Una novela que exige poco al lector

ELEMENTOS. Los adivinadores y lo sobrenatural no son ajenos al texto. SHEILANEWBERY.WORDPRESS.COM
ELEMENTOS. Los adivinadores y lo sobrenatural no son ajenos al texto. SHEILANEWBERY.WORDPRESS.COM
Por Redacción LA GACETA 07 Abril 2013

POLICIAL

LOS ATORMENTADOS

JOHN CONNOLLY

(Tusquets - Buenos Aires)

En un pueblo costero del norte de Estados Unidos, un viejo que se gana la vida como adivinador recibe en su puesto la visita de un desconocido. En este hombre detecta los signos inequívocos de la maldad: usted ha matado, le dice; el otro asiente. Este breve encuentro, que funciona como una especie de preludio al texto, marca el territorio en que transcurrirá la acción de Los Atormentados.

Ya en el primer capítulo, el detective privado Charlie Parker recibe el llamado de una mujer que está siendo acosada por un personaje de apariencia amenazante. Es, se sabrá más tarde, Merrick, aquel asesino que se había cruzado con el adivinador en un pasado no muy lejano. La mujer es la hija de un psiquiatra que asistía a niños que eran víctimas de abusos sexuales, y que desapareció 10 años antes, luego de un escándalo relacionado con un paciente. Merrick busca datos del médico perdido, de cuya muerte desconfía. Mientras indaga en el asunto, Parker va desvelando una historia compleja de abusos sistemáticos a menores, y comprende que detrás de la figura de Merrick se ocultan personajes oscuros y poderosos. Los Atormentados parece tener todos los ingredientes de la novela negra, pero hay elementos que lo alejan claramente de este género: primero, el detective Parker tiene tanta certeza sobre lo ocurrido y por ocurrir que está más cerca de un Holmes que de un Marlowe -en momentos llega incluso a anticiparse a los hechos de manera desconcertante-. Segundo, el tema en torno al que se desarrolla la trama -el abuso sexual a niños- traza una clara línea que ordena a buenos y malos, lo que evita la ambigüedad moral típica noire.

Connolly propone una novela que exige poco del lector -todo se explica dos y tres veces, en largos monólogos-, en la que lo que se va leyendo se percibe más como confirmación que como hallazgo. Más interesantes son las frecuentes observaciones de Parker sobre una sociedad norteamericana fragmentada y decadente -que parecen venir de la visión del autor, un irlandés que pasa parte de su vida en Estados Unidos-.

La lectura de Los Atormentados es entretenida hasta que entran en escena elementos sobrenaturales. Aquí ya no hay explicación que aguante -se intenta incluso con referencias a personajes anteriores de la serie de novelas de Parker, lo que no ayuda y termina frustrando a quien se inicia en este volumen-.

De ahí en adelante el verosímil tambalea y, finalmente, cae; queda en manos del lector levantarlo y llevarlo en andas por arduas 523 páginas.

© LA GACETA

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Máximo Chehín

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