El año del relevo de Raúl Castro en la presidencia de Cuba

24 Dic 2017
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DÍAZ-CANEL. Es a quien más se menciona para suceder a Castro. Reuters

El final del segundo mandato de Raúl Castro como presidente de Cuba en abril de 2018 deparará a la isla una situación hasta ahora inédita: por primera vez desde el triunfo de la Revolución en 1959 no habrá un Castro a la cabeza del Gobierno. Los Castro marcaron la política de Cuba durante décadas. Hasta 2006 estuvo en el poder Fidel y posteriormente su hermano, Raúl. Pero la idea de otra posible sucesión dentro de la familia Castro ha sido descartada públicamente por los propios implicados. “Nunca voy a dejar que me postulen para una tarea tan grande como esa”, dijo en mayo pasado Mariela Castro, hija del presidente cubano y que tiene una gran proyección pública por su defensa de los derechos de la comunidad homosexual.

“Te vas orientando por un lado y de repente miras para acá y dices: qué interesante es esta persona, no me había fijado antes. Así que ya veremos”, dijo Mariela Castro, generando la duda sobre quién podría ser el próximo presidente cubano. Por ahora no ha sido postulado oficialmente ningún candidato para el relevo, pero todas las miradas están puestas en Miguel Díaz-Canel, quien es el actual primer vicepresidente.

En 2013, el propio Raúl Castro ascendió a Díaz-Canel en el escalafón hasta convertirlo en el segundo al mando en el Ejecutivo nacional. Pero Díaz-Canel no es una propuesta improvisada. A sus 57 años ha pasado por todos los escalones de la Administración y el Partido Comunista de Cuba (PCC). En la década de los noventa dirigió la organización comunista en dos provincias importantes como Villa Clara y Holguín, donde adquirió fama de tolerante y de ser una persona cercana.

Después, en 2009, fue designado como Ministro de Educación Superior, cargo en el que ganó experiencia en la gestión de la administración pública. Al frente de las universidades cubanas aplicó recortes en las carreras de humanidades y potenció las técnicas, para adaptar la academia a las necesidades laborales del país.

Ya en La Habana pasaría después a vicepresidente del Gobierno cubano, al frente de las áreas de educación, ciencia, cultura y deporte. Posteriormente, en 2013, ascendió a vicepresidente primero del Ejecutivo nacional.

Aunque todas las miradas se dirigen a él, Díaz-Canel no demuestra en público euforia en ningún momento y se mantiene cauto esperando que lleguen las votaciones a la Asamblea Nacional. “Habrá presidentes siempre defendiendo la Revolución y serán compañeros que saldrán del pueblo”, afirmó Díaz-Canel a los medios que le preguntaron si sería el próximo presidente cubano, tras votar el pasado noviembre en las elecciones municipales.

A las preguntas de la prensa extranjera, Díaz-Canel elude pronunciarse sobre la posibilidad de que sea el próximo máximo dirigente de Cuba y remarca siempre como respuesta que la sucesión presidencial no significará una ruptura en el sistema cubano. “Yo no concibo las rupturas en nuestro país, creo que ante todo tiene que haber continuidad”, dijo Díaz-Canel.

El sucesor de Raúl Castro se enfrentará a un país con dificultades económicas. En 2017, el PIB de Cuba apenas creció un 1,6% después de vivir en 2016 la primera recesión en los últimos 20 años. En medio de esta coyuntura, el país necesita más de 2.000 millones de dólares anuales de inversión extranjera para que la economía crezca. Y todo ello en un momento en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, destaca por su duro discurso anticastrista.

La llegada del republicano a la Casa Blanca ha significado un parón en la política de deshielo que impulsó su antecesor, Barack Obama.

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