07 Marzo 2004 Seguir en 
Pese a que los indicadores macroeconómicos marcan una perspectiva positiva y evidencian que la economía se recupera tras la gran crisis que estalló en diciembre de 2001, la mayor parte de la población percibe que los niveles de pobreza no descienden. Así lo indica un trabajo realizado por los expertos Artemio López y Martín Romeo para Consultora Equis y cedido en exclusivo a LA GACETA, en el que se destaca la evolución del ingreso medio respecto del valor de la línea de pobreza por ingresos insuficientes en el Gran San Miguel de Tucumán. En la investigación socioeconómica realizada, se utilizan en su totalidad datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Y, al mismo tiempo, se analiza información complementaria relevada y procesada por la consultora Equis, entre el 1 y el 10 de febrero último.
De acuerdo con el estudio, aunque los indicadores sociales no marcan una disminución de la pobreza, se observa una mejora en la producción industrial; la tasa de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) supera las expectativas; la recaudación impositiva sube mes a mes; la inflación volvió a niveles de la convertibilidad; la paridad cambiaria se mantiene estable con una tendencia a la baja y, en algunos rubros, aparece un aumento de las importaciones de bienes de capital.
El origen del problema
Si bien la gravedad de la pobreza sacudió a los argentinos y al mundo entero a fines de 2001 y principios de 2002, el problema no es nuevo. Según varios analistas, durante 1999, la pobreza, el desempleo y la desigualdad social fueron temas reflejados repetidamente tanto por los medios de prensa como por los políticos que querían ganar un cargo electivo.
La gravedad de la situación social venía anunciándose con múltiples indicadores tanto por organismos nacionales como internacionales.La difusión del informe "Evaluación de la Pobreza Argentina", del Banco Mundial, realizado con la máxima reserva por un equipo de investigadores dirigido desde Washington, fue el que mayor impacto causó, puesto que adelantaba la magnitud estremecedora del fenómeno de la pobreza. Ese estudio provocó el enfrentamiento entre el sector más crítico de la Iglesia Católica y el gobierno de Carlos Menem, que ya llevaba 10 años de gestión.
A pesar de las desmentidas del menemismo, los estudios demostraban que desde 1994, con inflación casi nula y con crecimiento de la economía, la pobreza por ingresos crecía en forma sostenida. También se daba una mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y un pronunciado deterioro en los ingresos de sectores de menores recursos, producto del desempleo, de la subocupación y de la precarización del trabajo.A partir de entonces, en 10 años, la población en situación de pobreza no sólo se extendió y se volvió más heterogénea sino que vio empeorar su situación.
¿Por qué somos...?
En su trabajo "Por qué somos tan pobres", López y Romeo destacan estas conclusiones sobre la situación socioeconómica de Tucumán y del país.
El 64% de los consultados no percibe descenso en los niveles de pobreza. La percepción negativa tiene el fundamento inapelable de las condiciones reales de vida cotidiana que para una mayoría de ciudadanos no mejoran.
Como se observa en el cuadro de Ingresos Totales... el ingreso medio del Gran San Miguel es un 24,3% menor que el ingreso medio del país.
Sólo cuatro aglomerados urbanos encuestados muestran un ingreso mensual promedio por encima del valor de la línea de pobreza (estimado en febrero por el Indec en $ 718).
El ingreso promedio del país es un 25% inferior a la línea de pobreza.
El ingreso promedio del Gran San Miguel es un 39,1% inferior a la línea de pobreza.
Los valores de las líneas de indigencia y de pobreza para los hogares promedio del Gran San Miguel aumentaron significativamente, un 74,9% y un 54,4%, respectivamente, entre octubre de 2001 y enero de 2004. Los ingresos se recomponen muy levemente, los ingresos promedio del hogar trepan un 13,9% y la línea de pobreza crece un 14,4%.
Todo esto marca un retroceso inédito de los ingresos de los hogares en la historia estadística del Gran San Miguel de Tucumán.
Las canastas de la indigencia
LINEA DE POBREZA.- Mide a los pobres por ingreso. Señala que todos aquellos hogares con ingresos inferiores a una determinada canasta de bienes y servicios básicos de costo mínimo ($ 718), que no llegan a cubrir con sus ingresos lo estrictamente indispensable para vivir, serán considerados pobres.
