"La Escuelita" de Famaillá será espacio de memoria y promoción de los derechos humanos

El centro clandestino de detención, el primero del país, fue abierto durante el Operativo Independencia. Por allí pasaron cerca de 2.000 personas, que fueron secuestradas, torturadas y muchas de ellas desaparecidas. Videob

LA GACETA / HÉCTOR PERALTA LA GACETA / HÉCTOR PERALTA
13 Noviembre 2015
El "Operativo Independencia", lanzado durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, hizo de Tucumán el laboratorio en el que se probaron los métodos represivos que un año después se impondrían en el resto del país. Y los primeros ensayos de ese sistema se hicieron en un edificio que estaba destinado a la educación: la "Escuelita de Famaillá".

La recuperación de ese lugar (que fue el Comando de Operaciones a cargo del general Acdel Vilas) como espacio de memoria es un proceso que se viene gestando desde hace años y que llevará tiempo completar, pero cuya marcha toma velocidad a partir de la declaración como "Lugar Histórico Nacional".

María Coronel, quien estará al frente del sitio, en representación de de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, comentó que este proyecto comenzó a tomar forma hace años a partir del trabajo de la "Mesa de Consenso", que integran H.I.J.O.S, la Comisión por la Memoria del Sur Tucumano, sobrevivientes de ese centro clandestino, la CTA, las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de la Provincia, el Ministerio de Educación de Tucumá y de la Nación, el Giget y la secretaría de Derechos Humanos de la Cámpora, entre otras organizaciones.

Los trabajos para la puesta el valor del edificio comenzarán lo más pronto posible y que se espera para diciembre poder instalar la cartelería en el ingreso como "Lugar Histórico", dijo Coronel. "El proyecto es que sea un espacio para la recuperación de la memoria, pero también para la promoción de los derechos humanos", insistió.

Construida entre 1972 y 1974, desde febrero de 1975 hasta el golpe de Estado de marzo de 1976 funcionó como centro clandestino de detención, por el que pasaron alrededor de 2.000 personas que fueron detenidas ilegalmente, sometidos a tormentos y vejámenes, sin una acusación formal, sin que mediara la intervención de un abogado y sin que sus familiares supieran dónde estaban. En muchos casos, esos hombres y mujeres fueron asesinados y sus cuerpos nunca encontrados.

El lugar volvió a funcionar como escuela en 1978, y la sala donde -en base a los testimonios de sobrevivientes- se perpetraban las torturas y el patio donde se cree que están enterrados los restos de personas desaparecidas, se llenaron de voces de niños que iban a clases. 

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