Se lidera con el ejemplo, no a partir del temor

Las empresas necesitan cambiar los estilos de conducción. El sistema de premios y castigos fue superado por la realidad. La autoridad no puede sostenerse en el miedo.

22 Febrero 2004
El mercado laboral exige a las empresas un fuerte cambio en los estilos de conducción. Hay que partir de la idea de que el líder es una persona que influye sobre otras para que las organizaciones obtengan los resultados que necesitan. En pocas palabras, se trata de una pieza clave.
Las modificaciones que deben efectuarse son sobre las características de esa influencia. Pero ¿por qué hablamos de cambio? Porque nuestra cultura en esta materia se basa en el concepto de la organización tradicional, que busca y promueve el mando. Este, a su vez, se asienta sobre el temor: "hacé esto porque, en caso contrario, te echo" (sic). No hay alternativa. Es el sistema que distribuye funciones basándose en el famoso esquema de los premios y castigos.
Este tipo de autoridad, además, se funda internamente en la posición en el organigrama y se sostiene por los signos externos del estatus. Por ejemplo, el jefe tiene un lugar separado al de los otros empleados para estacionar el automóvil, posee una chapa en la puerta de la oficina o una determinada cantidad de teléfonos en el escritorio.
Lo más importante de este tipo de autoridad es que es meramente formal. El ejemplo no está previsto; todo lo contrario y es frecuente la presencia del doble discurso.

La pregunta del millón
Entonces, ¿qué necesitan hoy las organizaciones? El liderazgo basado en el servicio, entendido este por dar lo que necesitan los colaboradores. ¿Por qué se necesita eso? Porque hoy, para crecer, se requiere el pensamiento de todas las personas que forman la organización y no de unos pocos (gerentes).
La mejor manera de lograr que la gente cree y se anime a expresar lo que piensa es mediante la generación de un ámbito de confianza, no a partir del temor. Cuando eso sucede hay una autoridad asignada. En este caso, yo no exhibo mi autoridad, a ella me la asigna mi grupo de colaboradores.
¿Cómo consigue alguien que le asignen esa autoridad, cuáles son las condiciones básicas que debe reunir? En primer lugar, debe poseer conocimiento; sin él no se puede enseñar algo a otros. En segundo lugar, disponibilidad y calidez para el contacto con las personas, y coherencia entre lo que se dice y hace, es decir, predicar con el ejemplo.
¿Cómo se genera, cómo se fabrica a ese líder? Mediante la formación y el desarrollo del trabajo en equipo. Esto es clave. En primer lugar, porque el volumen de información que se maneja hoy es tal que solo ya no se puede, y eso sucede en cualquier tipo de tarea. En segundo término, urge aprender y hacerlo muy rápido, y no siempre disponemos del tiempo necesario para ir a la Facultad, para hacer un curso o leer un libro. En ese sentido, la gran alternativa es aprender del grupo de compañeros.
En tercer lugar, el equipo brinda un contención emocional suficiente como para administrar la incertidumbre. Todo grupo necesita de un coordinador; su función es observar para ayudar, orientar a los otros hacia el objetivo y los resultados propuestos, y reducir las influencias negativas.

Una educación autoritaria
¿Por qué el rol de coordinador se forma a partir del servicio? Fundamentalmente porque, al ser rotativo, no se dispone de la manija; entonces, conviene desarrollar competencias para servir al grupo.
La gran contradicción que existe es que, salvo raras excepciones, el sistema educativo continúa desarrollando el modelo de comunicación basado en una sola dirección y con un muy bajo nivel de participación. Mientras las organizaciones requieren una cosa, la estructura educativa formal continúa asentada en el profesor que dicta la clase, en vez de evolucionar hacia una pedagogía sostenida en la construcción.
En síntesis, las organización debe tomar la decisión estratégica de fomentar el trabajo en equipo y de evolucionar hacia modelos participativos de gestión. De esta manera, se logra un clima de trabajo en el que reina la confianza. Esto no es un enfoque que busca sólo la felicidad de las personas que trabajan, sino dar respuestas eficientes a lo que el mercado está pidiendo.

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