Ir al trabajo en bicicleta: por qué lo hacen, los que lo hacen

En Yerba Buena, algunos vecinos se animan a desafiar al tránsito torpe y enloquecido. Cuáles son los beneficios y las peripecias de esos ciclistas urbanos. Y su petición al gobierno municipal para que se fomente el uso de la bicicleta como medio de transporte. "No siempre la ciclovía es la mejor opción; a veces, basta con poner guardabicis".

15 Oct 2017
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FELIZ AMANECER. Cada mañana, Rosario Lobo va en bicicleta hasta el colegio en el que enseña. “Pedalear me despeja; me hace sentir bien”. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA.-

El aire helado de la mañana le da en la cara. La espabila; la empalidece; le humedece los ojos. Se siente lindo. Se siente a vida. Ella pedalea lento. Mueve una pierna. La espalda va erguida; en una pose cortesana. Mueve la otra pierna. Avanza, primero, por la calle de tierra en la que vive. Luego dobla por Rubén Darío. Y al cabo, entra a la avenida Aconquija. Entonces, a la vuelta de ese giro, el sol la ilumina de frente. Y así -iluminada- sigue durante unas cuadras. Hasta que baja de la bicicleta, apacigua el pelo que el viento le había alborotado y entra al colegio San Patricio, en la ciudad de Yerba Buena. Los días anteriores habían estado lloviendo a rabiar. Pero hoy, el cielo es turquesa y cada tanto lo cruzan unas nubes blancas. En consecuencia, ha podido hacer lo que le es habitual: ir al trabajo en bicicleta.

Rosario Lobo enseña en esa institución educativa. En un rato, otras maestras se acercarán a saludarla. Puede que le pregunten, como suele ocurrirle, si ha ido en bicicleta. Dirá que sí, y exclamarán: “¡qué hacés con esos tacos!”. Ella sonreirá, se encogerá de hombros y contestará: “y bueno... vine!”. La bicicleta es su medio de transporte. Ahí donde otros se suben al auto, ella pedalea. Pedalea para ir al trabajo. Pedalea para llevar a sus niños al jardín. Pedalea hasta el almacén. Pedalea a lo de sus amigas. “Todo lo que hago en Yerba Buena, lo hago en bicicleta”, resume.

Y las colegas no son las únicas que se asombran. Cuenta que, mientras anda, algunas personas se voltean a mirarla. “Les parece raro verme vestida con uniforme”, explica. Años atrás, Rosario dejó su Buenos Aires natal y se afincó en esta tierra norteña. Y esa mirada de foránea, que aún conserva, le permite hacer la siguiente comparación: “allá, usás la bicicleta para ir de un lugar a otro. En esta ciudad, en cambio, únicamente aparece asociada al deporte”.

- ¿Por qué te transportás en bicicleta?

- El tránsito de Yerba Buena es un caos -remarca esa ultima palabra-. Si saco el coche, demoro 20 minutos en hallar dónde estacionar. Prefiero descongestionar las calles. Además, pedalear me hace sentir bien; me despeja.

Otra razón que proporciona es que, con tantas actividades que requieren de su tiempo, le cuesta darle prioridad al ejercicio. Ante eso, una solución es matar dos pájaros de un tiro yendo a trabajar en bicicleta. Y si uno sigue preguntándoles a los ciclistas urbanos porqué hacen lo que hacen, descubre que todos tienen una idea sobre lo que es pedalear, en la que coinciden: la bicicleta les cambia la vida. Pedalear es libertad. Es escape. Es conectarse con ese ser que habita en nuestro cuerpo y que, a menudo, anda como un autómata. Sergio Salica -instructor de mountain bike y empleado en una empresa del centro yerbabuenense- se anima a montarse a la bicicleta con mocasines y camisa. Tarda cinco minutos en llegar a la oficina. Se evita los atascos. Se quita el problema de estacionar. Y se gana al viento, pegándole en la cara. “Amo la bicicleta. Me encanta”, resume.

Una cuestión de salud

Es que, amén de la reducción en la congestión, ir a trabajar a fuerza de pedaleadas conlleva beneficios para la salud. Hace poco, en la revista “British Medical Journal” se divulgó un estudio realizado por investigadores del Instituto de Ciencias Médicas y Cardiovasculares de la Universidad de Glasgow, en Escocia. Durante cinco años, ellos se fijaron en unas 260.000 personas con una media de edad de 53 años.

Descubrieron que -en general- quienes se trasladaban en velocípedos tenían un 52 % menos de riesgo de morir de una enfermedad cardíaca y un 40% menos de posibilidad de morir de cáncer. “Este trabajo vino a confirmar las pruebas aportadas por estudios anteriores”, añade el cardiólogo tucumano Facundo Risso Patrón. Él piensa que animar al mayor número de trabajadores a que agarren la bicicleta tiene que volverse una prioridad para los gobiernos y para las empresas.

“El desplazamiento activo estimula el aparato cardiovascular, reduce el riesgo de enfermedades y mejora el humor”, enumera. Luego cuenta que ha pensado en elaborar un proyecto y alcanzárselo a algún concejal. En ese texto, además de los beneficios del ciclismo, escribirá sobre la importancia de que en las oficinas se instalen duchas y estacionamientos. “Me encantaría ir a trabajar en bicicleta. Pero no he conseguido, en toda Yerba Buena, un consultorio con duchas”, cuenta.

Dice José Blunda -psicólogo, consultor en Recursos Humanos y director de MasPersonas- que esto supone un cambio de paradigmas. Pero esa transformación no se ha instalado en las organizaciones tucumanas. “Es la fuerza laboral, más que sus líderes, la que promueve un equilibrio entre la vida personal y el trabajo”, evalúa. En algunas localidades de Europa, ir al trabajo en bicicleta resulta usual. El 43% de los holandeses y el 30% de los daneses pedalean a diario.

