El vendaval le arrancó las raíces a Yerba Buena

Los 20 minutos que duró el viento y la tormenta derribaron árboles y postes en la "ciudad jardín". Afortunadamente, los daños fueron únicamente materiales y no hubo que lamentar víctimas. Algunos autos y propiedades quedaron aplastados. En el shopping Solar del Cerro cayó un árbol sobre un bar. Las autoridades hablan de "un milagro". El día después

02 Nov 2013

Fueron 20 minutos, o menos quizás, pero lo suficientemente intensos como para que la avenida Aconquija quedara como si hubiese pasado un huracán. Primero comenzó a correr un viento fuerte, luego se puso todo negro y le siguió el estruendo. Así relatan los propietarios de comercios y de casas de Yerba Buena la secuencia que vivieron antenoche durante la tormenta. Esto sucedió entre las 22.30 y las 22.50 del jueves. La fuerza de la naturaleza atravesó el Municipio, dejando árboles, postes del alumbrado y de teléfono en el piso. Después continuó lloviendo un rato más.

Ayer por la mañana varias cuadrillas de municipales trabajaban en distintos puntos de la avenida. En cada sitio la postal era más o menos la misma: dos o tres hombres trepados en un árbol retiraban ramas con la motosierra, otros desde abajo indicaban dónde cortar y cargaban la leña que iba cayendo; los propietarios miraban con cara de resignación y hablaban por celular. Mientras tanto, los vecinos que pasaban sacaban fotos con sus teléfonos, algunos se animaban a frenar y repetían, casi instintivamente "¡nooo, qué garrón!" (o algún equivalente) y seguían camino.

El viento le hizo el favor a los candidatos que participaron de la última contienda electoral porque arrancó sus gigantografías, dejando el esqueleto metálico de los carteles al descubierto. No se salvaron algunas paradas de ómnibus y la cartelería ubicada en la vereda. Todo lo que estaba un poco flojo se quebró y se desplomó.

Unos $150.000
En avenida Aconquija y Las Rosas, el dueño de una camioneta Porsche modelo 2008 se quería morir. "Cuando comenzó a llover la subí al jardín delantero de la casa porque no entra en el garage y le puse unos cartones pensando en el granizo", explicó. Lo que nunca se imaginó es que los cartones no servirían para proteger el lujoso vehículo del daño que le ocasionó un poste del tendido eléctrico que se derribó tras la tormenta. Con acertada puntería la mole de hormigón impactó en el capot de su preciada camioneta. "De milagro enciende, pero se rompió uno de los faros y gran parte de la carrocería delantera. Ya averigüé en la empresa y arreglarlo costará unos $150.000", explicó. Él confía en que el seguro que tiene alcance a cubrir este monto.

Más adelante en la avenida, Andrés Vilela, dueño de un salón que funciona en Aconquija y Colombia, tuvo que suspender los eventos del fin de semana. Un lapacho se desprendió de raíz y en la caída empujó tres postes de hormigón y uno del alumbrado público. Cayeron en el jardín delantero y aplastaron las rejas, el portón y un equipo de aire acondicionado. "Estaba entrando agua por todos lados. Corrí a guardar el auto y cuando quise salir a cortar el medidor ya estaban los cables en el piso. El árbol se había desplomado, pero no sentí el ruido. Fueron cinco minutos, no más", explicó. El cablerío cruzaba la avenida, así que esto obligó a los automovilistas a frenar en seco y dar media vuelta. Los ómnibus decidieron estacionar a un costado y esperar. "Algunos conductores se subían a la vereda, y los colectivos comenzaron a amontonarse", agregó.

El Pacará que le daba sombra a la panadería Villecco, en Aconquija al 1.300, terminó aplastándole el cartel, el techo y levantado la vereda. Desde la platabanda, su dueño miraba cómo una dotación de empleados municipales, comandados por Diego Acevedo, subdirector de Obras Públicas, cortaba en trozos el árbol que tenía más de 30 años. Más de dos camiones se iban a necesitar para trasladar toda esa leña hasta el basurero municipal. Los daños materiales todavía no se podían calcular porque había que ver cómo estaba el techo, pero lo que más lamentaba era la falta de luz. Gran parte del mobiliario del local son heladeras repletas de masas, tartas, tortas y sándwiches. Algunos municipales pronosticaban que la energía eléctrica volvería durante el fin de semana, pero los operarios de EDET apuntaban al martes. Ese día, calculan, terminarán de reponer el cableado, instalar nuevos postes y reparar los transformadores.

El capitán en su barco
El quiosco de chapa de Lucas Argañaraz Córdoba tiene -o tenía- una entrada de luz natural en el techo. Está ubicado sobre la vereda de Aconquija al 1.800, a la entrada de la galería Los Troncos. "Eran las 22.45 y la lluvia era muy fuerte, pero no queríamos abandonar el barco. Además pensábamos que aquí estaríamos seguros", contó Facundo Romaña Ratkovic, que estaba trabajando ahí junto con Facundo Suárez cuando un poste se desplomó sobre el comercio. "Se cortó la luz y sólo se veían las chispas de los cables que quemaron parte del quiosco y la vereda", contaban mientras mostraban una aureola negra en la vereda. Saben que si el poste hubiese caído unos centímetros más adentro la historia podría haber sido trágica. Sin embargo, uno de ellos terminó sólo con un raspón en el brazo.

Ni siquiera el interior del shopping Solar del Cerro se salvó del ventarrón. Dos árboles ubicados en el patio central aplastaron parte de la confitería Calandria.

A todos los protagonistas les resultó increíble que entre tantas ramas, árboles y postes desplomados no haya sucedido una tragedia. Muchos entrevistados destacaron esto, especialmente Marcelo Tannuré, dueño del hotel boutique Don Abel. En el jardín delantero las raíces de un añoso pino estaban a la intemperie. Durante la caída rozó una camioneta que circulaba por calle Güemes con la intención de protegerse en el estacionamiento del shopping. "Iba con un bebé de tres meses en la sillita del asiento trasero", comentó Tannuré. Por supuesto, nunca llegó, pero no le pasó nada.

Los 20 minutos de ventarrón y agua han dejado un escenario de ciencia ficción en la "ciudad jardín" y las secuelas tardarán semanas en repararse.

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