El viejo y costoso estilo

Lo que dejó el viaje de Kirchner a Estados Unidos.

25 Septiembre 2003
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.- Las motivaciones diversas con que el canciller Rafael Bielsa y otros hombres del gobierno trataron de explicar la ausencia del presidente Kirchner del acto inaugural de la asamblea anual de las Naciones Unidas, son poco más que baratijas diplomáticas que pueden cautivar a los admiradores del "efecto K", practicado sin cesar para consumo interno. Sin embargo, ese y otros hechos han permitido una vez más observar cuán diferentes son los estilos de política exterior que practican los palacios de Itamaraty y San Martín desde tiempo inmemorial. El presidente Lula Da Silva arribó el día anterior, alojándose en cercanías de la ONU, mientras el argentino permanecía a esas horas recibiendo en su despacho de la Casa Rosada. Su colega brasileño pudo así aparecer mediante la prensa mundial en más de una reunión de grandes, cuando se analiza si su país debe ser el único miembro permanente de la región en el Consejo de Seguridad. Entre nosotros parece no advertirse suficientemente todavía que la política exterior de la locomotora del Mercosur es mayormente independiente del compromiso regional, observado en Brasilia como una unión aduanera o poco más, sin que importe la filiación política del presidente.

El último estadista
Ese estilo improvisado no es nuevo en nuestra política exterior, y se debe a los cambios drásticos que frecuentemente ocurren en la Cancillería cada vez que hay relevos en el gobierno. Todo lo contrario a la experiencia de Itamaraty, de la que se jactan los brasileños hasta el punto de enraizarla en el estilo imperial de los Braganza. Cuando a poco de asumir el ex presidente De la Rúa debió viajar oficialmente a Estados Unidos, sus asesores le aconsejaron que no lo hiciera en el polémico avión presidencial de Carlos Menem, por lo cual parte de su delegación perdió equipajes y llegó tarde a las reuniones, gastando más que en el Tango 01. Generalmente, a nuestros políticos les han preocupado más los efectos internos cada vez que debieron enfrentar compromisos internacionales importantes para el país. Una excepción remarcable fue la de Arturo Frondizi, viajero trascendente a quien no pocos historiadores políticos rescatan al presente poco menos que como el último estadista de la Casa Rosada.
El manejo desparejo de la política, sometiendo buenas estrategias a malas tácticas de ejecución, que ha caracterizado sin excepción a los gobiernos de los últimos veinte años, explica igualmente el tratamiento injusto de los ahorristas por funcionarios del Estado insolvente. Ejemplos de ello son el ministro de Economía y el jefe del Gabinete, entre otros, quienes responsabilizan a los acreedores por haber pactado, dicen, tan elevados intereses. Tanto Lavagna como Fernández no deben ignorar que entre nosotros viven decenas de miles de ahorristas forzosos -jubilados, contratistas y otros casos- a los que el Estado impuso bonos en lugar de pagarles con moneda contante. (De nuestra Sucursal)

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