PRESOS. Migrantes libios fueron detenidos en Trípoli al intentar cruzar a la UE. reuters
17 Mayo 2016 Seguir en 
BRUSELAS Y ATENAS.- El pacto entre la Unión Europea (UE) y Turquía para contener los flujos migratorios se resquebraja.
Dos de sus principales puntos -la desaparición del visado para los turcos que viajen a Europa y las expulsiones de demandantes de asilo desde Grecia- están paralizados. Altos representantes turcos y europeos emprendieron una ofensiva diplomática la semana pasada para tratar de recomponer las relaciones.
Por el momento, Turquía se declara poco optimista respecto al futuro de este marco, la única fórmula desesperada que fue capaz de consensuar la UE para mitigar la crisis de refugiados.
La diplomacia comunitaria respiraba tranquila el pasado 4 de mayo, después de que la Comisión Europea hubiera culminado su mayor gesto de aproximación hacia el Gobierno de Ankara en muchos años, al recomendar eximir a los turcos de los trámites consulares para desplazarse a la UE.
Se daba así un paso fundamental hacia el mayor aliciente que han tenido los turcos para aceptar un pacto migratorio, que contempla devolver a su territorio a todo migrante o refugiado que ponga un pie en las islas griegas.
Sin interlocutor
Menos de 24 horas después, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, forzó la salida de su primer ministro, Ahmet Davutoglu, y dejó a Europa sin interlocutor.
Desde entonces, tanto Erdogan como otros altos cargos turcos han desafiado a la UE al asegurar que no cumplirán el principal requisito pendiente que les exige Bruselas para dar vía libre a la liberalización de visados: cambiar la ley antiterrorista. “Este es el talón de Aquiles (de la negociación)”, admitió el ministro turco para Asuntos Europeos, Volkan Bozkir, el pasado viernes en una entrevista con la agencia Reuters.
El ministro pasó buena parte de la semana entre Estrasburgo y Bruselas para reunirse con responsables de las instituciones, entre ellos la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini; el comisario de Vecindad, Johannes Hahn; el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, y representantes de los grupos políticos.
Su diagnóstico tras esa ronda de contactos fue demoledor: “No soy muy optimista sobre el resultado de las conversaciones. Resulta esencial que la Comisión Europea encuentre una nueva fórmula para contener los flujos migratorios desde los países en conflicto”.
Liberen a los niños
El relator especial de la ONU para los derechos de los migrantes, François Crepeau, le pidió a Grecia que no detenga a los niños refugiados y migrantes que continúan llegando a su territorio y que promueva, en cambio, servicios de protección para la infancia.
Crepeau se reunió con dos menores no acompañados que llevaban más de dos semanas recluidos en comisarías, “traumatizados” y sin acceso al mundo exterior.
Otros permanecen junto a sus familias, pero en centros saturados y donde existe “un nivel inaceptable de confusión, frustración, violencia y miedo”.
“Los niños no deberían ser detenidos”, sentenció el relator al término de una visita a Grecia en la que pidió revisar la situación de los menores.
En este sentido, señaló que los arrestos deberían estar limitados a “personas que representan un riesgo, un peligro, una amenaza para la población”, ya que “no basta con una simple intuición” para mantener a alguien recluido. (Reuters-Especial)
Dos de sus principales puntos -la desaparición del visado para los turcos que viajen a Europa y las expulsiones de demandantes de asilo desde Grecia- están paralizados. Altos representantes turcos y europeos emprendieron una ofensiva diplomática la semana pasada para tratar de recomponer las relaciones.
Por el momento, Turquía se declara poco optimista respecto al futuro de este marco, la única fórmula desesperada que fue capaz de consensuar la UE para mitigar la crisis de refugiados.
La diplomacia comunitaria respiraba tranquila el pasado 4 de mayo, después de que la Comisión Europea hubiera culminado su mayor gesto de aproximación hacia el Gobierno de Ankara en muchos años, al recomendar eximir a los turcos de los trámites consulares para desplazarse a la UE.
Se daba así un paso fundamental hacia el mayor aliciente que han tenido los turcos para aceptar un pacto migratorio, que contempla devolver a su territorio a todo migrante o refugiado que ponga un pie en las islas griegas.
Sin interlocutor
Menos de 24 horas después, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, forzó la salida de su primer ministro, Ahmet Davutoglu, y dejó a Europa sin interlocutor.
Desde entonces, tanto Erdogan como otros altos cargos turcos han desafiado a la UE al asegurar que no cumplirán el principal requisito pendiente que les exige Bruselas para dar vía libre a la liberalización de visados: cambiar la ley antiterrorista. “Este es el talón de Aquiles (de la negociación)”, admitió el ministro turco para Asuntos Europeos, Volkan Bozkir, el pasado viernes en una entrevista con la agencia Reuters.
El ministro pasó buena parte de la semana entre Estrasburgo y Bruselas para reunirse con responsables de las instituciones, entre ellos la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini; el comisario de Vecindad, Johannes Hahn; el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, y representantes de los grupos políticos.
Su diagnóstico tras esa ronda de contactos fue demoledor: “No soy muy optimista sobre el resultado de las conversaciones. Resulta esencial que la Comisión Europea encuentre una nueva fórmula para contener los flujos migratorios desde los países en conflicto”.
Liberen a los niños
El relator especial de la ONU para los derechos de los migrantes, François Crepeau, le pidió a Grecia que no detenga a los niños refugiados y migrantes que continúan llegando a su territorio y que promueva, en cambio, servicios de protección para la infancia.
Crepeau se reunió con dos menores no acompañados que llevaban más de dos semanas recluidos en comisarías, “traumatizados” y sin acceso al mundo exterior.
Otros permanecen junto a sus familias, pero en centros saturados y donde existe “un nivel inaceptable de confusión, frustración, violencia y miedo”.
“Los niños no deberían ser detenidos”, sentenció el relator al término de una visita a Grecia en la que pidió revisar la situación de los menores.
En este sentido, señaló que los arrestos deberían estar limitados a “personas que representan un riesgo, un peligro, una amenaza para la población”, ya que “no basta con una simple intuición” para mantener a alguien recluido. (Reuters-Especial)







