BUENOS AIRES.- Parte de la realidad del país se distribuyó esta semana entre Dubai y Nueva York. La Asamblea Anual del FMI fue escenario de la firma del acuerdo entre la Argentina y el Fondo pero, a la vez, se constituyó en rampa de lanzamiento de un ambicioso proyecto para refinanciar la deuda externa.
La propuesta de la administración Kirchner -que contempla una quita del 75 % sobre unos U$S87.000 millones- puso nervioso a más de uno y abrió un corredor que ni en la Casa Rosada saben cómo puede terminar.
Envalentonado, el Gobierno advierte que los acreedores que no se acojan a la propuesta argentina no cobrarán un centavo. Pero sería iluso pensar que los tenedores de bonos defaulteados (representados por particulares de todo el mundo, pero también por fondos buitres y brokers de las finanzas) van a dejarse correr por la vaina kirchnerista sin siquiera chistar.
Claro queda, entonces que el anuncio -desprolijo y confuso- hecho en Dubai ha sido sólo el comienzo de una negociación que verá pasar mucha agua bajo el puente y consumirá varios meses antes de cerrar.El gobierno se muestra confiado. Ya ha enhebrado su acuerdo con el Fondo y nada hace prever que el FMI presione por los acreedores privados más de lo que lo hizo, habiéndose asegurado ya como organismo las garantías necesarias para no perder.
Muchas preguntas
De cualquier manera, algo parece no estar bien. Kirchner dice querer un país serio, previsible, con seguridad jurídica y transparencia. Pero, ¿es parte de un país serio anunciar una quita como la planteada aun en situación de quebranto como está el país? ¿Es claro que la República no está en condiciones de afrontar su deuda pero, es, acaso, que a los países que han hecho quitas de sus deudas, como por ejemplo Ecuador, hoy se los ve con seriedad en el mundo financiero? ¿Es serio afectar los derechos adquiridos de los tenedores de adentro y de afuera en una virtual justificación de la "fiesta" que en los últimos años protagonizaron quienes estuvieron en niveles de decisión, tanto en la Nación como en provincias?
¿Es justo darle más y mejor tratamiento al Fondo que a otros acreedores, incluidos los propios jubilados de las AFJP? ¿No había dicho Kirchner que no haría nada para perjudicar a los argentinos? ¿Cómo es que ahora lanza un sablazo a 9 millones de jubilados que han aportado al sistema y hoy se encuentran en una AFJP?
Hay para esas preguntas respuestas de diferente pelaje. Lo que no parece posible es conjugar lo que ha ocurrido en Dubai, por estricta necesidad y realismo, con la seriedad que la Argentina pretende y necesita recobrar.
Y tampoco parece que para Kirchner vaya a ser eternamente fructífero pretender plantarse en todos los foros como el "superguapo", teniendo tras de sí un país que está fuera del mundo, ignorado por inversores y organismos de crédito, con una estructura política aún endeble y decenas de problemas internos por resolver que pueden agudizarse.
En el plano político, Kirchner inexplicablemente faltó a la apertura de las sesiones de la ONU y mantuvo un par de reuniones políticas de voltaje. Con Vicente Fox no pudo avanzar hacia un tratado de libre comercio que quedó para más adelante. Con Lula parece haberle ido mejor en la tarea de bajar los decibeles de enojo.
Con las mañas que le ha dado el sindicalismo, Lula exhibió gestos "paternales" para con el santacruceño, antes de darle decirle que Brasil dice lo que tiene que decir por boca de sus gobernantes y no por los medios, como erráticamente ensayaron desde Buenos Aires los hombres de la Rosada y de la Cancillería.
Los contactos con Bush, en cambio, casi protocolares pero cargados de elogios del norteamericano para un Kirchner eufórico y embelesado, lejano de las posturas que encarnó antes de asumir el poder.
Advierten un cambio
En algunos niveles de decisión de Estados Unidos creen que el Kirchner que les resultaba imprevisible ha comenzado lentamente a "moldearse" a algunos de los gustos de las administración Bush y no dejan de lado en el análisis la postura encarnada por Washington a la hora de las negociaciones cruciales con el FMI.
Ven, incluso, al santacruceño "permeable" a la hora de contemplar el desembarco de algunas compañías americanas -por las que la embajada hace sistemáticamente lobby- en empresas privatizadas de servicios, agobiadas por las deudas contraídas y la imposibilidad de subir las tarifas.
Creen que este sería el turno de las empresas americanas, contra lo que ocurrió en la década menemista, propicia para las compañías europeas. Kirchner mostró su perfil político con el discurso que ensayó en la ONU. Pidió a los organismos de crédito que asuman responsabilidades por la deuda en la que cayó el país y dijo que si Argentina no crece será imposible pagar. Para su sorpresa, casi en simultáneo, supo que desde Dubai, el titular del BCRA, Alfonso Prat Gay, aseguraba con casi nada de tino que en el 2004 "sobrará plata para pagar la deuda" y eso lo enojó sobremanera.
El tema del terrorismo internacional no quedó fuera de su discurso en la ONU. Y, como lo hace en la Argentina, volvió a sobreactuar. "Somos los hijos de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo", dijo, para hablar sobre los derechos humanos.La frase, improvisada, sonó como un poco más de leña al fuego en el plano interno, donde la Justicia ha reabierto causas a militares y ex montoneros, mientras el Congreso analiza la anulación de los indultos firmados por Menem a favor de los represores. (DyN)







