La familia del ex policía asesinado pide justicia
La esposa y los hijos de Agustín Díaz, de 60 años, pidieron que se esclarezca el crimen, perpetrado el sábado pasado. “Cuando preguntaban quién iba trabajar para las fiestas, él siempre decía que sí podía. Sólo este año había decidido que iba a estar con nosotros”, narró Verónica, hija de la víctima.
23 Diciembre 2015 Seguir en 
Por primera vez en su extensa historia de servicio, Agustín Antonio Díaz había escuchado los ruegos de su familia. La Nochebuena que se celebrará mañana iba a ser la primera fiesta de Fin de Año en la que el ex policía, de 60 años, se olvidaría del trabajo para compartir la mesa con su esposa, sus siete hijos y sus más de 20 nietos. Pero antes de que pudiera cumplir con el sueño de sus familiares, un asaltante lo mató de un tiro.
“Estábamos casados hace más de 40 años. En todo el tiempo que estuvo de servicio nunca lo habían herido. Siempre se acercaba con un chiste o con una sonrisa. El viernes, cuando se fue, me dijo: ‘nos vemos mañana, viejita’. Pero yo le contesté: ‘viejo, tomate unos mates conmigo antes de irte’. Después se marchó en la moto al trabajo y no volvimos a hablar. Yo siempre le decía que si un ladrón trataba de entrar, se escondiera en cualquier rincón. Que no arriesgara su vida, porque nadie le iba a dar nada”, contó ayer Angelina Aguilar, esposa de la víctima.
Díaz murió el sábado al mediodía, en el Centro de Salud. Lo habían herido esa madrugada, en el predio de la empresa Transporte Gómez, ubicado en Pedro Miguel Aráoz al 300. Allí trabajaba como personal de vigilancia. Hacía 19 años que se había retirado de la fuerza. La última dependencia en la que había prestado servicios fue la comisaría de El Timbó.
“Mi papá entró a la Policía cuando era muy joven. Ya no necesitaba seguir trabajando, pero se sentía bien usando el uniforme. Nada lo paraba. Salir a trabajar en medio del agua o del frío era lo mismo. Y nunca llegaba tarde. Era muy puntual. Para él no existían el 24 ni el 31 de diciembre, porque cuando preguntaban quién iba a trabajar para las fiestas, él siempre decía que podía. Solo éste año había decidido estar con nosotros”, relató Verónica Díaz, una de las hijas del ex policía.
Disparo letal
La familia Díaz vive en el barrio 1° de Noviembre, en Las Talitas. Para llegar a su casa es necesario transitar por un angosto pasillo, que une su propiedad con la vivienda de la menor de sus hijas. En ese lugar lo velaron y despidieron sus parientes y amigos.
Ayer, sentados en torno a una mesa que ocupa la mayor parte del living, los familiares de la víctima le contaron a LA GACETA que este año el brindis será un signo de tristeza. Mientras los adultos hablaban, los nietos del policía retirado sollozaban, escuchando los recuerdos de su abuelo. “Él no tenía problemas con nadie. Quedó claro en el velorio. Hubo una fila de más de 30 autos que participó del acompañamiento”, sostuvo María Belén Díaz, otra de las hijas del ex oficial. Y agregó: “sólo queremos que atrapen a la persona que lo mató, o no podremos vivir en paz. Pero queremos que atrapen a quien le disparó, no a cualquier inocente”.
Según Verónica y María Belén, el personal de vigilancia de Transporte Gómez las llamó a las 4 del sábado para decirles que su padre había recibido un balazo. Luego se enteraron que lo habían llevado inconsciente a la guardia del Centro de Salud, donde murió.
Los médicos lo operaron. Intentaron detener la hemorragia que le había causado la bala, disparada desde una pistola 9 mm. Pero las heridas internas resultaron letales para el sexagenario empleado de vigilancia. “Los médicos hicieron todo para salvarlo, pero murió desangrado”, dijeron sus hijas.
Versiones cruzadas
Martín Díaz, otro de los hijos de la víctima, habló acerca de las versiones que se manejan entorno al homicidio de su padre. “No sabemos si el sereno que estaba con él lo ayudó o se escondió para evitar que le disparen. Por lo que nos contaron, mi papá forcejeó con el primero de los ladrones (según la Policía fueron tres los asaltantes). Después, le gritó a su compañero: ‘¡guarda, que están por entrar!’. En medio de esa pelea otro de los ladrones metió la mano por el portón y le disparó por la espalda”, señaló Martín. Aclaró que su relato se basó en versiones que le habían aportado. “Todavía no pudimos ver la filmación de las cámaras (de la empresa)”, explicó.
