28 Abril 2004 Seguir en 
FALLUJAH.- Con un ataque de aviones y helicópteros, y de baterías de artillería pesada, las fuerzas estadounidenses lanzaron la mayor ofensiva de la posguerra contra la ciudad de Fallujah, bastión de la resistencia sunnita. Casi al mismo tiempo, aviones artillados C-130 atacaron varias posiciones de la milicia chiíta cerca de la ciudad sagrada de Nayaf, y según voceros del Pentágono destruyeron una batería antiaérea detectada en Kufa, a 10 kilómetros de Hayaf. Unos 60 insurgentes murieron sólo en el ataque contra la batería antiaérea. Un asistente del clérigo radical chiíta Moqtada al Sadr dijo que perdieron 19 combatientes. Los enfrentamientos fueron los más letales desde que al-Sadr y su milicia, el ejército Mehdi, comenzaron una revuelta contra las fuerzas de ocupación hace tres semanas.
Visita de la Cruz Roja
Ambos ataques se produjeron en momentos en que un equipo de la Cruz Roja Internacional realizaba una nueva visita de inspección al derrocado presidente iraquí Saddam Hussein, en vísperas de su cumpleaños número 67, en cumplimiento de normas internacionales vigentes para los prisioneros de guerra. La Cruz Roja Internacional visitó al ex líder iraquí para constatar su estado general. En Ginebra, el Comité Internacional de la Cruz Roja confirmó que Hussein -cuyo cumpleaños solía ser una fiesta nacional- aún estaba en Irak.
Después de una masacre
La ciudad de Fallujah, de 300.000 habitantes, se hallaba sitiada desde el pasado 5 de abril, luego de que una turba masacró a cuatro mercenarios estadounidenses que circulaban en un vehículo. Desde entonces, Fallujah se convirtió en escenario de cruentos enfrentamientos, que dejaron al menos 700 civiles y unos 70 soldados muertos. La frágil tregua pactada entre ambos bandos fue violada casi a diario en los últimos días, hasta que, finalmente, las tropas que lideran la coalición ocupante decidieron lanzar una ofensiva total contra la resistencia sunnita. Aviones y tanques de guerra atacaron varios blancos en el distrito de Golán, en el centro de la ciudad. Las explosiones -más de 10 por minuto, según testigos- estremecieron la tierra y los incendios iluminaron la noche. Mientras la ciudad era bombardeada, desde los altoparlantes de las mezquitas se llamaba a los musulmanes a orar, apuntó la cadena CNN. El pasado lunes, un soldado murió y otros nueve resultaron heridos por los rebeldes en la zona donde se centraron los bombardeos. (Reuter-Télam)
ANALISIS
Ajustes que desnudan una suma de errores
WASHINGTON.- Los ajustes de Estados Unidos a su política en Irak, entre ellos el ataque a Fallujah, demuestran lo que el presidente George W. Bush se ha negado a admitir: los errores cometidos que ahora ponen en peligro todo su plan en ese país. A dos meses del traspaso limitado del poder a los iraquíes, Washington está remodelando su estrategia mientras trata de frenar la creciente violencia. Después de desacreditar a las Naciones Unidas y de reafirmar que manejaría Irak a su manera, Bush le dio a la organización mundial la tarea de diseñar una solución política de posguerra, y lanzó elogios al embajador de la ONU, Lakhdar Brahimi -espera ansioso que presente un plan magistral-. Incluso piensa deshacerse de los políticos iraquíes que acompañan el proceso de posguerra, para formar un gobierno interino que tendrá la aprobación de la ONU y, por ende, más legitimidad. Párrafo aparte merece la decisión de reincorporar al escenario al desmantelado ejército de Saddam Hussein y al proscripto partido Baath, del derrocado presidente. Hace casi un año, Bush, vestido con uniforme verde oliva y con el casco debajo del brazo, anunciaba desde el portaaviones "Abraham Lincoln" que las grandes operaciones bélicas en Irak habían terminado, y que Estados Unidos y sus aliados habían conseguido la victoria. En una pancarta se leía: "Misión cumplida". Hoy, el Pentágono planea enviar refuerzos a Irak. (Reuter)
Carol Giácomo
Visita de la Cruz Roja
Ambos ataques se produjeron en momentos en que un equipo de la Cruz Roja Internacional realizaba una nueva visita de inspección al derrocado presidente iraquí Saddam Hussein, en vísperas de su cumpleaños número 67, en cumplimiento de normas internacionales vigentes para los prisioneros de guerra. La Cruz Roja Internacional visitó al ex líder iraquí para constatar su estado general. En Ginebra, el Comité Internacional de la Cruz Roja confirmó que Hussein -cuyo cumpleaños solía ser una fiesta nacional- aún estaba en Irak.
Después de una masacre
La ciudad de Fallujah, de 300.000 habitantes, se hallaba sitiada desde el pasado 5 de abril, luego de que una turba masacró a cuatro mercenarios estadounidenses que circulaban en un vehículo. Desde entonces, Fallujah se convirtió en escenario de cruentos enfrentamientos, que dejaron al menos 700 civiles y unos 70 soldados muertos. La frágil tregua pactada entre ambos bandos fue violada casi a diario en los últimos días, hasta que, finalmente, las tropas que lideran la coalición ocupante decidieron lanzar una ofensiva total contra la resistencia sunnita. Aviones y tanques de guerra atacaron varios blancos en el distrito de Golán, en el centro de la ciudad. Las explosiones -más de 10 por minuto, según testigos- estremecieron la tierra y los incendios iluminaron la noche. Mientras la ciudad era bombardeada, desde los altoparlantes de las mezquitas se llamaba a los musulmanes a orar, apuntó la cadena CNN. El pasado lunes, un soldado murió y otros nueve resultaron heridos por los rebeldes en la zona donde se centraron los bombardeos. (Reuter-Télam)
Ajustes que desnudan una suma de errores
WASHINGTON.- Los ajustes de Estados Unidos a su política en Irak, entre ellos el ataque a Fallujah, demuestran lo que el presidente George W. Bush se ha negado a admitir: los errores cometidos que ahora ponen en peligro todo su plan en ese país. A dos meses del traspaso limitado del poder a los iraquíes, Washington está remodelando su estrategia mientras trata de frenar la creciente violencia. Después de desacreditar a las Naciones Unidas y de reafirmar que manejaría Irak a su manera, Bush le dio a la organización mundial la tarea de diseñar una solución política de posguerra, y lanzó elogios al embajador de la ONU, Lakhdar Brahimi -espera ansioso que presente un plan magistral-. Incluso piensa deshacerse de los políticos iraquíes que acompañan el proceso de posguerra, para formar un gobierno interino que tendrá la aprobación de la ONU y, por ende, más legitimidad. Párrafo aparte merece la decisión de reincorporar al escenario al desmantelado ejército de Saddam Hussein y al proscripto partido Baath, del derrocado presidente. Hace casi un año, Bush, vestido con uniforme verde oliva y con el casco debajo del brazo, anunciaba desde el portaaviones "Abraham Lincoln" que las grandes operaciones bélicas en Irak habían terminado, y que Estados Unidos y sus aliados habían conseguido la victoria. En una pancarta se leía: "Misión cumplida". Hoy, el Pentágono planea enviar refuerzos a Irak. (Reuter)
Carol Giácomo







