15 Marzo 2017 Seguir en 
Para reducir la pobreza es esencial incorporar al mercado laboral a las mujeres de los hogares pobres. A esa conclusión arribó el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) en su informe anual que tiene alcance nacional. “Para ello, se necesitan mejores instituciones laborales, educación de calidad y prácticas sexuales y reproductivas saludables”, precisó el organismo.
Según el reporte, los planes asistenciales tienen escaso impacto en la reducción de la pobreza y el crecimiento del empleo, “aunque son muy necesarios, no son suficientes”. “Ante este escenario, muchos reclaman expandir los programas asistenciales. Este tipo de gasto aumentó durante el 2016 a un ritmo similar a la inflación lo que sugiere que no es la falta de planes sociales lo que mantiene la pobreza alta”, argumentó el instituto.
Sobre la postura del Gobierno nacional que sostiene que la solución está en aumentar la inversión y la producción para que, de esa manera, se creen más empleos de calidad. Idesa se preguntó si realmente alcanza con el crecimiento del empleo para terminar con la pobreza.
Para responder ese interrogante, el instituto se basó en información proveniente de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC correspondiente al 3° trimestre del 2016. “Esta fuente señala que entre las mujeres jefas de hogar o cónyuges la situación es la siguiente: en los hogares de clase media el 72% de las mujeres, trabaja; en los hogares pobres no indigentes el 41% trabaja; mientras que en los hogares indigentes sólo el 35% de las mujeres tiene un trabajo”, comparó.
Según Idesa, estos datos muestran que la inserción laboral de las mujeres adultas con responsabilidades familiares (jefa de hogar o cónyuge) es muy diferente según el estrato socioeconómico. “Resulta muy contundente que el empleo de las mujeres adultas entre los hogares de clase media duplica al observado entre las familias indigentes. Mientras que en los hogares de clase media la mayoría de las mujeres con responsabilidades familiares trabaja, en los hogares pobres sólo la minoría lo hace”, agregó el informe.
Frente a este contexto, Idesa sostuvo que destinar más recursos a programas asistenciales, como proponen las organizaciones sociales “sólo sirve para potenciar el derroche de recursos públicos”. “La solución tampoco está en la generación de empleos que, aun cuando se produzca, no incorporan a las mujeres pobres al mercado laboral”, argumentó.
El estudio señaló que, junto con buenas políticas económicas y laborales, “es central asumir como objetivo que las mujeres pobres tienen la oportunidad de ser artífices de su propio progreso”. “Para ello, se requiere, además de un entorno general de expansión en la producción y el empleo, acciones específicas sobre este segmento de educación, de promoción de prácticas sexuales y reproductivas más saludables y responsables y centros de cuidado de la primaria infancia de alta calidad”, puntualizó.
Por último, Idesa exhortó al Gobierno nacional a concentrarse en generar empleos, eliminar cargas sociales a trabajadores de bajos salarios y desburocratizar la legislación laboral.
Según el reporte, los planes asistenciales tienen escaso impacto en la reducción de la pobreza y el crecimiento del empleo, “aunque son muy necesarios, no son suficientes”. “Ante este escenario, muchos reclaman expandir los programas asistenciales. Este tipo de gasto aumentó durante el 2016 a un ritmo similar a la inflación lo que sugiere que no es la falta de planes sociales lo que mantiene la pobreza alta”, argumentó el instituto.
Sobre la postura del Gobierno nacional que sostiene que la solución está en aumentar la inversión y la producción para que, de esa manera, se creen más empleos de calidad. Idesa se preguntó si realmente alcanza con el crecimiento del empleo para terminar con la pobreza.
Para responder ese interrogante, el instituto se basó en información proveniente de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC correspondiente al 3° trimestre del 2016. “Esta fuente señala que entre las mujeres jefas de hogar o cónyuges la situación es la siguiente: en los hogares de clase media el 72% de las mujeres, trabaja; en los hogares pobres no indigentes el 41% trabaja; mientras que en los hogares indigentes sólo el 35% de las mujeres tiene un trabajo”, comparó.
Según Idesa, estos datos muestran que la inserción laboral de las mujeres adultas con responsabilidades familiares (jefa de hogar o cónyuge) es muy diferente según el estrato socioeconómico. “Resulta muy contundente que el empleo de las mujeres adultas entre los hogares de clase media duplica al observado entre las familias indigentes. Mientras que en los hogares de clase media la mayoría de las mujeres con responsabilidades familiares trabaja, en los hogares pobres sólo la minoría lo hace”, agregó el informe.
Frente a este contexto, Idesa sostuvo que destinar más recursos a programas asistenciales, como proponen las organizaciones sociales “sólo sirve para potenciar el derroche de recursos públicos”. “La solución tampoco está en la generación de empleos que, aun cuando se produzca, no incorporan a las mujeres pobres al mercado laboral”, argumentó.
El estudio señaló que, junto con buenas políticas económicas y laborales, “es central asumir como objetivo que las mujeres pobres tienen la oportunidad de ser artífices de su propio progreso”. “Para ello, se requiere, además de un entorno general de expansión en la producción y el empleo, acciones específicas sobre este segmento de educación, de promoción de prácticas sexuales y reproductivas más saludables y responsables y centros de cuidado de la primaria infancia de alta calidad”, puntualizó.
Por último, Idesa exhortó al Gobierno nacional a concentrarse en generar empleos, eliminar cargas sociales a trabajadores de bajos salarios y desburocratizar la legislación laboral.







