"Le metí un botellazo en la cabeza, pero me hicieron tres tiros"

El cliente intentó defenderse, pero lo hirieron.

VENDADO. La bala le dejó un orificio de entrada y otro de salida, en el muslo. LA GACETA / FOTO DE MARFIA SILVIA GRANARA
VENDADO. La bala le dejó un orificio de entrada y otro de salida, en el muslo. LA GACETA / FOTO DE MARFIA SILVIA GRANARA
12 Enero 2013
Una venda gruesa y ajustada le rodeaba el muslo derecho a Iván Jeger. Después del susto que se llevó el jueves a la noche, ayer descansaba en su casa con un fuerte dolor en la pierna. Según contó a LA GACETA, la bala que le disparó uno de los dos delincuentes que asaltaron el drugstore de la estación de servicios de Villa Alem le dejó un orificio de entrada y otro de salida. "La saqué barata, pudo haber sido mucho peor", reflexionó mientras relataba la secuencia de los movimientos que realizaron los ladrones.

Iván señaló que concurre todos los días al drugstore de Alsina y Chacabuco. Eran las 22 del jueves cuando ocurrió el violento atraco. "Estaba tomando una cerveza con la notebook al lado y de repente siento que alguien me cierra la computadora desde atrás", explicó. El hombre pensó que se trataba de la broma de alguno de los taxistas que también asisten a diario a ese lugar y con quienes tiene cierta confianza. Pero no.

"Cuando lo veo al tipo parado atrás, ahí me doy cuenta de que no era una broma y forcejeo con él. En un momento me quita la computadora y se estaba yendo, entonces agarré la botella -que estaba a la mitad- y le metí un botellazo en la cabeza", relató Iván.

Después del golpe, continuaron forcejeando hasta que el segundo delincuente comenzó a disparar. Hizo tres tiros, uno de los cuales entró y salió por la pierna de la víctima. Fue entonces cuando Iván soltó su computadora y corrió hacia el mostrador para ocultarse detrás.

"Ahí lo veo al encargado todo golpeado. Yo todavía no me había dado cuenta que me habían pegado un balazo, recién cuando salí pude verme la herida", dijo. Mientras los dos individuos huían en moto con la computadora y el teléfono de Iván, además de $ 600 que habían tomado de la caja, entró un policía. "Me quería esposar a mí, capaz que se confundió porque me vio ensangrentado", relató Iván. Ayer, cuando recordaba las pérdidas, resaltó: "lo que más me duele es el teléfono porque ahí tenía todos mis contactos para trabajar, pero dentro de todo la saqué barata".

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