¿Cuándo doblamos?

Ernesto Marchetti -director de Planeamiento Urbano- sale de un aula de la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán, cuando le suena el teléfono. Entonces cuenta que -precisamente- hace un rato unos alumnos suyos le relataron un episodio que les ocurrió en un bar de la avenida Aconquija, al que habían llegado en bicicleta: el mozo les pidió que las quitaran de la vereda.

Enseguida agrega que, meses atrás, participó de unas clases dictadas por el despacho del urbanista danés Jan Gehl, artífice de provocar una revolución en Copenhague alrededor del biciclo. ¿Qué cosas ha aprendido?, se le pregunta. Y lo primero que contesta es que se debe convencer a los gobernantes (como él) para que fomenten su empleo. Después se refiere a cuestiones prácticas: no se pueden poner bisicendas en las vías principales, pues resultan incompatibles con el transporte público. “En nuestra ciudad, deberíamos tomar ejes secundarios, como las calles Salas y Valdez o Boulevard 9 de Julio”, ejemplifica.

Rompiendo mitos

De eso se trata: de decisiones políticas, coincide Joaquín Vuoto -30 años, profesor de inglés y miembro de la organización Ciclovías Tucumán-. Antes de entrar a dar clases en una casa del country Marcos Paz -hasta donde ha llegado en su vehículo de dos ruedas- opina que Yerba Buena resulta ideal para promover el uso urbano de la bici, debido a que todo se encuentra relativamente cerca. No obstante, para que el ciclista tenga más beneficios que sinsabores, se deben llevar a cabo algunas adecuaciones. “No siempre la ciclovía es la mejor solución. Puede resultar invasiva. A veces, basta con poner guardabicis”, explica.

Santiago Aragón -51 años, editor de la guía de servicios El Asesor- es otro residente que se transporta pedaleando. “El gran problema de Yerba Buena es que no tiene lugares para estacionar la bicicleta”, añade, en consonancia con los dichos anteriores. Desde su punto de vista, si los vecinos se movieran en bicicletas, solucionarían -en gran medida- el problema del tráfico. De hecho, relata que unos canadienses, que lo visitaron hace un tiempo, le comentaron que les asombraba ver tantas camionetas, en vez de bicis.

Las últimas estadísticas de la Dirección de Tránsito municipal indican que, en promedio, los yerbabueneses poseen dos vehículos por vivienda. En fin, falta de infraestructura y miedo a los autos son algunas de las razones que les quitan las ganas a los residentes. La actriz Mónica Audi cuenta que acabó dejándose vencer por las peripecias que debía sortear. “Mi bici está empolvada. Cuando yo era chica, andaba por las calles. Ahora, no puedo dejar que mi hijo haga lo mismo. Los autos pasan matando”.

Pero a pesar de las apatías y de las personas que ven al ciclista como un bicho raro, merece la pena salir a pedalear. Lo vale no sólo por la importancia de la bicicleta como medio sostenible. Tampoco porque nos ayude a relajarnos. Ni siquiera la salud del ciclista es motivo suficiente. Más allá de esas razones, la principal podría ser otra: en un mundo ensimismado en la tecnología, la bicicleta nos empuja a recobrar la conciencia en nosotros mismos; nos devuelve al lugar que habitamos.

> Manual para ir seguro

1. La bicicleta tiene que estar en buen estado. Es imprescindible que los frenos respondan de inmediato. 
2. En la calle, es tu responsabilidad hacerte visible. Para ello, hay que tener luces para la noche y una buena campana.
4. Circulá manteniendo una trayectoria previsible. Mantené una distancia prudencial de los autos estacionados, para evitar los portazos. 
4. Prestá atención a los demás vehículos, prevé sus maniobras y señalá las que pretendas hacer vos. 
Asesoramiento: Joaquín Vuoto, Ciclovías Tucumán



1. La bicicleta tiene que estar en buen estado. Es imprescindible que los frenos respondan de inmediato. 

2. En la calle, es tu responsabilidad hacerte visible. Para ello, hay que tener luces para la noche y una buena campana.

3. Circulá manteniendo una trayectoria previsible. Mantené una distancia prudencial de los autos estacionados, para evitar los portazos. 

4. Prestá atención a los demás vehículos, prevé sus maniobras y señalá las que pretendas hacer vos. 

Asesoramiento: Joaquín Vuoto, Ciclovías Tucumán

> En la capital funciona el primer prestario

Esta semana, se inauguró el primer prestario de bicicletas en San Miguel de Tucumán, en el bar El Arbol de Galeano. Fernando Ríos -gestor cultural, empresario gastronómico y autor de este proyecto solidario- cuenta que abrieron con un pack de seis bicicletas, con sus respectivos cascos y cadenas. Se las prestarán a quien las necesita, previa firma de un compromiso de devolución, en el día. Más adelante, abrirán tres prestarios más, al menos, en diferentes puntos de esa ciudad. 

> La bicicleta, en precios

- Se puede conseguir una bicicleta de paseo desde $ 2.500, en sitios como Mercado Libre o en tiendas de electrodomésticos. En las bicicleterías tucumanas, arrancan desde $ 7.000 (gama intermedia).

- Una bicicleta modelo todo terreno va desde los $ 9.000, aproximadamente. José María Alvarez -de la bicicletería Leira- recomienda una mountain bike para transitar por Yerba Buena, incluso para uso urbano. “Son mejores, porque aquí tenemos cuestas y calles de tierra”, explica.

- La silla para bebé o niño, con cubrepié y cinturón de seguridad, cuesta  desde $ 450. Comprar un portapaquete puede costar unos $ 250.



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