“La peor corrupción es la que hay adentro de la Justicia”

El decano de la Universidad de Minas Gerais, Fernando Gonzaga Jayme, dijo que falta depuración en la judicatura. El académico brasileño se refirió a las causas del descrédito y la deslegitimación del Poder Judicial.

24 Sep 2017
1

VISITANTE BRASILEÑO. Gonzaga Jayme en la entrevista de este jueves. la gaceta / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

Fernando Gonzaga Jayme podría ser definido como un representante de la nueva generación de juristas brasileños. Con 48 años, conduce la Facultad de Derecho de la Universidad Federal de Minas Gerais (Belo Horizonte), una de las instituciones de educación superior más prestigiosas del país de Vinícius de Moraes. Por allí pasaron dos figuras contemporáneas con destinos contrastantes: la ex presidenta destituida Dilma Rousseff y el jurista Antônio Cançado Trindade, referencia del sistema internacional de los derechos humanos. “Cançado Trindade es el ‘Pelé’ del derecho”, define Gonzaga Jayme, quien aterrizó en Tucumán por un programa de intercambio de la Asociación de Universidades del Grupo de Montevideo y anticipa que aquí descubrió una realidad parecida a la suya. Y aunque Argentina aún busca a su Sergio Moro, el juez federal de Curitiba que desenrolla la trama de criminalidad política y económica conocida como “Lava Jato”, Gonzaga Jayme sostiene que Moro es un fenómeno excepcional en Brasil. “La peor corrupción es la que hay adentro de la Justicia”, dice.

Vestido con jean y camisa por fuera, el decano se explica falando en su lengua natal. A fines este mes concluirá su estadía de dos semanas en esta ciudad, donde desarrolló actividades en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán, y en otras instituciones de la provincia (ver “Agenda”). “Nuestras universidades públicas enfrentan una serie de problemas comunes, como la falta de recursos y de inversión del Estado. Desde el punto de vista jurídico, nos toca lidiar con la judicialización de los conflictos y la falta de estructura del Poder Judicial”, observa. Y asegura que tanto en Brasil como en Argentina faltan formas alternativas de resolución de las disputas. “Entre 2009 y 2015 allá logramos reformar la legislación procesal civil con la promesa de simplificar los procedimientos y reducir los tiempos de los juicios, pero, en la práctica, eso no aconteció”, acota.

-¿Las reformas de la Justicia no reformaron nada?

-Tal vez la situación haya empeorado un poco más porque las novedades precisan ser asimiladas y, mientras tanto, siguió aumentando la judicialización en Brasil. En 2009 teníamos 76 millones de causas y en 2015 había 102 millones: son números astronómicos, que asustan y demuestran el colapso del Poder Judicial. En nuestra Facultad abordamos esta cuestión con un trabajo sobre los métodos autocompositivos: mediación, conciliación y justicia restaurativa. Somos una gota en el océano, pero, aún así, buscamos el cambio de cultura que necesitamos. Brasil tiene uno de los sistemas judiciales mais caros do mundo: supone el 1,3 % del producto bruto interno. El 90% de esos fondos son destinados al pago de salarios, con un detalle: los jueces federales ganan alrededor de U$S 10.000 al mes, pero en los estados o provincias no se respeta ese techo, y hay jueces locales que ganan U$S 20.000 o U$S 30.000 mensuales. Debería haber una retribución homogénea en los diferentes niveles. Además, se crearon una serie de privilegios adicionales a la remuneración. Ahora bien, la morosidad de la Justicia brasileña es un factor de fuerte impacto en la estabilidad democrática y en la realización de los derechos. Tenemos una sociedad muy desigual y enormes demoras para acceder a respuestas judiciales, sobre todo en los casos de los más excluidos. Ello genera el descrédito y la deslegitimación del Poder Judicial. Por eso hay que buscar formas alternativas para resolver los problemas.

-Pero al menos tienen el “Lava Jato”, una investigación que aquí genera gran admiración...

-La actuación del juez Moro fue un paso muy importante porque lo asignaron exclusivamente a la pesquisa de las operaciones del “Lava Jato”. Esto le permitió avanzar rápido. Pero la persecusión efectiva de la corrupción en Brasil demanda todavía mucho más. La reforma política no sucedió y la estructura de poder mantiene el statu quo. Por ejemplo, y pese a la firmeza demostrada en el “Lava Jato”, la Justicia sigue siendo en general muy condescendiente respecto de la corrupción: espero que eso cambie, pero no tengo mucha confianza.

-¿Moro representa un esfuerzo solitario en esa lucha? ¿Es una isla en el Poder Judicial?

-Sí, con certeza. No se ve una actuación tan incisiva en los demás jueces.

-¿Ello confirma que investigar a los poderosos es, sobre todo, una cuestión de voluntad?

-Moro tuvo la suerte de poder concentrarse específicamente en el “Lava Jato”. Los otros magistrados acumulan competencias diferentes y una gran cantidad de procesos. Y también hay una cuestión fundamental, que es la corrupción dentro del propio Poder Judicial, que es la peor y la más difícil de atacar. Y no son pocos los casos de corrupción de jueces pero sí son poquísimas las condenas impuestas a los jueces corruptos.

-¿Será porque los vínculos y favores impiden a la Justicia mirarse hacia adentro?

-El corporativismo bloquea la posibilidad de investigar a un colega. Existe un pudor repugnante al respecto. Por eso solamente prosperan los casos extremos, por ejemplo, cuando la sociedad protesta y sale a la calle a exigir avances en las pesquisas que involucran a jueces y fiscales. Falta depuración interna en la Justicia y eso demuestra que no dispone de la independencia que debería tener.

-¿Qué valor le asigna a las manifestaciones populares que respaldaron a Moro?

-El fenómeno “Lava Jato” es irreversible porque llegó a identificar la red que envuelve y conecta a políticos y empresarios. Los acuerdos de colaboración premiada (“arrepentidos” en Argentina) ofrecieron pruebas y hechos que permitieron avanzar sin fisuras. Un empresario con el poder de Marcelo Odebrecht está preso: vivió como un rey y ahora sólo vive para salir cuanto antes de la cárcel. No soportan la presión y, por eso, hablan e implican a sus cómplices.

-También se ve un interés inusual en que la ciudadanía comprenda lo que está en juego detrás de maniobras complejas.

-Ciertos hechos causaron estupor. Una pequeña parte de los fondos que se incautaron al ex gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral (condenado a 45 años de prisión) eran suficientes para pagar los salarios de 150.000 servidores públicos que llevaban tiempo sin percibir sus sueldos. El “Lava Jato” tiene una magnitud descomunal como descomunal ha sido la agresión a la sociedad brasileña.

Comentarios