11 Febrero 2004 Seguir en 
La Paz.- Transportistas y funcionarios del gobierno del presidente Carlos Mesa retomaron el diálogo para intentar solucionar el paro de 48 horas iniciado ayer por los choferes, en protesta por la política de precios para los combustibles. Mesa consideró injusto el paro de los choferes del transporte de cargas y de pasajeros en rechazo a la anunciada desregulación de precios de los combustibles y otras medidas que, según los gremialistas, afectarán los costos del sector.
Este paro se constituyó en el conflicto social con mayor repercusión desde que Mesa asumió la jefatura del Estado en octubre de 2003, luego de que una rebelión popular forzó la renuncia del hasta entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
Sin condiciones
Ayer por la mañana, cuando la medida de fuerza ya era efectiva, el ministro de la Presidencia, José Galindo, informó que había invitado a los sindicalistas del sector a reiniciar el diálogo, lo que fue aceptado. "Iremos al diálogo sin condiciones", dijo Angel Villacorta, titular de la Confederación de Choferes de Bolivia. No obstante, el dirigente aclaró que si no hubiera acuerdo con el gobierno, el gremio hará un nuevo paro por 72 horas desde el próximo martes y que el paso siguiente sería una huelga por tiempo indefinido.
Por su parte, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) advirtió que la huelga de los transportistas es sólo el comienzo de una protesta social a gran escala contra la "política criminal" del gobierno. "El paro iniciado ayer es una lección para que Mesa entienda que no lo hemos puesto ahí para que le siga haciendo caso al Fondo Monetario Internacional, sino para que lleve adelante la revolución que el pueblo espera", dijo el vocero de la COB.
Mesa afronta este conflicto en momentos en que redobla su ofensiva diplomática a nivel internacional en favor de la reivindicación marítima de Bolivia. El país andino perdió su acceso al mar tras la Guerra del Pacífico (1879-83) con Chile. (Télam)
OPINION
Para llegar al mar se necesita la calma
Por: Enrique Fernández Longo
BUENOS AIRES.- Que Bolivia recupere su salida al mar suena tan bien para los bolivianos como decir "hay que amar a la madre". La forma de conseguirlo ya es otro cantar. La búsqueda del heroísmo suele ser una forma efectiva de aglutinar voluntades. Por un tiempo, el "enemigo común" provoca la ilusión de que no hay conflictos internos, y que si los hay serán superados a través de la gesta gloriosa. La manera más seductora de hacerlo es generarle miedo al supuesto adversario para que ceda posiciones, y aumentar la autoestima por medio del coraje. Pero no se advierte que esta acción puede engendrar un proceso reactivo similar del otro lado.
De tal modo, como deslizándose por un tobogán aceitado, las partes se apropian en forma excluyente de las razones de justicia, de la historia, de los derechos adquiridos. La vieja disputa entre Chile y Bolivia parece transitar actualmente en este contexto, acotando las posibilidades de diálogo para resolver el litigio. Chile reclama que se restablezcan las relaciones diplomáticas para hacerlo. Pero Bolivia quiere discutir primero su tema vital, para ver si tiene sentido retomar los vínculos diplomáticos.
El peor escenario
Bolivia intenta internacionalizar el conflicto y Chile, aunque no públicamente, está haciendo otro tanto. Los potenciales aliados de ambos bandos seguramente tratarán de que no los atrape el conflicto. Bolivia tiene una situación interna por de más compleja, y comunidades diferentes, no integradas, que podrían tentarse por la acción directa para recuperar el mar. Chile, con fuerte apoyo externo, podría adoptar en el caso extremo y menos deseado el rol de país agredido que debe defenderse. Podemos imaginar lo que seguiría.
Nuestras sociedades son cada vez más interdependientes, por eso es mejor tener negociadores creativos que luchadores y guerreros de batallas pírricas.
Este paro se constituyó en el conflicto social con mayor repercusión desde que Mesa asumió la jefatura del Estado en octubre de 2003, luego de que una rebelión popular forzó la renuncia del hasta entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
Sin condiciones
Ayer por la mañana, cuando la medida de fuerza ya era efectiva, el ministro de la Presidencia, José Galindo, informó que había invitado a los sindicalistas del sector a reiniciar el diálogo, lo que fue aceptado. "Iremos al diálogo sin condiciones", dijo Angel Villacorta, titular de la Confederación de Choferes de Bolivia. No obstante, el dirigente aclaró que si no hubiera acuerdo con el gobierno, el gremio hará un nuevo paro por 72 horas desde el próximo martes y que el paso siguiente sería una huelga por tiempo indefinido.
Por su parte, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) advirtió que la huelga de los transportistas es sólo el comienzo de una protesta social a gran escala contra la "política criminal" del gobierno. "El paro iniciado ayer es una lección para que Mesa entienda que no lo hemos puesto ahí para que le siga haciendo caso al Fondo Monetario Internacional, sino para que lleve adelante la revolución que el pueblo espera", dijo el vocero de la COB.
Mesa afronta este conflicto en momentos en que redobla su ofensiva diplomática a nivel internacional en favor de la reivindicación marítima de Bolivia. El país andino perdió su acceso al mar tras la Guerra del Pacífico (1879-83) con Chile. (Télam)
OPINION
Para llegar al mar se necesita la calma
Por: Enrique Fernández Longo
BUENOS AIRES.- Que Bolivia recupere su salida al mar suena tan bien para los bolivianos como decir "hay que amar a la madre". La forma de conseguirlo ya es otro cantar. La búsqueda del heroísmo suele ser una forma efectiva de aglutinar voluntades. Por un tiempo, el "enemigo común" provoca la ilusión de que no hay conflictos internos, y que si los hay serán superados a través de la gesta gloriosa. La manera más seductora de hacerlo es generarle miedo al supuesto adversario para que ceda posiciones, y aumentar la autoestima por medio del coraje. Pero no se advierte que esta acción puede engendrar un proceso reactivo similar del otro lado.
De tal modo, como deslizándose por un tobogán aceitado, las partes se apropian en forma excluyente de las razones de justicia, de la historia, de los derechos adquiridos. La vieja disputa entre Chile y Bolivia parece transitar actualmente en este contexto, acotando las posibilidades de diálogo para resolver el litigio. Chile reclama que se restablezcan las relaciones diplomáticas para hacerlo. Pero Bolivia quiere discutir primero su tema vital, para ver si tiene sentido retomar los vínculos diplomáticos.
El peor escenario
Bolivia intenta internacionalizar el conflicto y Chile, aunque no públicamente, está haciendo otro tanto. Los potenciales aliados de ambos bandos seguramente tratarán de que no los atrape el conflicto. Bolivia tiene una situación interna por de más compleja, y comunidades diferentes, no integradas, que podrían tentarse por la acción directa para recuperar el mar. Chile, con fuerte apoyo externo, podría adoptar en el caso extremo y menos deseado el rol de país agredido que debe defenderse. Podemos imaginar lo que seguiría.
Nuestras sociedades son cada vez más interdependientes, por eso es mejor tener negociadores creativos que luchadores y guerreros de batallas pírricas.







