"La música es como el eco de un mundo invisible"

"La música es como el eco de un mundo invisible"

La mezzo soprano Nilda Chiarello y su hijo, Matías Guersman, presentarán esta noche un show con canciones folclóricas. Orgullo filial

ÍNTIMO Y FESTIVO. Matías y Nilda recrearán el clima intimista de sus conciertos en el living de su casa. FOTO DE JAVIER CARRERAS ÍNTIMO Y FESTIVO. Matías y Nilda recrearán el clima intimista de sus conciertos en el living de su casa. FOTO DE JAVIER CARRERAS
10 Octubre 2013
La música está en sus genes. Se impone a toda hora. Habita el hogar. Invita. Convoca. Incita. Existe siempre en acto, no en potencia. De hecho, la vida sin música es, para ellos, un error; un imposible; una pesadilla. Por eso, no es de extrañar que, un buen día, dijeran: "bueno... ¿y si actuamos juntos?". La respuesta estaba cantada -por decirlo de alguna manera- y hoy ese deseo, ese sueño primordial se hace realidad en Yerba Buena. Ah... y con un ingrediente adicional: los protagonistas son madre e hijo.

"La idea fue en realidad de Matías. El siempre canta conmigo canciones folclóricas, aunque esta es la primera vez que compartiremos el escenario con un espectáculo completo", cuenta la mezzo soprano Nilda Chiarello. Y mientras habla su voz se vuelve por momentos temblorosa, casi difusa; como si estuviera ahogada por los sentimientos. "Es que estoy por vivir algo muy particular. Por eso siento una enorme emoción y, al mismo tiempo, una gran conmoción. Porque me enorgullece que mi hijo quiera hacer un espectáculo conmigo", agrega.

Como en casa
Ese espectáculo del que habla Chiarello se llama "Como en el living" y está pensado, según la cantante, como una velada intimista. "La idea es recrear el clima de un concierto de cámara, aunque con la espontaneidad de las veladas que hacemos en el living de nuestra casa", dice.

Y es que, en la familia, todos tienen una estrecha vinculación con la música. Chiarello suele abordar repertorios de música barroca y renacentista, una de sus especialidades. Aunque también actuó en conciertos pop dirigidos por su esposo, Gustavo Guersman, conductor de la Orquesta Juvenil de la UNT, formador de violinistas y aclamado concertista. Y Matías Guersman Chiarello es violinista: actuó como solista junto la Juvenil en varios conciertos, incluido el inolvidable "Bravo, barroco".

Sin embargo, en esta oportunidad, madre e hijo decidieron explorar una veta poco abordada por ambos en los escenarios: la música popular folclórica y latinoamericana. "Matías se ha volcado al folclore, aunque sin abandonar la música clásica. Y en esto creo que tengo algo que ver yo, porque cuando estaba embarazada de él, solía cantarle canciones de Atahualpa Yupanqui y de María Elena Walsh con un tubo de papel apoyado en mi obligo a la manera de un altoparlante, siempre a la sombra de una morera que teníamos en casa", relata entre risas. Sin embargo reconoce que su hijo supo labrarse su camino musical con mucho sentido común e independencia. "Los chicos buscan sobre todo ejercer esa libertad que van descubriendo y hay que dejarlos. Por eso me conmueve que haya querido hacer este espectáculo conmigo", insiste.

Viejo proyecto
Matías y Nilda ya han compartido el escenario, aunque en conciertos más grandes; la mayoría dirigidos por Gustavo. Pero nunca habían cantado a dúo canciones folclóricas. Algo que para el joven músico de 24 años es un anhelo que ya lleva varios años. "Este es un proyecto que se viene gestando hace ya algunos años. No sólo con mi papá compartimos el gusto por la música, sino también con mi mamá. Sólo que con ella me une una atracción más que compartida por el folclore", señala Matías, quien además toca la guitarra e hizo los arreglos de las canciones que interpretarán durante la velada.

A propósito, el repertorio incluye canciones muy conocidas, en un concepto de música de cámara y con arreglos especiales de poemas de autores del norte argentino. "La idea es que sea un encuentro entre amigos, como lo hacemos en el living de casa. Por eso, los arreglos son muy cuidados", asegura Matías. En este sentido, podría decirse que el planteo del show es bipolar. Por un lado, no aporta un repertorio novedoso, no arriesga demasiado; va a lo seguro, a esos títulos que el público la mayoría de las veces conoce e, incluso, tiene incorporados como banda de sonido de algún momento de su vida. Pero, por otro lado, en esta elección del repertorio radica -paradójicamente- su acierto más grande. Porque para aquella audiencia que no quiere sorpresas sino sólo pasar un buen momento y ser guiada por un terreno que le resulta familiar, este espectáculo resulta ideal.

"Todas estas canciones transmiten historias y sentimientos que tienen que ver con la dignidad y el respeto por la vida. Y no sé si será porque las cantamos en nuestro idioma, pero la música es como el eco de un mundo invisible", agrega Nilda.

La puesta también contará con la actuación de Rodrigo Gavilán (voz y percusión), Julián Palacios (violín), Ezequiel Martín (piano).


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