LINEA DE INDIGENCIA.- Se estima en base a una canasta que sólo contiene alimentos necesarios para que una persona tenga una actividad física moderada.
PUNTO DE VISTA
No alcanza tan sólo con crecer
Por Artemio López
Director de la consultora Equipos de Investigacion Social (Equis)
La crítica situación social que supone el nivel de los ingresos familiares del Gran Tucumán cobra aún más dramatismo cuando se advierte cómo la estrechez de ingresos promedio impacta sobre la franja más pobre de la población. En efecto, si para el total de los hogares el ingreso medio se ubica un 39,1% por debajo de la línea de pobreza, para los hogares donde reside el 50% de la población de menores recursos del Gran Tucumán, el promedio de ingresos no supera siquiera el valor de la línea de indigencia y no se logra cubrir el valor de la canasta básica de alimentos requerida para la sobrevida del grupo familiar.
Esta abyecta carencia de ingresos es sin duda la consecuencia combinada de ausencia de crecimiento económico nacional y provincial impresa sobre una muy desigual evolución de los ingresos familiares de cada estrato social registrada durante todos los años noventa, pero especialmente en el período de evolución aguda de la gran crisis, desde inicios de 1998 hasta el segundo semestre de 2002. En ese lapso, en un contexto donde todos los estratos sociales de la provincia perdieron ingresos, los hogares situados en el 10% inferior de la escala de distribución experimentaron una reducción del 50% en su ingreso real per cápita, mientras el 10% de los hogares más ricos declinó sus ingresos alrededor del 38%.
Ese proceso de caída general de ingresos con mayor inequidad distributiva asociada resultó en el Gran Tucumán el de mayor intensidad relativa del país, por lo que la sociedad es hoy mucho más pobre e inequitativa, a punto que la distancia entre el 10% más rico de los perceptores de ingreso y el 10% más pobre pasó de 25,2 veces en mayo de 1998 a 34,5 en mayo de 2002.
Así las cosas, reconquistar la dignidad para todas las familias tucumanas depende ya no sólo de la continuidad del ciclo de crecimiento económico consolidado en 2003 sino y, fundamentalmente, de alterar la actual matriz de regresividad distributiva, sin duda la más pesada herencia social de la provincia que está en la base de casi todas las demás carencias.
(Exclusivo para LA GACETA)
Las estrategias sólidas son a largo plazo
Por Víctor Jorge Elías
Economista e investigador de la UNT - Director del Instituto de Economía Aplicada FBET
Los indicadores de pobreza de nuestro país captan en realidad sólo la situación de los que están en el tramo de menor ingreso de la población. De allí Tucumán, que tiene un ingreso medio por habitante menor que el promedio de la Argentina, también tiene niveles de pobreza mayores que el resto del país. Por ello corresponde enfocar el problema como el de los pobres de Tucumán y no de la pobreza de Tucumán.
¿Por qué tenemos esta persistencia en el nivel de pobreza de los pobres en la provincia? Esta pregunta también corresponde hacerla para nuestro país. Mucho de ello tiene que ver cómo gasta el Estado su presupuesto y a las distintas regulaciones que somete a la actividad económica. Si bien siempre se dice que se piensa en el más necesitado, siempre terminan favoreciendo a los de mayor ingreso. Un ejemplo típico de ello es que en nuestro país el Estado quiere tener el monopolio de la ayuda social.
Otro ejemplo es que se incentivó al desarrollo del sector informal que resultó en un desmejoramiento de los pobres en lugar de brindar un mecanismo de oportunidad para ellos. La regulación del mercado laboral favorece a los trabajadores de mayores ingresos. Muchos otros ejemplos se pueden ver en salud, educación y seguridad.
