Un régimen de violencia y terror se instaló en la capital de Haití

El presidente Aristide pidió calma a sus milicias, que saquean y matan sin contemplación.

ZONA DE RIESGO. Cientos de familias abandonan Puerto Príncipe.
ZONA DE RIESGO. Cientos de familias abandonan Puerto Príncipe.
29 Febrero 2004
PUERTO PRINCIPE.- Aislado de la comunidad internacional, y con los rebeldes a pocos kilómetros de Puerto Príncipe, el presidente Jean-Bertrand Aristide dijo ayer que no renunciará y pidió calma a sus seguidores, que todavía controlan la capital. Las milicias de Aristide aterrorizan a la gente con ejecuciones, saqueos y barricadas en llamas levantadas en toda la ciudad. Se desplazaban en autos robados agitando sus armas y disparando en forma amenazadora. Según observadores, esta situación no se había visto en Haití ni en las peores crisis de los últimos 20 años.
La circulación de vehículos es casi nula por la falta de combustible; todos los comercios de Puerto Príncipe están cerrados y la electricidad funciona en forma intermitente. El de ayer fue un día de relativa calma, que los residentes aprovecharon para salir a comprar alimentos básicos y regresar presurosamente a sus casas.

Hasta febrero de 2006
Aristide, refugiado en la sede presidencial, dijo ayer que su vida está ligada a la de 8 millones de haitianos, y que permanecerá en el cargo hasta el 7 de febrero de 2006. Al ser consultado sobre si su renuncia podría evitar un baño de sangre, respondió que la solución no es la renuncia sino la fidelidad al pueblo. "Los golpistas de 1991 mataron a 5.000 personas. Así como Estados Unidos en 2001 dijo no al terrorismo, aquí en Haití decimos no al terrorismo", señaló. Aristide calificó a sus opositores de narcotraficantes y terroristas, y abogó por reforzar las fuerzas de seguridad internacionales que ya están en Haití. Seguidores del presidente controlan las calles y amenazan a periodistas extranjeros. En varias partes de la ciudad hay cadáveres tirados en la calle y de momento se desconoce si estas muertes están relacionadas con enfrentamientos políticos o si se trata de acciones de delincuencia común. La embajada de Estados Unidos en Haití acusó a los partidarios de Aristide de incendiar, de saquear y de matar, mientras continúa la evacuación de extranjeros.

El drama humanitario
La ONU pidió a los países vecinos de Haití que abran las puertas a los refugiados hasta que vuelva la calma, algo que parece remoto. "No sólo estamos pidiendo que se reciba a los refugiados, sino que también estamos recomendando la suspensión de los regresos forzados a Haití, incluidas las personas a quienes se les ha negado el asilo o se ha recogido en el mar", dijo un vocero. Cuba, Jamaica y Canadá se comprometieron a no enviar a la gente de vuelta. No es la postura de EE.UU., cuya guardia costera ha devuelo al convulsionado país a unos 500 balseros.
Francia, antigua potencia colonial en Haití, fue el primer país que pidió la renuncia de Aristide por considerarlo responsable de la grave crisis. Estados Unidos y Canadá coinciden con esta postura. Washington preparó tres barcos de guerra y 2.200 marines para enviarlos a Haití en un operativo preventivo. (Reuter)

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