12 Marzo 2004 Seguir en 
MADRID.- Diez explosiones casi simultáneas en trenes atestados de gente en Madrid y sus alrededores causaron ayer al menos 190 muertos y unos 1.400 heridos, en el ataque más sangriento en la historia de España y de la Unión Europea. Los atentados, atribuidos en un principio a la organización separatista vasca ETA y luego reivindicados por un grupo islámico, ocurrieron a las 7.36, cuando miles de personas se desplazaban hacia Madrid desde las ciudades periféricas de Guadalajara y Alcalá de Henares. La mayor cantidad de víctimas se registró en la estación central de Atocha, en pleno corazón de Madrid, mientras que las otras explosiones más graves sacudieron las estaciones de El Pozo del Tío Raimundo, en el barrio obrero de Vallecas, y de Santa Eugenia, situada en las afueras de la ciudad.
Según la Policía, la seguidilla de ataques fue preparada con 13 bombas fabricadas con más de 100 kilos de dinamita y colocadas en mochilas. Se cree que fueron activadas por control remoto, aunque no se descarta el ataque suicida. Tres mochilas explotaron en el tren que entraba en la estación de Atocha; cuatro en otro que estaba a punto de hacerlo. Las otras explosiones se registraron en Santa Eugenia y dos en El Pozo. Tres de los dispositivos fueron detonados de manera controlada por la policía.
Dos sospechosos
Las unidades antiterroristas buscan a dos individuos que entre las 7 y las 7.10 subieron y bajaron de varios trenes en la estación de Alcalá de Henares. Se sospecha que fueron los que colocaron mochilas con los artefactos explosivos. Estos dos individuos hicieron esta operación al menos en cuatro ocasiones en la estación, en distintos trenes que se dirigían hacia Madrid.
En Atocha, donde cada mañana se concentran millares de capitalinos, en su gran mayoría obreros y estudiantes que se dirigen a sus respectivos destinos, se improvisó un verdadero hospital de campaña, donde, entre gritos y gemidos de las víctimas, los médicos y los paramédicos atendían a los heridos más graves antes de trasladarlos a los hospitales. Cientos de ciudadanos acudieron a donar sangre. Los servicios de seguridad tapaban con mantas restos humanos esparcidos por las vías a varios metros de distancia.
Ambulancias, carros de bomberos, patrulleros y otros vehículos de socorro se desplazaron velozmente hasta los sitios donde se produjeron los atentados, para transportar a los heridos que se lograba rescatar de entre los hierros retorcidos de los vagones y llevarlos a diversos hospitales de Madrid.
Morgue improvisada
Ifema, la feria de muestras de Madrid, se convirtió en una morgue improvisada, adonde comenzaron a llegar los primeros féretros a media mañana. Los forenses examinaban hasta avanzada la tarde los cuerpos, para lograr su identificación. En otras salas del predio ferial, equipos de profesionales asistían psicológicamente a los familiares de las víctimas en medio de penosas escenas. (Reuter-Télam)
Visiones espeluznantes
Una inmigrante colombiana que al momento de las explosiones viajaba en un ómnibus por las inmediaciones de Atocha afirmó que los coches pisaban restos humanos esparcidos en la calle a gran distancia de la estación. Otra mujer relató que había salido al balcón de su departamento para saber qué ocurría y que, en ese momento, cayó cerca de ella una puerta de vagón ferroviario. (Especial)
Pisando cadáveres
El tren que llegaba a Atocha iba repleto de trabajadores, estudiantes y niños que acudían al colegio, dijo un viajero. Un ecuatoriano saltó por una de las ventanas del tren y pisó varios cadáveres para escapar del vagón, entre un espeso humo y una lluvia de chispas. El sobreviviente explicó que varios pasajeros tuvieron que salir del vagón por la ventana, pisando varios cuerpos que yacían inertes. (Especial)
Según la Policía, la seguidilla de ataques fue preparada con 13 bombas fabricadas con más de 100 kilos de dinamita y colocadas en mochilas. Se cree que fueron activadas por control remoto, aunque no se descarta el ataque suicida. Tres mochilas explotaron en el tren que entraba en la estación de Atocha; cuatro en otro que estaba a punto de hacerlo. Las otras explosiones se registraron en Santa Eugenia y dos en El Pozo. Tres de los dispositivos fueron detonados de manera controlada por la policía.
Dos sospechosos
Las unidades antiterroristas buscan a dos individuos que entre las 7 y las 7.10 subieron y bajaron de varios trenes en la estación de Alcalá de Henares. Se sospecha que fueron los que colocaron mochilas con los artefactos explosivos. Estos dos individuos hicieron esta operación al menos en cuatro ocasiones en la estación, en distintos trenes que se dirigían hacia Madrid.
En Atocha, donde cada mañana se concentran millares de capitalinos, en su gran mayoría obreros y estudiantes que se dirigen a sus respectivos destinos, se improvisó un verdadero hospital de campaña, donde, entre gritos y gemidos de las víctimas, los médicos y los paramédicos atendían a los heridos más graves antes de trasladarlos a los hospitales. Cientos de ciudadanos acudieron a donar sangre. Los servicios de seguridad tapaban con mantas restos humanos esparcidos por las vías a varios metros de distancia.
Ambulancias, carros de bomberos, patrulleros y otros vehículos de socorro se desplazaron velozmente hasta los sitios donde se produjeron los atentados, para transportar a los heridos que se lograba rescatar de entre los hierros retorcidos de los vagones y llevarlos a diversos hospitales de Madrid.
Morgue improvisada
Ifema, la feria de muestras de Madrid, se convirtió en una morgue improvisada, adonde comenzaron a llegar los primeros féretros a media mañana. Los forenses examinaban hasta avanzada la tarde los cuerpos, para lograr su identificación. En otras salas del predio ferial, equipos de profesionales asistían psicológicamente a los familiares de las víctimas en medio de penosas escenas. (Reuter-Télam)
Visiones espeluznantes
Una inmigrante colombiana que al momento de las explosiones viajaba en un ómnibus por las inmediaciones de Atocha afirmó que los coches pisaban restos humanos esparcidos en la calle a gran distancia de la estación. Otra mujer relató que había salido al balcón de su departamento para saber qué ocurría y que, en ese momento, cayó cerca de ella una puerta de vagón ferroviario. (Especial)
Pisando cadáveres
El tren que llegaba a Atocha iba repleto de trabajadores, estudiantes y niños que acudían al colegio, dijo un viajero. Un ecuatoriano saltó por una de las ventanas del tren y pisó varios cadáveres para escapar del vagón, entre un espeso humo y una lluvia de chispas. El sobreviviente explicó que varios pasajeros tuvieron que salir del vagón por la ventana, pisando varios cuerpos que yacían inertes. (Especial)