¿Qué se puede hacer para mejorar sustancialmente la situación de nuestros pobres? Los caminos a seguir son muy claros, y una parte importante es cambiar la estrategia del sector público dentro de la línea ya mencionada como causante de esta situación. El problema es que los resultados no son inmediatos y ni aún mediatos. Una estrategia consistente sin contramarchas puede brindar mejoras a los pobres recién en 10 años. Ello no debe causar pesimismo y desviarse a políticas de muy corto plazo que a la larga agudizan el problema. La estrategia consistente va generando una forma de proceder de los pobres que los va incorporando como miembros activos al global de nuestra sociedad, buscando la forma de mejorar. Esta dinámica aun siendo lenta brinda la satisfacción que todos esperamos y es la de tener la oportunidad de mejorar. (Exclusivo para LA GACETA)
De acuerdo con el estudio, aunque los indicadores sociales no marcan una disminución de la pobreza, se observa una mejora en la producción industrial; la tasa de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) supera las expectativas; la recaudación impositiva sube mes a mes; la inflación volvió a niveles de la convertibilidad; la paridad cambiaria se mantiene estable con una tendencia a la baja y, en algunos rubros, aparece un aumento de las importaciones de bienes de capital.
El origen del problema
Si bien la gravedad de la pobreza sacudió a los argentinos y al mundo entero a fines de 2001 y principios de 2002, el problema no es nuevo. Según varios analistas, durante 1999, la pobreza, el desempleo y la desigualdad social fueron temas reflejados repetidamente tanto por los medios de prensa como por los políticos que querían ganar un cargo electivo.
La gravedad de la situación social venía anunciándose con múltiples indicadores tanto por organismos nacionales como internacionales.La difusión del informe "Evaluación de la Pobreza Argentina", del Banco Mundial, realizado con la máxima reserva por un equipo de investigadores dirigido desde Washington, fue el que mayor impacto causó, puesto que adelantaba la magnitud estremecedora del fenómeno de la pobreza. Ese estudio provocó el enfrentamiento entre el sector más crítico de la Iglesia Católica y el gobierno de Carlos Menem, que ya llevaba 10 años de gestión.
A pesar de las desmentidas del menemismo, los estudios demostraban que desde 1994, con inflación casi nula y con crecimiento de la economía, la pobreza por ingresos crecía en forma sostenida. También se daba una mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y un pronunciado deterioro en los ingresos de sectores de menores recursos, producto del desempleo, de la subocupación y de la precarización del trabajo.A partir de entonces, en 10 años, la población en situación de pobreza no sólo se extendió y se volvió más heterogénea sino que vio empeorar su situación.
¿Por qué somos...?
En su trabajo "Por qué somos tan pobres", López y Romeo destacan estas conclusiones sobre la situación socioeconómica de Tucumán y del país.
El 64% de los consultados no percibe descenso en los niveles de pobreza. La percepción negativa tiene el fundamento inapelable de las condiciones reales de vida cotidiana que para una mayoría de ciudadanos no mejoran.
Como se observa en el cuadro de Ingresos Totales... el ingreso medio del Gran San Miguel es un 24,3% menor que el ingreso medio del país.
Sólo cuatro aglomerados urbanos encuestados muestran un ingreso mensual promedio por encima del valor de la línea de pobreza (estimado en febrero por el Indec en $ 718).
El ingreso promedio del país es un 25% inferior a la línea de pobreza.
El ingreso promedio del Gran San Miguel es un 39,1% inferior a la línea de pobreza.
Los valores de las líneas de indigencia y de pobreza para los hogares promedio del Gran San Miguel aumentaron significativamente, un 74,9% y un 54,4%, respectivamente, entre octubre de 2001 y enero de 2004. Los ingresos se recomponen muy levemente, los ingresos promedio del hogar trepan un 13,9% y la línea de pobreza crece un 14,4%.
Todo esto marca un retroceso inédito de los ingresos de los hogares en la historia estadística del Gran San Miguel de Tucumán.
Las canastas de la indigencia
LINEA DE POBREZA.- Mide a los pobres por ingreso. Señala que todos aquellos hogares con ingresos inferiores a una determinada canasta de bienes y servicios básicos de costo mínimo ($ 718), que no llegan a cubrir con sus ingresos lo estrictamente indispensable para vivir, serán considerados pobres.
LINEA DE INDIGENCIA.- Se estima en base a una canasta que sólo contiene alimentos necesarios para que una persona tenga una actividad física moderada.
