07 Diciembre 2003 Seguir en 
En el lenguaje de la economía moderna, se considera que es parte de la población activa sólo aquél que participa de la producción social que se destina al intercambio. En este marco, el mercado de trabajo se reduce al sector organizado de la actividad económica, dejando fuera de actividad no sólo a los desempleados sino también a todo el sector informal de la economía real.
El sector organizado comprende a los asalariados, sindicalizados o no; a los trabajadores a domicilio y a los que trabajan por cuenta propia. Si sumamos a estas categorías las que pertenecen a la economía informal, integrando además el deseo de trabajar de todos los que están desempleados, la complejidad del mundo del trabajo en las economías modernas aparece en toda su dimensión.
A partir de la finalización de la segunda guerra mundial esta complejidad se ha venido reduciendo en la imagen colectiva del mundo del trabajo, hasta desembocar en la idea de un trabajo tipo convertido, en norma más o menos universal, de las economías modernas. Este empleo tipo se desarrolla en una empresa, pública o privada, en el marco de un contrato de trabajo de largo plazo que estipula claramente los derechos y deberes de todas las partes.
La puja distributiva en condiciones de alto crecimiento económico con pleno empleo que caracterizó a los treinta años que siguieron a la guerra, permitió que los países económicamente más avanzados incorporaran mejoras continuas no sólo en las oportunidades de trabajo abiertas a los trabajadores, sino también, y sobre todo, en las condiciones concretas de dignidad y decencia del trabajo defendidas por instituciones clave como la Organización Internacional del Trabajo.
La crisis actual del sistema de trabajo atañe justamente a este empleo tipo. No es el trabajo en sí el que entró en crisis. Lo que ocurre es que no hay empleo tipo suficiente para todos los que ofrecen su fuerza de trabajo, el único recurso con que cuenta la mayoría de la gente para participar de manera activa en una economía centrada en el intercambio.
Es importante revalorizar la imagen social de muchos trabajos que pueden dar empleo útil a trabajadores potenciales que no tienen cabida en el sector organizado, público o privado. Existe una gran variedad de empleos destinados al servicio de las personas que pueden canalizarse a través del tercer sector, integrado por organizaciones privadas sin fines de lucro. Si en particular desde el gobierno provincial se puede encarar este problema con mente abierta, sin prejuicios ni pesimismos prematuros, se encontrarían respuestas creativas y válidas ante el desempleo.
El sector organizado comprende a los asalariados, sindicalizados o no; a los trabajadores a domicilio y a los que trabajan por cuenta propia. Si sumamos a estas categorías las que pertenecen a la economía informal, integrando además el deseo de trabajar de todos los que están desempleados, la complejidad del mundo del trabajo en las economías modernas aparece en toda su dimensión.
A partir de la finalización de la segunda guerra mundial esta complejidad se ha venido reduciendo en la imagen colectiva del mundo del trabajo, hasta desembocar en la idea de un trabajo tipo convertido, en norma más o menos universal, de las economías modernas. Este empleo tipo se desarrolla en una empresa, pública o privada, en el marco de un contrato de trabajo de largo plazo que estipula claramente los derechos y deberes de todas las partes.
La puja distributiva en condiciones de alto crecimiento económico con pleno empleo que caracterizó a los treinta años que siguieron a la guerra, permitió que los países económicamente más avanzados incorporaran mejoras continuas no sólo en las oportunidades de trabajo abiertas a los trabajadores, sino también, y sobre todo, en las condiciones concretas de dignidad y decencia del trabajo defendidas por instituciones clave como la Organización Internacional del Trabajo.
La crisis actual del sistema de trabajo atañe justamente a este empleo tipo. No es el trabajo en sí el que entró en crisis. Lo que ocurre es que no hay empleo tipo suficiente para todos los que ofrecen su fuerza de trabajo, el único recurso con que cuenta la mayoría de la gente para participar de manera activa en una economía centrada en el intercambio.
Es importante revalorizar la imagen social de muchos trabajos que pueden dar empleo útil a trabajadores potenciales que no tienen cabida en el sector organizado, público o privado. Existe una gran variedad de empleos destinados al servicio de las personas que pueden canalizarse a través del tercer sector, integrado por organizaciones privadas sin fines de lucro. Si en particular desde el gobierno provincial se puede encarar este problema con mente abierta, sin prejuicios ni pesimismos prematuros, se encontrarían respuestas creativas y válidas ante el desempleo.







