Eduardo L. Fracchia - Area de Economía del IAE Business School
El panorama mundial sigue moderadamente optimista con buen nivel de intervención monetaria y fiscal. Como dijo Nixon en su momento: “todos somos keynesianos”.
Latinoamérica está mejor posicionada a pesar de una tasa de crecimiento moderada que en el conjunto se perjudicó por el estancamiento de Brasil durante 2015 y 2016. En la región, Brasil se va encaminando, pero lo complican los temas de corrupción. Brasil está encarando un plan de ajuste fiscal ambicioso. Mantiene la inflación en las metas previstas y regula la política monetaria.
La economía argentina transita un shock externo relacionado con un descenso marcado de las exportaciones ocurrido hace varios años. Este desequilibrio debe ser compensado por una suba en consumo e inversión. El retraso en el consumo ha seguido en el primer trimestre y el futuro de la inversión se asocia al ciclo político electoral.
La obra pública contribuye a la inversión y se ha potenciado. La inversión externa directa no es muy significativa. La inversión bruta está en un nivel de 15% respecto al PBI, muy por debajo del promedio de los países emergentes.
Los indicadores de actividad son poco alentadores aunque técnicamente se haya superado la recesión. El relevamiento de expectativas del Banco Central (REM) es un poco más pesimista en cuanto a actividad y precios que en el trimestre pasado.
La inflación está cediendo pero el gobierno debe compensar el desequilibro del primer trimestre por efecto de, entre otras cuestiones, el incremento de tarifas. El gobierno sigue con Precios Cuidados y Ahora 12; instituciones heredadas del kirchnerismo. La inflación núcleo sigue siendo un factor de preocupación y se procura mitigar con una tasa mayor.
Desde el lado positivo el blanqueo ha sido muy abundante y expresa confianza en el gobierno. El monto conseguido de U$S 116.000 millones representa una cifra record en la comparación internacional. Influye en la actividad de algunos sectores como real estate.
El déficit fiscal continúa sin mayores novedades. Es sabido que este desequilibrio genera retraso cambiario y este fenómeno supone una dinámica creciente de carry trade. El consenso es una suba gradual del dólar hasta 18 a fin de año aunque hay estimaciones de algunos analistas de que cerraría el año en 16.
En cuanto al sector real se espera un rebote moderado de la industria. La cosecha tiene buenas perspectivas aunque las inundaciones pueden ser un “cisne negro” con pérdidas estimadas de U$S 5.000 millones.
En cuanto al frente laboral y social, sensibles por muchos reclamos populares que tomaron la calle en marzo, cabe destacar la moderada recuperación de puestos a lo largo de 2017 con una tasa de pobreza en 30%. La población económicamente activa habría bajado un punto porcentual de 46 a 45% con la hipótesis del trabajo desalentado.
Hay continuidad con los planes sociales y a pesar de un propósito de contención social del gobierno y de diálogo con los sindicatos el 6 de abril se hizo el primer paro general de la CGT.
Con los paros no se consiguen resultados que sean funcionales para los trabajadores. Puede ser que las bases ejercieron presión y forzaron a los dirigentes a actuar. Ellos venían manteniendo una posición dialoguista. El costo estimado de la huelga fue de U$S 1.000 millones.
La tensión tasa de interés-nivel de actividad será un clásico en estos meses de campaña. 2017 tiene sabor a un empate, todavía esperamos el crecimiento.








