La historia de la tejedora tucumana que ganó el Concurso Regional de Artesanías del Noroeste

Mercedes Cardozo crea piezas artesanales en su telar de patio en Niogasta. Por su trabajo ganó un premio regional. Un saber que se aprende de mano en mano.

 -La GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.- -La GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.-
Por Florencia Bringas 31 Octubre 2017

A las tres frazadas que vestían las camas y que perdió durante una inundación que la obligó a mudarse de Sud de Lazarte a Niogasta no las recuperó más. Y una manta puede llevarle unos tres meses de labor. “Por suerte estoy con mucho trabajo, por eso todavía no volví a hacerlas. Es largo el tiempo que necesito para elaborarlas”, cuenta Mercedes Cardozo, de 72 años. Su historia está tejida entre el agua que se lo lleva todo (o lo poco que tiene) y las lanas teñidas con corteza de molle con las que crea desde alfombras y tapices hasta sobrepelos. Luego los vende y así mantiene a su familia. Gracias a su delicada técnica, que aprendió de una tía y que se remonta hasta doña Paula Albarracín (madre de Domingo Faustino Sarmiento), Mercedes obtuvo un premio en el Primer Concurso Regional de Artesanías del NOA.

“Por su calidad técnica de composición, por tratarse de una técnica en extinción y por ser representativa de la región” (justificación del jurado).

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Un pequeñísima mujer, de no más de 1,50 metro, sale a recibir a los visitantes que son perseguidos por una jauría hambrienta, o nerviosa quizás. Al principio no hay palabras, porque “Mecha”, como la llaman en el pueblo, comienza a trabajar en el telar del patio, sobre tierra apisonada y bajo unas chapas que hacen de refugio para ese artefacto rudimentario de troncos, maderitas y cientos de hilos (¿o será uno solo?). Alrededor todo está calmo, se escuchan las gallinas, mientras la lana color natural va y viene, se cruza, se tensa y termina juntándose gracias a un peine de dientes de caña hueca que desliza Mercedes para formar lo que más adelante será un tapiz.

Después, cuando ya ha demostrado lo que sabe hacer, cuenta que nació en Ojo de Agua, que su padre le pidió a su tía que le enseñara a tejer a ella, a la “Mecha”, que tenía 17 años y que ya había terminado el secundario. Después, por la crecida de un río, relata que tuvieron que migrar a Sud de Lazarte. En esa época ya estaba casada, pero nunca tuvo hijos y terminó adoptando a su sobrina, Rosa Cardozo, que había sido abandonada por su madre. Por la misma razón -las inundaciones- tuvieron que irse en 2015 a vivir a Niogasta (Simoca). En Sud de Lazarte quedaron su casa prefabricada y casi nueva, sus frazadas tejidas y mucha lana. Enviudó hace siete años y hoy vive con su sobrina y el esposo de ella, más dos sobrinos nietos, Agustina (2) y Benjamín (4), que juegan a su alrededor, tocan la lana y el telar: “al tenerlos cerca, de a poco aprenden. Benjamín seguro será artesano, ya teje”.

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Nunca habla de pobreza, sino de trabajo. “Tejo para vivir pero también porque me gusta. Por un lado me dicen que deje de hacerlo, que ya tengo la jubilación, que debería descansar. Pero no me imagino mi vida lejos del telar, creo que estaría aburrida en la casa. Por otra parte, mis clientes me animan, me dicen que siga tejiendo para que esta técnica no se pierda”, comenta Mercedes, que ha recibido elogios y hasta invitaciones de otros países. Hace dos semanas una chilena la animó a visitarla para que le enseñe a hilar. Entonces, un viaje en avión la espera, a ella que únicamente conoce Tucumán y Buenos Aires (fue por siete meses a cuidar sobrinos y mientras tanto trabajó en una fábrica de huevos de chocolate). También partirá en abril a Jujuy, para mostrarles a todos lo que hace y conocer a otras artesanas.

En su patio también tiñe la lana de oveja con la corteza de molle, mistol, árbol blanco y tusca, ejemplares que rodean la casa. El color tostado se logra hirviendo la madera en una olla con agua durante largo rato; luego agrega la lana y un puñado de sal. Después apaga el fuego y deja la lana con esa tintura natural toda la noche. Al otro día la enjuaga y la seca al sol. “Esa tintura no se irá con nada”, afirma. Y para esos clientes a los que les gustan las piezas “colorinche” utiliza anilina artificial.

Todo lo que teje en su patio de Niogasta (menos lo que le piden por encargo) lo vende los sábados en la feria de Simoca o en San Miguel de Tucumán (en una sala del Ente Cultural).

¿Cómo se hace para que no se pierda la técnica? Mercedes contesta que Rosa ya sabe tejer con bastidor, aunque todavía le falta dominar el telar, y que tiempo atrás ha salido a enseñar a los niños de varias escuelas. Sólo una joven de Monteagudo se ha convertido en artesana, confiesa. También revela que ya piensa que en algún momento dejará de existir y que por ello planifica enseñarle a alguien para que, mientras aprenda a tejer, vaya escribiendo los pasos, tomando nota, para que nada quede en el olvido.


Gran Premio Textil
El Primer Concurso Regional de Artesanías del Noroeste, impulsado por el Consejo Regional Norte Cultura, premió la calidad y la representatividad en artesanías de matriz cultural tradicional, en los rubros textil, cerámica y cestería. Y el gran premio regional en el rubro textil fue otorgado a Mercedes Cardozo, por una colcha tejida en simple faz con motivos en relieve a la espina. La composición fue trabajada en fondo negro con figuras y rapacejo multicolores. Los tres grandes premios regionales tienen carácter de adquisición y reconocen al autor de cada pieza con $ 17.000 más un  diploma.


> Gran Premio Textil

El Primer Concurso Regional de Artesanías del Noroeste, impulsado por el Consejo Regional Norte Cultura, premió la calidad y la representatividad en artesanías de matriz cultural tradicional, en los rubros textil, cerámica y cestería. Y el gran premio regional en el rubro textil fue otorgado a Mercedes Cardozo, por una colcha tejida en simple faz con motivos en relieve a la espina. La composición fue trabajada en fondo negro con figuras y rapacejo multicolores. Los tres grandes premios regionales tienen carácter de adquisición y reconocen al autor de cada pieza con $ 17.000 más un  diploma.

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