Las noticias de decomiso de drogas en menor o mayor cantidad se volvieron cotidianas y poco a poco se ha ido instalando la idea de que Tucumán -que siempre había sido considerado un lugar de paso- se ha convertido en un sitio de acopio y distribución de estupefacientes para la región. Primero lo señaló un fiscal de Santiago del Estero y en las últimas semanas fue creciendo la sensación de que el problema era inmanejable, a pesar de que se cuenta con cinco equipos de seguridad nacionales y provinciales para trabajar específicamente contra el narcotráfico. De esta convicción derivó la declaración de emergencia y el debate que se ha generado en estos días. Pero todo quedó opacado con los allanamientos de ayer, que confirmaron la presencia de una banda traficante que traía marihuana de Paraguay y cocaína de Bolivia, tal como presumían los investigadores. Lo que se ve con estos allanamientos, de acuerdo a lo informado por las autoridades, es la triste prueba de la nueva situación que vive la provincia en la lucha contra el narcotráfico. Una situación peor. Acaso reconocerlo ayude a cambiar las cosas. La nota es lo central del día y abarca todo lo alto de nuestra portada.








