"El artista está con Dios y el político, con el diablo"

Emilia Mazer presenta "Buscando a Madonna", un unipersonal que -según dice- representa al argentino

01 Noviembre 2013
"Te confieso algo -dice Emilia Mazer y su tono de voz se vuelve confidencial-. Me pone nerviosa hacer esta función porque en Tucumán el público es muy exigente y debo estar a la altura de las circunstancias. Es mucha responsabilidad ir solita, con mi espectáculo al hombro". Y en verdad Mazer se ha cargado al hombro "Buscando a Madonna", el unipersonal que presentará hoy en nuestra provincia, porque no sólo lo protagoniza, sino que también lo codirige junto con Carlos Demartino y ha adaptado el guión a partir de la novela homónima de Enrique Medina. "Es una obra con la que creo que contribuyo a algo, que facilito cierta comprensión sobre la realidad en la que vivimos, y eso me da sentido como actriz. Me hace sentir que es bueno haber elegido esta profesión".

- ¿Cuál es la historia detrás de Lucy, tu personaje?

- Lucy es una adolescente de 16 años cuyo sueño de parecerse a Madonna constituye un refugio en su vida, bastante opuesta a la de su ídola. Ella reparte estampitas de San Cayetano en el colectivo y en un viaje le cuenta a los pasajeros, que son los espectadores, cómo fue su crianza, su vida y sus vínculos más cercanos. A su vez, con cierto desparpajo e inocencia, analiza el entorno en el que vive, todo con una mirada humorística y para nada autocompasiva; tiene la capacidad de reírse de sí misma. Ella también sueña, a través de Madonna, convertirse alguna vez en Evita y hacer algo por los más necesitados.

- ¿Hay una preparación especial para representar a una adolescente?

- La misma que para otros personajes. La gente me tiene como intelectual, pero yo soy cero intelectual, sino que me entreno mucho física y actoralmente. Lo que requiero para Lucy es un gran entrenamiento físico, no por componer a una pendeja, sino porque me muevo sin parar durante una hora mientras voy hablando. Entonces necesito mucho oxígeno, elongación y velocidad de reacción.

- ¿Cómo readaptaste el guión desde la primera vez que hiciste la obra, en 1994?

- La adaptación es constante. Medina escribió la novela y yo la adapté para teatro. Me tomé una gran libertad para estructurar el espectáculo e imaginar cómo contarlo, así se me ocurrió lo del viaje en colectivo. Hay otros cambios que hago todas las semanas, porque durante el show hablo con el público y para eso leo noticias del día, de las cuales Lucy opina. Por otro lado, hay muchas cosas que cambiaron desde los 90 hasta ahora: no sólo las circunstancias históricas sino también el lenguaje, porque hoy una adolescente de ese estrato social habla muy distinto a cómo lo hacía hace 10 o 20 años. También fui cambiando la forma de bailar y las canciones: ahora son más actuales, salvo "La isla bonita". Lo mismo con el look. Hace 20 años la estrené con el pelo rapadito plateado que usaba Madonna en ese entonces, ahora se parece más al look actual, rubio y pelo largo, aunque sin parecerse al mío. Lucy está mal teñida, con raíces negras, porque ella intenta parecerse a su ídola con los recursos que tiene, que son limitados.

- ¿Qué es lo más disfrutás de hacer un unipersonal?

- Hace poco una actriz española que está trabajando acá y que también hace un unipersonal me contaba los síntomas físicos que tiene antes de subir al escenario y las ganas de irse a la casa que le dan... y me sentí totalmente identificada. Es muy fuerte tener la mochila de un espectáculo sola. Me produce no una cuestión de placer, pero sí siento que estoy en mi sitio. Uno hace lo que hace por muchos motivos, pero cuando cree que está contribuyendo a algo -por lo menos creerlo, no digo que ocurra- a mí me da sentido. Generalmente esta profesión nos pone entre la frivolidad y el compromiso profundos. Siento que hoy hay una confusión cuando los actores exponen sus tendencias políticas, como si enunciar eso implicara un compromiso. Uno a veces puede estar comprometido sin banderas políticas o sin hacerlo público. Siempre he sentido que el artista está con Dios y el político con el diablo. Hay algo del orden social en lo artístico que se me unifica cuando hago ciertas cosas, sin necesidad de meterme en política, de hacer publicidad o de obtener algún beneficio a cambio. Obviamente este es un espectáculo y el objetivo es entretener, pero bueno, si puedo creer que hago algo sobre la realidad a través de la profesión que elegí hacer, eso me hace sentir viva y joven.

- ¿Qué mensajes creés que deja la obra al público?

- Es un espectáculo llevadero por el humor y con un mensaje de vida muy positivo y esperanzador. Yo siempre digo que la de Lucy es la historia de una argentina. Me parece que lo que resuena es absolutamente propio, más allá de la edad de los espectadores, porque la obra no es para gente de una sola edad.

- ¿En qué proyectos estás trabajando, mientras tanto?

- Estamos ensayando para estrenar "La laguna dorada" en Mar del Plata, a fines de diciembre. También grabé capítulos sueltos de dos unitarios de televisión, que saldrán entre este año y el próximo. Para "La celebración", de la productora Underground, hice un capítulo junto con Julieta Ortega, Martina Gusman y Marita Ballesteros. Y estuve en otro programa, que se llama "Cuentos de identidad", en el que hice de enamorada de Virginia Inocenti.

- ¿Tenés alguna anécdota o recuerdo especial de tus viajes a Tucumán?

- Las anécdotas son cosas internas que uno vive con los compañeros con los que toca viajar, y yo soy muy reservada en ese aspecto. Pero siempre disfruto mucho de ir a Tucumán porque el de allí es un público al que le gusta ir al teatro. Tiene una respuesta sin claroscuros: le gusta o no le gusta. Siempre tuve buenas experiencias, fui con varias obras y todas las veces la devolución fue cálida. Además, es una provincia que me encanta. Como empanadas en un lugar que está cerca de la Casa Histórica -a la que aún no recorrí- y me vuelvo con varias artesanías.

ACTÚA HOY

• A las 22, en el Virla (25 de Mayo 265). Entradas en San Martín 850 y en el Musimundo de Portal Shopping.

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