17 Agosto 2015 Seguir en 
El final del Gobierno de la presidenta Cristina Fernández coincide con el deterioro significativo de uno de los pilares de la política económica posconvertibilidad: un tipo de cambio real competitivo y estable. Uno de los más afectados fue el sector agropecuario, en el que se advierte una erosión del tipo de cambio real que se manifiesta en la rentabilidad negativa que muestran numerosas producciones regionales, incluyendo en ese conjunto a actividades tradicionales de la Argentina como el trigo, el maíz, la lechería e, incluso, la soja (excluyendo a la zona núcleo), observa un reporte de Finsoport.
Ese panorama microeconómico de la competitividad argentina colocará presión sobre la macroeconomía en los próximos meses, advierte la consultora que dirige el ex viceministro de Economía, Jorge Todesca. El déficit de rentabilidad, o directamente la situación de pérdidas, se traducirá en una reducción de la oferta exportable de alimentos y sus derivados, lo que implicará menores ingresos por exportaciones durante los primeros meses de 2016, puntualiza.
De acuerdo con el reporte al que accedió LA GACETA, el panorama es complejo y urgente de resolver. “Si el próximo Gobierno tiene por objetivo recomponer la competitividad del sector agropecuario y de las economías regionales, sin recurrir a una devaluación considerable, deberá concentrarse en modificar el esquema de retenciones, reintegros y restricciones a las exportaciones”, indica.
Esa medida no sería inocua, dado que tendría efectos adversos no sólo en materia fiscal (por la pérdida de ingresos en concepto de derechos de exportación) sino también en lo que se refiere a la inflación (si se liberan los precios internos del maíz y, fundamentalmente, del trigo).
En consecuencia, remarca la consultora privada, deberán buscarse simultáneamente mecanismos compensatorios, que permitan transitar hacia un nuevo escenario manteniendo el equilibrio entre productores y consumidores.
Ese panorama microeconómico de la competitividad argentina colocará presión sobre la macroeconomía en los próximos meses, advierte la consultora que dirige el ex viceministro de Economía, Jorge Todesca. El déficit de rentabilidad, o directamente la situación de pérdidas, se traducirá en una reducción de la oferta exportable de alimentos y sus derivados, lo que implicará menores ingresos por exportaciones durante los primeros meses de 2016, puntualiza.
De acuerdo con el reporte al que accedió LA GACETA, el panorama es complejo y urgente de resolver. “Si el próximo Gobierno tiene por objetivo recomponer la competitividad del sector agropecuario y de las economías regionales, sin recurrir a una devaluación considerable, deberá concentrarse en modificar el esquema de retenciones, reintegros y restricciones a las exportaciones”, indica.
Esa medida no sería inocua, dado que tendría efectos adversos no sólo en materia fiscal (por la pérdida de ingresos en concepto de derechos de exportación) sino también en lo que se refiere a la inflación (si se liberan los precios internos del maíz y, fundamentalmente, del trigo).
En consecuencia, remarca la consultora privada, deberán buscarse simultáneamente mecanismos compensatorios, que permitan transitar hacia un nuevo escenario manteniendo el equilibrio entre productores y consumidores.