No alcanza tan sólo con crecer
Por Artemio López
Director de la consultora Equipos de Investigacion Social (Equis)
La crítica situación social que supone el nivel de los ingresos familiares del Gran Tucumán cobra aún más dramatismo cuando se advierte cómo la estrechez de ingresos promedio impacta sobre la franja más pobre de la población. En efecto, si para el total de los hogares el ingreso medio se ubica un 39,1% por debajo de la línea de pobreza, para los hogares donde reside el 50% de la población de menores recursos del Gran Tucumán, el promedio de ingresos no supera siquiera el valor de la línea de indigencia y no se logra cubrir el valor de la canasta básica de alimentos requerida para la sobrevida del grupo familiar.
Esta abyecta carencia de ingresos es sin duda la consecuencia combinada de ausencia de crecimiento económico nacional y provincial impresa sobre una muy desigual evolución de los ingresos familiares de cada estrato social registrada durante todos los años noventa, pero especialmente en el período de evolución aguda de la gran crisis, desde inicios de 1998 hasta el segundo semestre de 2002. En ese lapso, en un contexto donde todos los estratos sociales de la provincia perdieron ingresos, los hogares situados en el 10% inferior de la escala de distribución experimentaron una reducción del 50% en su ingreso real per cápita, mientras el 10% de los hogares más ricos declinó sus ingresos alrededor del 38%.
Ese proceso de caída general de ingresos con mayor inequidad distributiva asociada resultó en el Gran Tucumán el de mayor intensidad relativa del país, por lo que la sociedad es hoy mucho más pobre e inequitativa, a punto que la distancia entre el 10% más rico de los perceptores de ingreso y el 10% más pobre pasó de 25,2 veces en mayo de 1998 a 34,5 en mayo de 2002.
Así las cosas, reconquistar la dignidad para todas las familias tucumanas depende ya no sólo de la continuidad del ciclo de crecimiento económico consolidado en 2003 sino y, fundamentalmente, de alterar la actual matriz de regresividad distributiva, sin duda la más pesada herencia social de la provincia que está en la base de casi todas las demás carencias.
(Exclusivo para LA GACETA)
Las estrategias sólidas son a largo plazo
Por Víctor Jorge Elías
Economista e investigador de la UNT - Director del Instituto de Economía Aplicada FBET
Los indicadores de pobreza de nuestro país captan en realidad sólo la situación de los que están en el tramo de menor ingreso de la población. De allí Tucumán, que tiene un ingreso medio por habitante menor que el promedio de la Argentina, también tiene niveles de pobreza mayores que el resto del país. Por ello corresponde enfocar el problema como el de los pobres de Tucumán y no de la pobreza de Tucumán.
¿Por qué tenemos esta persistencia en el nivel de pobreza de los pobres en la provincia? Esta pregunta también corresponde hacerla para nuestro país. Mucho de ello tiene que ver cómo gasta el Estado su presupuesto y a las distintas regulaciones que somete a la actividad económica. Si bien siempre se dice que se piensa en el más necesitado, siempre terminan favoreciendo a los de mayor ingreso. Un ejemplo típico de ello es que en nuestro país el Estado quiere tener el monopolio de la ayuda social.
Otro ejemplo es que se incentivó al desarrollo del sector informal que resultó en un desmejoramiento de los pobres en lugar de brindar un mecanismo de oportunidad para ellos. La regulación del mercado laboral favorece a los trabajadores de mayores ingresos. Muchos otros ejemplos se pueden ver en salud, educación y seguridad.
¿Qué se puede hacer para mejorar sustancialmente la situación de nuestros pobres? Los caminos a seguir son muy claros, y una parte importante es cambiar la estrategia del sector público dentro de la línea ya mencionada como causante de esta situación. El problema es que los resultados no son inmediatos y ni aún mediatos. Una estrategia consistente sin contramarchas puede brindar mejoras a los pobres recién en 10 años. Ello no debe causar pesimismo y desviarse a políticas de muy corto plazo que a la larga agudizan el problema. La estrategia consistente va generando una forma de proceder de los pobres que los va incorporando como miembros activos al global de nuestra sociedad, buscando la forma de mejorar. Esta dinámica aun siendo lenta brinda la satisfacción que todos esperamos y es la de tener la oportunidad de mejorar. (Exclusivo para LA GACETA)
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