IMPERECEDERO. Ingenieros describió al “hombre mediocre” como un individuo rutinario, prejuicioso y doméstico. i.ytimg.com
06 Diciembre 2015 Seguir en 

ENSAYOS
EL HOMBRE MEDIOCRE / LAS FUERZAS MORALES JOSÉ INGENIEROS
(Díada - Buenos Aires)
Jorge Luis Borges señala que la idea de la lectura definitiva de un texto queda recluida a dos particulares disposiciones: la religión o el cansancio. Sólo el agotamiento y la fe cierran la posible relectura de un libro. Esta edición en un mismo volumen de dos obras de José Ingenieros es filosófica y sociológicamente oportuna. No solo por esa cualidad regenerativa de las lecturas o por el permanente diálogo que construye constantemente la cultura, sino también por la vigencia que cobra hoy el análisis que hace Ingenieros del hombre y sus cualidades.
El hombre mediocre
Hay tres clases de hombres para Ingenieros: el hombre inferior, que no posee cualidades imitativas (mímesis a lo René Girard) y, por causas genéticas o de falta de educación, ha quedado achaparrado en su formación y no busca o no puede crecer más allá de los límites de lo mundano, de lo chato, de la simple supervivencia. Este hombre compone el estrato inferior de la sociedad y su capacidad de cambio está mutilada por sus mismas limitaciones, culturales y volitivas.
En las antípodas de este hombre está el hombre idealista, que es el hombre que tiene la suficiente imaginación para concebir ideales, y con el impulso de la voluntad y bajo la conciencia de su libertad, seguir esos ideales y modificar o hacer la realidad. Este es el hombre superior y quien permanentemente lucha contra la rémora que está debajo suyo en la escala socio-ontológica, y sobre el hombre inferior; ese es el hombre mediocre.
El hombre mediocre es rutinario, prejuicioso, doméstico. Vive en una complacencia absoluta que entiende como verdad única e incuestionable. Todo lo que amenace su statu quo le es repulsivo, extraño. Este hombre configura, en el aglomerado de su crasa existencia, el esquema social propicio para que el poder se sirva de él y se ejerza mediante la influencia y la manipulación.
Las fuerzas morales
Se trata de un compendio de escritos de José Ingenieros publicados en revistas y periódicos entre 1918 y 1923, cuyo fin el que funcionen como una guía laica para la juventud, donde el autor discute contra la “anticuada” metafísica y los “espiritualismos” en boga en aquellos años. Sin embargo, la finalidad de Las fuerzas morales consiste en un puntal para el individuo que necesita sostener un valor moral regente de sus actos y que marca un sentido a su destino, al individuo que trata de superar la viscosa atmósfera de la mediocridad, descrita en el libro anterior.
Así, en esta reedición doble, el pensamiento de José Ingenieros aparece en El hombre mediocre, como una descripción de la situación humana y social, actual en nuestros días merced a su rico contenido filosófico; y en Las fuerzas morales, el conato ético, basado en aquella descripción, de una apertura hacia la realidad y su diversa posibilidad, con la variada temática de la misma existencia.
Finalmente, decimos con Borges: ni la religión ni el cansancio, sino la filosofía y el pensamiento, para releer a José Ingenieros.
© LA GACETA
CÉSAR DI PRIMIO
EL HOMBRE MEDIOCRE / LAS FUERZAS MORALES JOSÉ INGENIEROS
(Díada - Buenos Aires)
Jorge Luis Borges señala que la idea de la lectura definitiva de un texto queda recluida a dos particulares disposiciones: la religión o el cansancio. Sólo el agotamiento y la fe cierran la posible relectura de un libro. Esta edición en un mismo volumen de dos obras de José Ingenieros es filosófica y sociológicamente oportuna. No solo por esa cualidad regenerativa de las lecturas o por el permanente diálogo que construye constantemente la cultura, sino también por la vigencia que cobra hoy el análisis que hace Ingenieros del hombre y sus cualidades.
El hombre mediocre
Hay tres clases de hombres para Ingenieros: el hombre inferior, que no posee cualidades imitativas (mímesis a lo René Girard) y, por causas genéticas o de falta de educación, ha quedado achaparrado en su formación y no busca o no puede crecer más allá de los límites de lo mundano, de lo chato, de la simple supervivencia. Este hombre compone el estrato inferior de la sociedad y su capacidad de cambio está mutilada por sus mismas limitaciones, culturales y volitivas.
En las antípodas de este hombre está el hombre idealista, que es el hombre que tiene la suficiente imaginación para concebir ideales, y con el impulso de la voluntad y bajo la conciencia de su libertad, seguir esos ideales y modificar o hacer la realidad. Este es el hombre superior y quien permanentemente lucha contra la rémora que está debajo suyo en la escala socio-ontológica, y sobre el hombre inferior; ese es el hombre mediocre.
El hombre mediocre es rutinario, prejuicioso, doméstico. Vive en una complacencia absoluta que entiende como verdad única e incuestionable. Todo lo que amenace su statu quo le es repulsivo, extraño. Este hombre configura, en el aglomerado de su crasa existencia, el esquema social propicio para que el poder se sirva de él y se ejerza mediante la influencia y la manipulación.
Las fuerzas morales
Se trata de un compendio de escritos de José Ingenieros publicados en revistas y periódicos entre 1918 y 1923, cuyo fin el que funcionen como una guía laica para la juventud, donde el autor discute contra la “anticuada” metafísica y los “espiritualismos” en boga en aquellos años. Sin embargo, la finalidad de Las fuerzas morales consiste en un puntal para el individuo que necesita sostener un valor moral regente de sus actos y que marca un sentido a su destino, al individuo que trata de superar la viscosa atmósfera de la mediocridad, descrita en el libro anterior.
Así, en esta reedición doble, el pensamiento de José Ingenieros aparece en El hombre mediocre, como una descripción de la situación humana y social, actual en nuestros días merced a su rico contenido filosófico; y en Las fuerzas morales, el conato ético, basado en aquella descripción, de una apertura hacia la realidad y su diversa posibilidad, con la variada temática de la misma existencia.
Finalmente, decimos con Borges: ni la religión ni el cansancio, sino la filosofía y el pensamiento, para releer a José Ingenieros.
© LA GACETA
CÉSAR DI PRIMIO
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