29 Febrero 2004 Seguir en 
Teniendo como mira el desarrollo económico de Tucumán, y la necesidad de radicación de inversiones de largo plazo que todo proceso de desarrollo económico implica, el Estado provincial tiene asignado un rol clave en lo que constituye la inversión más rentable en el campo socioeconómico, esto es, la inversión referida a lo que los economistas llaman capital humano, en particular la educación básica y la salud de la población. También se espera que el Estado provincial contribuya al crecimiento económico local a través del emprendimiento de inversiones públicas en infraestructuras necesarias para atraer las inversiones privadas, tales como las infraestructuras de justicia, de seguridad, de transporte y de información económica.
Más objetivos
Se puede pensar, por último, que el Estado provincial puede jugar un papel importante en la generación de una política industrial de escala provincial, cuyo objetivo central es influir desde el Estado en la dirección de los factores productivos hacia las actividades más dinámicas, generadoras por definición de un nivel mayor de crecimiento y empleo.
Esas son las tareas principales que, desde la perspectiva económica, tiene el Estado de la provincia y que no se ha cumplido, en líneas generales, en las últimas administraciones.
En consecuencia, la valoración de una gestión de gobierno tiene que estar necesariamente asociada con el nivel de cumplimiento de estas tareas, financiadas con recursos que provengan básicamente de un sistema impositivo diseñado de manera equitativa y aplicado sin provocar grandes distorsiones en el sector privado de la economía.
Prioridades
De esas tareas, la inversión en capital humano es decididamente insoslayable, puesto que forma parte de las necesidades primarias de la población.
Con respecto a la conveniencia de encarar una política industrial activa en aras de favorecer al crecimiento y al empleo en un marco de eficiencia global del sistema productivo local, la cuestión se torna bastante más discutible. No porque falten buenos ejemplos en el mundo para mostrar la participación exitosa de políticas expresamente pensadas para favorecer la radicación industrial en lugares concretos. Sino porque, aún en este tipo de situaciones donde aparece como teóricamente posible la aplicación de una política orientadora posible de radicación industrial exitosa, resulta necesario que los funcionarios de turno acierten en la elección de sectores específicamente elegidos para favorecer su radicación y desarrollo.
Y aún contando con funcionarios idóneamente formados en estas cuestiones, la dificultad subsistiría en un mundo muy cambiante, donde lo dinámico de hoy se convierte con rapidez variable en atraso de mañana.
Más objetivos
Se puede pensar, por último, que el Estado provincial puede jugar un papel importante en la generación de una política industrial de escala provincial, cuyo objetivo central es influir desde el Estado en la dirección de los factores productivos hacia las actividades más dinámicas, generadoras por definición de un nivel mayor de crecimiento y empleo.
Esas son las tareas principales que, desde la perspectiva económica, tiene el Estado de la provincia y que no se ha cumplido, en líneas generales, en las últimas administraciones.
En consecuencia, la valoración de una gestión de gobierno tiene que estar necesariamente asociada con el nivel de cumplimiento de estas tareas, financiadas con recursos que provengan básicamente de un sistema impositivo diseñado de manera equitativa y aplicado sin provocar grandes distorsiones en el sector privado de la economía.
Prioridades
De esas tareas, la inversión en capital humano es decididamente insoslayable, puesto que forma parte de las necesidades primarias de la población.
Con respecto a la conveniencia de encarar una política industrial activa en aras de favorecer al crecimiento y al empleo en un marco de eficiencia global del sistema productivo local, la cuestión se torna bastante más discutible. No porque falten buenos ejemplos en el mundo para mostrar la participación exitosa de políticas expresamente pensadas para favorecer la radicación industrial en lugares concretos. Sino porque, aún en este tipo de situaciones donde aparece como teóricamente posible la aplicación de una política orientadora posible de radicación industrial exitosa, resulta necesario que los funcionarios de turno acierten en la elección de sectores específicamente elegidos para favorecer su radicación y desarrollo.
Y aún contando con funcionarios idóneamente formados en estas cuestiones, la dificultad subsistiría en un mundo muy cambiante, donde lo dinámico de hoy se convierte con rapidez variable en atraso de mañana.
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