El caos se apoderó de la capital de Haití, ante un inminente ataque de los rebeldes

Estados Unidos no enviará soldados mientras no se llegue a un acuerdo político entre los bandos en conflicto.

TIERRA DE NADIE. Tres mujeres se enfrentan al peligro mientras llevan un poco de alimentos a su casa.
TIERRA DE NADIE. Tres mujeres se enfrentan al peligro mientras llevan un poco de alimentos a su casa.
26 Febrero 2004
PUERTO PRINCIPE.- Bandas armadas que defienden al gobierno erigieron barricadas ardientes en la capital de Haití, que, ante un inminente ataque de los rebeldes, se hundió en el caos del que muchos extranjeros no han podido escapar. Hombres enmascarados leales al acosado presidente Jean-Bertrand Aristide cortaron calles en Puerto Príncipe con automóviles, piedras y neumáticos, y frenaban el paso de cualquier vehículo que intentaba salir de la ciudad. Advertidos por sus respectivos gobiernos de que el país ya no es un lugar seguro, estadounidenses, franceses, españoles y otros extranjeros se dirigían ayer al aeropuerto internacional Toussaint L?Ouverture, de Puerto Príncipe, para salir del país antes del esperado ataque rebelde.
Aristide, cuya dimisión exigió la oposición como única salida a la crisis, advirtió ayer que si la comunidad internacional no interviene, miles de personas podrían perder la vida en la lucha que se desencadenará. En tres semanas de lucha, las precarias fuerzas policiales de Aristide se redujeron de 5.000 a 4.000 hombres. Según denunciaron líderes políticos opositores, Aristide entregó armas a la población civil para que proteja a su gobierno. Los "chimers", los partidarios más aguerridos de Aristide, patrullan por Puerto Príncipe y controlan las barricadas.

Bush impone condiciones
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo ayer que la deteriorada situación de Haití puede requerir la presencia de una fuerza internacional de seguridad, pero sólo una vez que se haya alcanzado un acuerdo político. Esta posición de Washington choca con la de Francia, que impulsa la formación de una fuerza internacional para restaurar el orden mientras se busca una solución política. Tanto los rebeldes como la oposición política de Haití, que tomó distancia de la lucha armada, responsabilizan a Aristide por graves hechos de corrupción y por violaciones de los derechos humanos.

Un argentino pide ayuda
Un ex miembro argentino de los Cascos Azules, radicado en Haití hace más de un año, hizo un desesperado pedido de ayuda para sostener el orfelinato donde, junto con su esposa haitiana, atiende a 33 niños. "Solamente en un lugar que tomaron los rebeldes se encuentra algo de alimentos y agua potable", relató Osvaldo Fernández, oriundo de Gualeguaychú, Entre Ríos, en declaraciones a una radio rosarina. "La gente tiene para comer caña de azúcar, bananas y mangos", agregó Fernández, de 48 años, quien vive con su mujer y con 33 hijos adoptivos. "También tenemos un colegio con 354 niños muy pobres de la montaña, a quienes tenemos que darles una mano porque lo necesitan", amplió. "Los ómnibus no funcionan por miedo a un atentado; la gente anda armada por la calle. Todos están esperando que el presidente renuncie y asuma alguien con mayor capacidad", afirmó.
Más de 70 personas han muerto en la revuelta que estalló hace 21 días en Gonaives, donde se alzó una brigada que en un momento apoyó a Aristide y luego se volvió en su contra. A ella se han unido Louis Jodel Chamblain, líder de una milicia que aterrorizó al país a principios de la década pasada, y ex soldados del ejército que Aristide desmanteló cuando volvió al poder en 1994, apoyado por EE.UU., tras ser derrocado por un golpe de Estado meses después de asumir por primera vez, en 1991. (Reuter-Télam)

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