Agustín Antonio Díaz era hijo de un policía y, según su familia, sus tres hermanos también trabajan en la fuerza. Dicen que por eso tienen confianza. Y anhelan que, al menos, el autor del crimen vaya a parar tras las rejas.
“Estábamos casados hace más de 40 años. En todo el tiempo que estuvo de servicio nunca lo habían herido. Siempre se acercaba con un chiste o con una sonrisa. El viernes, cuando se fue, me dijo: ‘nos vemos mañana, viejita’. Pero yo le contesté: ‘viejo, tomate unos mates conmigo antes de irte’. Después se marchó en la moto al trabajo y no volvimos a hablar. Yo siempre le decía que si un ladrón trataba de entrar, se escondiera en cualquier rincón. Que no arriesgara su vida, porque nadie le iba a dar nada”, contó ayer Angelina Aguilar, esposa de la víctima.
Díaz murió el sábado al mediodía, en el Centro de Salud. Lo habían herido esa madrugada, en el predio de la empresa Transporte Gómez, ubicado en Pedro Miguel Aráoz al 300. Allí trabajaba como personal de vigilancia. Hacía 19 años que se había retirado de la fuerza. La última dependencia en la que había prestado servicios fue la comisaría de El Timbó.
“Mi papá entró a la Policía cuando era muy joven. Ya no necesitaba seguir trabajando, pero se sentía bien usando el uniforme. Nada lo paraba. Salir a trabajar en medio del agua o del frío era lo mismo. Y nunca llegaba tarde. Era muy puntual. Para él no existían el 24 ni el 31 de diciembre, porque cuando preguntaban quién iba a trabajar para las fiestas, él siempre decía que podía. Solo éste año había decidido estar con nosotros”, relató Verónica Díaz, una de las hijas del ex policía.
Disparo letal
La familia Díaz vive en el barrio 1° de Noviembre, en Las Talitas. Para llegar a su casa es necesario transitar por un angosto pasillo, que une su propiedad con la vivienda de la menor de sus hijas. En ese lugar lo velaron y despidieron sus parientes y amigos.
Ayer, sentados en torno a una mesa que ocupa la mayor parte del living, los familiares de la víctima le contaron a LA GACETA que este año el brindis será un signo de tristeza. Mientras los adultos hablaban, los nietos del policía retirado sollozaban, escuchando los recuerdos de su abuelo. “Él no tenía problemas con nadie. Quedó claro en el velorio. Hubo una fila de más de 30 autos que participó del acompañamiento”, sostuvo María Belén Díaz, otra de las hijas del ex oficial. Y agregó: “sólo queremos que atrapen a la persona que lo mató, o no podremos vivir en paz. Pero queremos que atrapen a quien le disparó, no a cualquier inocente”.
Según Verónica y María Belén, el personal de vigilancia de Transporte Gómez las llamó a las 4 del sábado para decirles que su padre había recibido un balazo. Luego se enteraron que lo habían llevado inconsciente a la guardia del Centro de Salud, donde murió.
Los médicos lo operaron. Intentaron detener la hemorragia que le había causado la bala, disparada desde una pistola 9 mm. Pero las heridas internas resultaron letales para el sexagenario empleado de vigilancia. “Los médicos hicieron todo para salvarlo, pero murió desangrado”, dijeron sus hijas.
Versiones cruzadas
Martín Díaz, otro de los hijos de la víctima, habló acerca de las versiones que se manejan entorno al homicidio de su padre. “No sabemos si el sereno que estaba con él lo ayudó o se escondió para evitar que le disparen. Por lo que nos contaron, mi papá forcejeó con el primero de los ladrones (según la Policía fueron tres los asaltantes). Después, le gritó a su compañero: ‘¡guarda, que están por entrar!’. En medio de esa pelea otro de los ladrones metió la mano por el portón y le disparó por la espalda”, señaló Martín. Aclaró que su relato se basó en versiones que le habían aportado. “Todavía no pudimos ver la filmación de las cámaras (de la empresa)”, explicó.
Agustín Antonio Díaz era hijo de un policía y, según su familia, sus tres hermanos también trabajan en la fuerza. Dicen que por eso tienen confianza. Y anhelan que, al menos, el autor del crimen vaya a parar tras las rejas.







