Breves contratiempos del viaje gasolero

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 02 Febrero 2015
Llegan amontonados en ómnibus de larga distancia de origen incierto. El precio del pasaje es tentador para los jóvenes y sus padres: $1.500 de Tucumán a Villa Gesell, ida y vuelta (un poco más a Mar del Plata). Acuerdan por Facebook o Whatsapp la salida, que puede ser desde el parque Avellaneda o el 9 de Julio, y por Whatsapp acordarán el punto de encuentro en las ciudades costeras para el regreso.

- ¿Pero qué empresa los trajo? ¿Tenía inscripción el ómnibus? ¿Tenía seguro? - les preguntamos.

- Dicen que tiene seguro. El viaje lo organizó un chico amigo, hijo de un empresario. Tiene mucha plata. Se compró dos colectivos para invertir - nos responden.

De acuerdo a los viajeros, en el parque Avellaneda había cinco colectivos de dos pisos, cargados de adolescentes entusiastas y de parejas -algunas con bebés- en busca de vacaciones accesibles en la playa.

Pero hay que estar dispuesto a la coyuntura de la travesía. Apenas arranca el colectivo, los más adolescentes, ubicados en la parte alta, comienzan a cantar y las botellas de Fernet y coca aparecen como por arte de magia. Cantos y risas acompañan todo el recorrido hasta que, en medio de la noche, el chofer detiene el vehículo y les da una advertencia: -¡Se bajan todos! ¡Esto no es un viaje de estudiantes! ¡No seguimos si no se callan! - Hace bajar seis cajones de bebidas, los adolescentes se mandan a silencio y terminan durmiéndose hasta entrada la mañana.

Sólo hay dos descansos en paradores. No se sabe si son acuerdos de los empresarios o de los chofes, pero están esperando a los viajeros. Comida buffet según el peso, por $ 20 los 100 gramos, con una pequeña trampa: los platos de losa se incluyen en la balanza, por lo que los jóvenes hambrientos se llevan la sorpresa y pagan con resignación unos $ 200 por plato. Igual había que comer en un viaje de 21 horas, pero -dicen- adiós ahorros antes de llegar.

A la siesta es la llegada. Las playas están llenas de policías por el Operativo Sol. Y en las entradas a cada ciudad en la ruta 11 tienen contingentes de control a automovilistas. Son atentos con los turistas y condescendientes con los ómnibus atestados de juventud bulliciosa. Pero no falta el aprovechador que sube al colectivo y por el micrófono da la advertencia: - Una nueva ordenanza de Villa Gesell prohíbe llevar botellas en los bolsos. Así que si no quieren que se haga una revisión de valijas tienen que pagar una multa - les dice.

Los chicos deciden hacer a vaquita. Unos 40 viajeros ponen $20 cada uno, entregan la “multa” y siguen viaje hasta la rotonda de Buenos Aires y boulevard, donde de verdad comenzarán las vacaciones.

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