo, un microbasural o los líquidos cloacales a cielo abierto, sí impactan en salud humana; y sus olores nos están alertando.

- Sabiendo que el olor proviene de los residuos de nuestra principal industria, ¿podríamos tener efectos en nuestra salud a mediano o largo plazo?

- Por estos días el nivel de actividad industrial es más bajo y, hasta donde conozco, no se puede vincular la vinaza con alguna enfermedad concreta. Pero sin dudas constituye un interesante campo de investigación estudiar las características de esa presencia en el aire tucumano, su potencial carga contaminante y el impacto que implicaría, tanto en salud ambiental como en la humana, el olor de la vinaza.

- ¿Conoce estudios o trabajos de pasantías rurales en esas zonas más cercanas a las industrias?

- En rigor, el olor es un atributo propio de nuestra subjetividad e investigarlo como tal requeriría complejas técnicas cualitativas. Sí sé de estudios que apuntaron a medir partículas en suspenso y gases –pueden ser percibidos como olores- en el aire tucumano. En nuestro caso, desde la coordinación de pasantías, participamos en Monteros de un estudio sobre la relación entre calidad del aire y síntomas respiratorios y oculares, coordinado por Héctor Altieri, neumonólogo del Centro de Salud, en el que participó también personal de Epidemiología del Siprosa. Hace ya varios años hicimos algo parecido, al comparar Lastenia con Yerba Buena, con la doctora Nora Vázquez, neumonóloga también. En ambos casos vimos relación entre aire contaminado por la zafra y salud respiratoria. De todos modos, son decenas los pasantes rurales que hicieron estudios sobre problemas medioambientales, cuyos resultados podrían ser utilizados para mejorar algunos de estos aspectos; quizás debiéramos hacer más desde la universidad.

- ¿Hay cuidados que deberíamos tener cuando esos olores “cubren” la ciudad?

- Respecto de nuestras pequeñas crisis ambientales antropogénicas esporádicas, esperar que pasen mientras se las estudia más a fondo. Sé que hay algunos avances -más control de efluentes industriales-, pero siempre se puede hacer un poco más. Respecto de la calidad habitual del aire, y esperando combatir aquellos contaminantes más estables, hay consenso en los niveles técnicos del Ministerio de Salud de la Provincia respecto de montar dispositivos de monitoreo del aire que respiramos. Cuando se concrete, y aun cuando no mida olores sino partículas y gases, sin dudas será una bendición para una provincia sobrepoblada y con intensa actividad productiva como Tucumán. Nosotros, como ciudadanos, no hay mucho que podamos hacer en forma directa, excepto aportar ideas. Mientras, con William Shakespeare recordamos que: “una rosa, con otro nombre, tendría el mismo aroma”. Aroma no es olor, sin dudas.

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