No hay dudas: es el mejor

24 Dic 2017 Por Ezequiel Fernández Moores
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¿ENEMIGOS? Ronaldo le extiende la mano a Messi que aparece en el suelo. El rosarino volvió a brillar en el clásico español.

El lado luminoso, claro, lo vimos ayer en el Santiago Bernabéu. Real Madrid y Barcelona juegan desde hace años el mejor clásico del fútbol. No sólo por Leo Messi y Cristiano Ronaldo (cada uno con sus cinco Balones de Oro pero, como se ratificó una vez más ayer, sin discusión sobre quién es el mejor). Por sus planteles que cotizan en 1.000 millones de euros. Por la historia, social, política y económica. Porque hubo un tiempo de “galácticos” vs La Masía graficado en “la cartera vs la cantera”. Y porque hubo otro en el que Pep Guardiola y José Mourinho (hoy mudados a Manchester) simbolizaban como pocos dos modos diferentes de interpretar el fútbol. Todo eso cuenta, claro. Pero lo que más vale de “El Clásico”, como le dicen en España, es que desde hace tiempo que, cada vez que juegan, en el Bernabéu o en el Camp Nou, Real Madrid y Barcelona no defraudan. Las largas previas de prensa de los clásicos responden a veces a una pauta comercial que luego, a la hora del partido, no se justifica. La previa de cualquier Madrid-Barca, en cambio, siempre se justifica plenamente. El 3-0 de Barca de ayer que sentenció media Liga fue una nueva demostración.

El lado menos luminoso, en cambio, sucede, como siempre, en los despachos y, si no fuera España, hasta aceptaríamos los rumores de que, si la crisis dirigencial no se soluciona, “La Roja” podría quedarse afuera del Mundial de Rusia. El viernes, horas antes del partido, el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) de España ratificó la sanción contra Ángel Villar, el Grondona del fútbol español. El TAD confirmó además el llamado a nuevas elecciones en la Federación de ese país (RFEF). El problema es que el TAD, igual que el Consejo Superior de Deportes (CSD, algo así como la Secretaría de Deportes en España), también es un organismo que depende del Estado. Podrán decir que es “independiente”. Pero ya estamos grandecitos para saber que esa “independencia” es más que relativa. Más grandecita está la FIFA, que ya avisó su preocupación porque entiende que Villar está siendo echado por el poder político y no por la propia Federación. Si fuera Perú (que semanas atrás cambió rápidamente una ley polémica tras las primeras amenazas de desafiliación) diríamos que podría ser dejada sin Mundial. Pero es España...

La FIFA de Gianni Infantino, además, tiene ya muchos problemas con Rusia, el anfitrión que es acusado de practicar “doping de Estado”. El Comité Olímpico Internacional (COI) echó a Rusia de los Juegos de Invierno de febrero en Corea del Sur y echó de por vida del movimiento olímpico a Vitaly Mutko, hombre superpoderoso del deporte ruso. Tan poderoso que fue también el rostro ruso en el último sorteo de grupos del Mundial. El líder ruso Vladimir Putin, que tendrá elecciones en marzo, archivó sus denuncias de que Rusia está siendo víctima de la “Guerra Fría”. Acató las sanciones olímpicas y ahora está decidiendo si saca a Mutko del Mundial. Habrá que ver si alcanza para frenar la ofensiva contra Rusia. Y para aliviar a una FIFA que, aún cuando crezcan esas presiones, no tiene la más mínima intención de cambiar la sede a sólo seis meses del Mundial.

La FIFA cierra 2017 con el dictamen de “culpable”. Un jurado de Brooklyn condenó el viernes a José María Marín y a Angel Napout, ex presidentes de la Confederación Brasileña y de la propia Conmebol y aplazó para este martes la decisión sobre Manuel Burga, ex de la Federación peruana. Es parte del llamado FIFAgate que provocó en su momento las caídas de Sepp Blatter y de quien iba a ser su sucesor en la FIFA, Michel Platini, pero que puso tras las rejas especialmente al fútbol de América Latina. ¿Acaso la TV argentina no habría trasmitido en directo el viernes desde Brooklyn si Julio Grondona hubiese estado vivo y hubiese caído arrestado en 2015 en Zurich y condenado él también el viernes en Estados Unidos?

Una organización criminal

La jueza Pamela Chen envió a Napout y a Marín directo a la cárcel, sin atender el reclamo de que el brasileño, que se alojaba en la Trump Tower, tiene 85 años y cero chance de escaparse de Estados Unidos. “La FIFA -dicen eufóricos muchos especialistas, aunque el juicio fue sobre la Conmebol- fue considerada por fin como lo que todos sabemos que siempre fue: una organización criminal”.

En la FIFA, en la Conmebol y en la Concacaf, y en otras Confederaciones y Federaciones del fútbol, hubo esquemas de corrupción organizada, como lo hay en buena parte del mundo de los negocios, que toman como natural el cobro de coimas (“comisiones”) en muchos contratos. Y no deja de significar un dato de justicia tardía pero justicia al fin el hecho de que Marín esté preso, después de haber sido señalado en su país como cómplice de una dictadura militar que mató a miles de ciudadanos. Y especialmente a uno (el periodista Vladimir Herzog) en cuyo asesinato Marín tuvo buena parte de responsabilidad.

Pero me sigo resistiendo al calificativo de “organización criminal” utilizado por la justicia de Estados Unidos que permitió un recurso legal para iniciar investigaciones como si la FIFA fuera el Cartel de Medellín y luego dictar condenas impensables en cualquier otro lugar del mundo. Si Marín y Napout fueran condenados por el máximo de la pena sumarían 120 años de prisión entre ambos. Como si fueran Pablo Escobar.

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