07 Marzo 2004 Seguir en 
Finalizado el primer bimestre del año, los indicadores continúan mostrando que la economía evoluciona bien. La situación fiscal es holgada con $ 7.767 millones de recaudación en enero y $ 6.360 en febrero y gasto bajo control. La inflación sigue baja, los precios de los commodities se mantienen altos -lo que incentiva las exportaciones- y se recupera la capacidad instalada, que se ubica en un 66% contra un 59% de un año atrás. En fin una lista de buenos indicios, que hacen prever que este año la economía mantendrá el despegue.
Por otra parte el FMI no cuestionó las metas cuantitativas, aunque continúan los debates por la deuda, puesto que los acreedores no ven señales de poder lograr más de lo propuesto en Dubai (quita nominal de 75%, que llega a casi al 90% si no se reconocen intereses).
La convertibilidad fue tildada por muchos de política fantasiosa. Más atrás, el Plan Austral fue una política inconsistente en el tiempo, con congelamientos de precios y gasto público en aumento. Esta vez no hay un plan, y menos uno con jerga del tipo "Erman III"; sólo se habla de "la política económica del gobierno".
Dilema
Desde mediados del año pasado, al empezar a afirmarse la mejora en los indicadores fiscales, a estabilizarse el tipo de cambio, a despejarse las incógnitas políticas y a quebrarse la tendencia negativa en varios sectores industriales, se instaló el ya célebre dilema sobre recuperación o crecimiento. Para muchos esto no tiene demasiada importancia; para otros en la medida que las cosas sigan así va todo bien y si el problema es la falta de inversión no tardará en reaccionar, porque la misma reactivación, sostienen, traerá la inversión. Sin embargo, el problema no es tanto si la economía se recupera, o si encontró nuevamente el sendero del crecimiento, el verdadero problema es que se está haciendo y cómo se consolida la recuperación o eventualmente el crecimiento. En otras palabras, hay mucho por hacer todavía para afirmar que la credibilidad se ha recompuesto de tal forma que permita consolidar la reactivación o el crecimiento.
Por otra parte el FMI no cuestionó las metas cuantitativas, aunque continúan los debates por la deuda, puesto que los acreedores no ven señales de poder lograr más de lo propuesto en Dubai (quita nominal de 75%, que llega a casi al 90% si no se reconocen intereses).
La convertibilidad fue tildada por muchos de política fantasiosa. Más atrás, el Plan Austral fue una política inconsistente en el tiempo, con congelamientos de precios y gasto público en aumento. Esta vez no hay un plan, y menos uno con jerga del tipo "Erman III"; sólo se habla de "la política económica del gobierno".
Dilema
Desde mediados del año pasado, al empezar a afirmarse la mejora en los indicadores fiscales, a estabilizarse el tipo de cambio, a despejarse las incógnitas políticas y a quebrarse la tendencia negativa en varios sectores industriales, se instaló el ya célebre dilema sobre recuperación o crecimiento. Para muchos esto no tiene demasiada importancia; para otros en la medida que las cosas sigan así va todo bien y si el problema es la falta de inversión no tardará en reaccionar, porque la misma reactivación, sostienen, traerá la inversión. Sin embargo, el problema no es tanto si la economía se recupera, o si encontró nuevamente el sendero del crecimiento, el verdadero problema es que se está haciendo y cómo se consolida la recuperación o eventualmente el crecimiento. En otras palabras, hay mucho por hacer todavía para afirmar que la credibilidad se ha recompuesto de tal forma que permita consolidar la reactivación o el crecimiento.
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