25 Abril 2004 Seguir en 
En un primer momento, el pensamiento económico moderno puso claramente el acento en el intercambio, lo que condujo a centrar el análisis económico en el funcionamiento adecuado de los mercados. Sobre esta base se construyó, a lo largo de más de un siglo, el modelo económico que puede considerarse canónico, donde el sujeto de la economía es el hombre individualmente considerado, aislado de todo "estorbo" social que limite su campo de decisión autónoma.
De esta forma, es el individuo el que, dotado de una racionalidad de tipo instrumental y movido por su propio interés, se erige en la base misma sobre la que se asienta todo el edificio teórico de la economía moderna, cuyo única finalidad reconocida es la eficiencia productiva.
Con el llamado "compromiso keynesiano" que siguió a la crisis de 1930, se inicia una segunda etapa del pensamiento económico moderno, que se traduce en la instauración, en las sociedades económicamente más avanzadas, de una verdadera economía mixta, donde el mercado y el Estado compiten en su función básica de servir a los individuos.
Durante algunas décadas, los problemas económicos más acuciantes de las sociedades modernas parecían haber encontrado solución definitiva en este pensamiento económico renovado.
Pero este planteo no fue más que una ilusión. Las críticas a la globalización y las exigencias crecientes en favor de una mayor justicia en la distribución mundial de los frutos del crecimiento económico, permiten mostrar con claridad que el pensamiento económico, además del Estado y del funcionamiento de los mercados, necesita hoy incluir en su campo de análisis temáticas como la responsabilidad social, la solidaridad y las organizaciones de la sociedad civil. Este programa de investigación más amplio constituye una nueva etapa del pensamiento económico, actualmente en plena construcción como lo muestra el trabajo de varios de los más recientes premios Nobel de la economía.
El desafío
En la segunda mitad del siglo XX, muchos economistas pensaron que la tensión entre economía y sociedad podía superarse simplemente admitiendo que la economía constituye un saber de tipo axiomático, donde el tratamiento de temas complejos relacionados con la sociedad civil podía dejarse de lado sin demasiado costo para la ciencia de la economía. Pero cuando lo que se persigue es la suma de las condiciones sociales, esenciales para que los individuos y grupos puedan conseguir sus propósitos o metas, o cuando lo que se busca es la definición de prioridades sociales frente a derechos individuales o sectoriales en conflicto, el pensamiento económico limitado al mercado y al Estado sólo puede ofrecer modelos insuficientes y, por lo tanto, simplistas. Este es el más grande desafío que tiene hoy la economía, inserta en esta nueva etapa que busca ampliar el modelo básico definido en las etapas anteriores.
De esta forma, es el individuo el que, dotado de una racionalidad de tipo instrumental y movido por su propio interés, se erige en la base misma sobre la que se asienta todo el edificio teórico de la economía moderna, cuyo única finalidad reconocida es la eficiencia productiva.
Con el llamado "compromiso keynesiano" que siguió a la crisis de 1930, se inicia una segunda etapa del pensamiento económico moderno, que se traduce en la instauración, en las sociedades económicamente más avanzadas, de una verdadera economía mixta, donde el mercado y el Estado compiten en su función básica de servir a los individuos.
Durante algunas décadas, los problemas económicos más acuciantes de las sociedades modernas parecían haber encontrado solución definitiva en este pensamiento económico renovado.
Pero este planteo no fue más que una ilusión. Las críticas a la globalización y las exigencias crecientes en favor de una mayor justicia en la distribución mundial de los frutos del crecimiento económico, permiten mostrar con claridad que el pensamiento económico, además del Estado y del funcionamiento de los mercados, necesita hoy incluir en su campo de análisis temáticas como la responsabilidad social, la solidaridad y las organizaciones de la sociedad civil. Este programa de investigación más amplio constituye una nueva etapa del pensamiento económico, actualmente en plena construcción como lo muestra el trabajo de varios de los más recientes premios Nobel de la economía.
El desafío
En la segunda mitad del siglo XX, muchos economistas pensaron que la tensión entre economía y sociedad podía superarse simplemente admitiendo que la economía constituye un saber de tipo axiomático, donde el tratamiento de temas complejos relacionados con la sociedad civil podía dejarse de lado sin demasiado costo para la ciencia de la economía. Pero cuando lo que se persigue es la suma de las condiciones sociales, esenciales para que los individuos y grupos puedan conseguir sus propósitos o metas, o cuando lo que se busca es la definición de prioridades sociales frente a derechos individuales o sectoriales en conflicto, el pensamiento económico limitado al mercado y al Estado sólo puede ofrecer modelos insuficientes y, por lo tanto, simplistas. Este es el más grande desafío que tiene hoy la economía, inserta en esta nueva etapa que busca ampliar el modelo básico definido en las etapas anteriores.







