El concepto de valor agregado ahora incluye el conocimiento

El empresario aseguró que la importancia de la soja está en lo que significa como símbolo de lo que se debe hacer en el país.

07 Diciembre 2003
Durante una breve visita por Tucumán, para dar una charla sobre "La competitividad en la sociedad del conocimiento", el empresario bonaerense Gustavo Grobocopatel, dialogó con LA GACETA sobre los nuevos conceptos en los que se basa la producción y sobre la soja como símbolo del camino que debería tomar la Argentina para desarrollar sus potencialidades económicas.

- ¿Cómo explica la sociedad del conocimiento?
- Es un nuevo concepto. En una crisis tan tan impresionante como la que se vivió, uno piensa que se va a mover algo; que va a haber cambios - institucionales y de otros tipos- . Los cambios son tan veloces en el mundo que el perdedor se puede transformar rápidamente en ganador. Entonces, lo importante no es el cambio sino cómo uno se va a preparar para mañana. En la sociedad del conocimiento, esto significa entender por qué nos pasa lo que nos pasa, es decir, tener el diagnóstico para luego, planificar la estrategia.

- ¿De qué manera ilustra eso el proceso de desarrollo de la soja?
- Lo importante de la soja no es la plata que uno puede obtener por la comercialización, y que queda solamente en el sector, sino lo que significa como símbolo de lo que debe hacer el país. Es un ejemplo de un complejo competitivo. Tenemos que saber qué pasó para que la soja se transforme en lo que es hoy.

- Pero la soja sigue siendo una producción primaria.
- Ese es un concepto antiguo, que pertenece a la sociedad industrial, donde las cosas que más se transformaban eran las que tenían valor agregado. Cuanto más cambios tenía el producto, más valor agregado se le adjudicaba. En cambio, el concepto de valor agregado en una sociedad de conocimiento está referido a los conocimientos almacenados en los productos. Esto quiere decir cuánto de conocimiento se aplicó para llegar a ese producto. La soja es un grano que tiene muchos conocimientos envasados: la biotecnología, los sistemas de siembra, los sistemas satelitales, todos los aspectos organizacionales y hasta los pulsos telefónicos que se emplean en el complejo proceso de producción de la soja.Quiero decir que no hay que considerar a la soja como un elemento primario porque, de esa manera, todos los conocimientos que están envasados en la soja y todo lo que se usa para hacer soja parecería que finalmente llevan a un producto deplorable y no es así.

- Sin embargo, ¿no tendría mayor rentabilidad la soja transformada?
- Lo veamos así: del total de soja que se produce en la Argentina, el 95% se exporta. De ese porcentaje, el 85% se exporta como aceite o como harina proteica. Por supuesto que se podría avanzar más y transformarla en carne de aves o de cerdos. Esto es un desafío, pero en el mundo no jugamos solos y existen barreras proteccionistas. Si se exporta la soja en granos se paga arancel cero; si se exporta aceite, se paga un arancel del 20% pero si se exporta un aderezo para ensalada, empaquetado, se paga un 150 % de arancel. No se puede exportar lo que uno quiere sino lo que los demás permiten.

- ¿Cómo se entiende la competitividad en la sociedad del conocimiento?
- Es una competitividad estructural, que se basa en los conocimientos tecnológicos. Actualmente, en lo que es agricultura pura, plantar la semilla es lo menos importante. Por ejemplo, un kilo de carne argentina en un supermercado español cuesta más que el kilo de Mercedes Benz en una concesionarias del Corte Inglés. También podemos ver que el precio de las las computadoras ha caído en un 40%, en cambio, el precio del trigo no ha caído. Esto quiere decir que hay ciertas cosas que pueden valer mucho pero hay otras cosas que la gente valora más.

- ¿Es decir que el campo puede generar tanta riqueza como la industria?
- Creo que nos encontramos en la Argentina con un problema de modelos mentales antiguos y de percepciones antiguas. En Australia no fue así, ni tampoco en Canadá ni en Nueva Zelanda, que son países ricos a partir del agro y de la agroindustria. No hemos sabido hacer riqueza con nuestro agro y con nuestra agroindustrial. Al contrario, el campo se ha empobrecido sistemáticamente. Esto es como una invitación a repensar en serio la generación de riqueza.

- ¿Hasta donde vamos a ir con el mercado de la soja?
- Es el mercado más previsible que hay. Si nosotros no podemos sostener el liderazgo de la soja no tenemos destino. Hay que entender como es este proceso. La soja es un ejemplo para mirar y estudiar. Por qué podemos ser competitivos. La tasa de aumento de la demanda de la soja está prevista de acá a 20 años; hoy es una especie de maná, es la base de la alimentación de las aves, de los cerdos y del ganado vacuno. La fuente de proteínas es la soja. Los animales no pueden sintetizar y producir los aminoácidos esenciales. La soja les da eso. Si se tiene en cuenta lo que va a consumir en el futuro China, la India, el sudeste asiático, Europa y, un poco menos, Africa se pueden sacar las cuentas. Hoy se consumen 800.000 toneladas de harina; en 20 años se van a consumir 3.000 millones de toneladas. ¿Y de dónde va a salir esa soja? La China ya no puede producir más, Estados Unidos tampoco. Quedan Brasil y Argentina. Son las únicas alternativas. Tenemos asegurado por dos décadas el mercado de la soja porque es irreemplazable.

- ¿Qué hay que hacer para producir soja en forma sustentable?
- La soja es un cultivo. No hacemos soja. Hacemos sistemas de producción. Se emplea la siembra directa en rotación con trigo, maíz, con un balance de nutrientes. Hoy podemos asegurar que el suelo, con el uso, se mejora. Es un quiebre de paradigma. Yo fui docente de conservación de suelos en la Universidad de Buenos Aires. Fui investigador. El paradigma nuestro era que había que hacer rotación con pasturas, pero la siembra directa permite que se mejore el uso, que aumente la materia orgánica y la biodiversidad del suelo.

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