
Por Juan José Fernández - Para LA GACETA - BUenos Aires
La semana pasada, la Academia Sueca sorprendió, una vez más, otorgando el Premio Nobel de Literatura a una autora que no figuraba en las listas de grandes favoritos, dueña de una obra relativamente escasa (solo seis libros publicados) y concentrada en un género híbrido (con un pie en el periodismo y otro en la literatura) como es la crónica. Para los argentinos se trata de un nombre prácticamente desconocido. En nuestro país solo puede conseguirse en pocas librerías y en tiendas virtuales Voces de Chernobyl, su único libro traducido al castellano y editado en 2009.
En este texto coral, que reúne y combina los testimonios de víctimas directas e indirectas de la explosión en la central nuclear, pueden encontrarse las señas características de la periodista y escritora bielorrusa, dedicada a rescatar las pequeñas historias que ofrecen el costado humano y denuncian los maquillajes oficiales de las grandes tramas.
Alexiévich recorrió la zona de Chernoby durante diez años, en los que entrevistó a más de 500 afectados y testigos del desastre. El libro les da voz a los borrados de una historia que generó decenas de miles de hombres y mujeres con secuelas permanentes por la radiación, niños nacidos con malformaciones e infinidad de abortos. El resultado es un conmovedor fresco sobre la desgracia, el miedo, la identidad y el sufrimiento.
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Juan José Fernández - Crítico literario y cinematográfico.








