Sutiles y torpes

Lecturas sobre la lucha entre Miranda y Alperovich.

24 Septiembre 2003
Por Juan Manuel Asis

Para el peronismo, el poder lo es todo, y toda acción en nombre del peronismo, de sus banderas o su doctrina, debe observarse como parte de la lucha por el poder. Por eso se siguen los movimientos de Julio Miranda y de su sucesor, José Alperovich. Se supone que gestos y palabras esconden las jugadas del particular ajedrez justicialista por el poder. Lo real es que ambos tienen su propio proyecto y que, por ahora, ninguno invadió campo ajeno. Pero en algún momento van a chocar sus intereses y la pelea será inevitable. Para esa hora se preparan, para la lucha sutil o torpe, pero despiadada.
Así son también las lecturas sobre los pasos de Miranda y de Alperovich, sutiles o torpes, en función de lo que se entiende como una tácita pelea por el poder político futuro. Una interpretación sutil es pensar que las medidas de ajuste que impulsó Alperovich para que sancione la actual Legislatura (puesta en disponibilidad de los estatales; continuidad de los tickets Proms; congelamiento salarial) están dirigidas a generarle conflictos gremiales a Miranda en el último tramo de su administración, más que nada para afectar sus chances electorales. Y minarlo en su poder.
Los mirandistas de pura cepa sostienen que Alperovich no tuvo intenciones santas al lanzar a la calle sus proyectos, a 40 días de los comicios en los que Miranda apostó a lo grande. Dicen que podría haber esperado a asumir y no provocar a los sindicatos y a los empleados públicos en plena campaña electoral. A esta altura de los acontecimientos nadie hace nada por ingenuidad, sino con toda intencionalidad. Sólo hay que desentrañar el propósito.
Para eso son hábiles los peronistas. Cuando se conformó la lista oficialista para cubrir todos los cargos partidarios en el PJ, lo primero que se dijo es que Miranda sólo le abrió a Alperovich un ventiluz y no la puerta a las estructuras orgánicas. Le dio muy pocos cargos y en cuerpos sin peso para las principales decisiones políticas. ¿Motivo? Evitar que se apodere de la herramienta electoral del peronismo, que maneja bien Miranda para sus los logros institucionales. Desde esa concepción, fue él el que facilitó a Alperovich la llegada al gobierno, y será él el principal adversario en caso de que haya disputa.
Pero, si bien no le dieron cabida, Alperovich puede llegar a gobernar el congreso provincial de PJ, la máxima autoridad partidaria. ¿Cómo? Sencillo, de la misma forma en que se lo viene haciendo cada vez que el peronismo es gobierno. Cada congresal -hoy son 103- es integrado a una estructura del Estado -si no es intendente o comisionado rural-, y ocupa un puesto del que generalmente subsiste. Así se crea una dependencia política a partir de la relación de dependencia laboral. ¿Qué congresal va a votar en conta de los intereses del jefe de turno? Es parte del juego de la política, del que el propio Alperovich se benefició cuando Miranda mandó a votar para permitirle que sea el candidato del oficialismo. En ese plenario había intendentes necesitados de ayuda estatal, comisionados rurales ávidos de la cuota de coparticipación, asesores a sueldo, directores y hasta contratados en el gabinete. ¿Qué le impide a Alperovich repetir ese esquema casi prebendario? Tal vez haya aprendido del mirandismo. Sin embargo, advertido de esa posibilidad, Miranda inundó el congreso con sus colaboradores más leales.
Otra interpretación grotesca de cómo se da esta lucha entre el que viene y el que se va está en los que aluden a los votos obtenidos por Alperovich. Apuntan que Miranda, por más que consiga 200.000 sufragios, habrá perdido poder político frente a los 271.000 que obtuvo Alperovich el 29 de junio. Eso es tan torpe como tratar de replicar esta interpretación alperovichista diciendo que se apuesta a conseguir más votos que Alperovich en 2001 (177.000 como candidato a senador). Los mirandistas creen que con 180.000 el jefe gana la pulseada electoral y política.

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