23 Septiembre 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Mientras dura la ausencia de Néstor Kirchner, el ejercicio formal del Poder Ejecutivo corresponderá al vicepresidente Daniel Scioli, pero la supervisión y gestión del gobierno se encuentra a cargo del jefe del Gabinete, Alberto Fernández, quien por esa causa no viajó a Nueva York, como hubiera sido el deseo del Presidente. Si Roberto Lavagna llegó a ser hasta hace unas semanas la figura ministerial más expectante, al remate del acuerdo con el Fondo Monetario y la redacción del Presupuesto 2004, ratificaron el perfil político dominante de Fernández. Especialmente por el caso de la ley fiscal, donde del análisis detenido de su extenso y farragoso texto y anexos, han surgido las adjudicaciones de ciertas facultades especiales asignadas al jefe del Gabinete, cuyo poder superaría al ministro de Economía, si es que el Congreso accede a conferírselas. De acuerdo con alguna de ellas, Fernández podría cambiar el destino de partidas presupuestarias y realizar reestructuraciones de las mismas, agregándose así a su gestión ministerial superpoderes que nunca tuvieron sus antecesores.
Parlamentarismo
La Jefatura del Gabinete tiene de por sí facultades de coordinación en el PE que la privilegian, pero la condición de que su titular sea ahora también el vocero más autorizado de Kirchner y su intérprete político más reconocido, lo han convertido de hecho en el número dos del poder. Quienes mantienen la tesis de esa delegación de facultades presupuestarias opinan que la ley fiscal para 2004 deberá atender situaciones muy dinámicas y cuyas urgencias no permiten la lentitud de las decisiones legislativas, por lo que esperan que no haya problemas con el oficialismo parlamentario. Otra cuestión que se ha decidido encarar hasta el momento entre Kírchner y el jefe del Gabinete, es la redacción de un proyecto de reforma política que será tema para la nueva recomposición del Congreso e incluido en el período extraordinario de sesiones. El punto neurálgico de esa reforma podría ser el abandono del sistema presidencialista, a favor de otro parlamentario -Presidente y Primer Ministro-, en cuyo caso se exigiría una nueva enmienda constitucional.
Plural y contemporizador
Raúl Alfonsín intentó durante su gestión presidencial una reforma de esa naturaleza, proyecto del que debió desistir por falta de suficiente apoyo en su partido. Néstor Kirchner y Alberto Fernández piensan que la proliferación de corrientes internas en el justicialismo y el creciente pluralismo de la oposición están configurando una marcada predisposición de la sociedad política al régimen parlamentario tan generalizado y exitoso de la Unión Europea. Por cierto que desde la incorporación de la ex Alianza al poder y sin solución de continuidad, los gobiernos de la crisis se sostuvieron sobre un Parlamento inéditamente pluralista y contemporizador. (De nuestra Sucursal)
Parlamentarismo
La Jefatura del Gabinete tiene de por sí facultades de coordinación en el PE que la privilegian, pero la condición de que su titular sea ahora también el vocero más autorizado de Kirchner y su intérprete político más reconocido, lo han convertido de hecho en el número dos del poder. Quienes mantienen la tesis de esa delegación de facultades presupuestarias opinan que la ley fiscal para 2004 deberá atender situaciones muy dinámicas y cuyas urgencias no permiten la lentitud de las decisiones legislativas, por lo que esperan que no haya problemas con el oficialismo parlamentario. Otra cuestión que se ha decidido encarar hasta el momento entre Kírchner y el jefe del Gabinete, es la redacción de un proyecto de reforma política que será tema para la nueva recomposición del Congreso e incluido en el período extraordinario de sesiones. El punto neurálgico de esa reforma podría ser el abandono del sistema presidencialista, a favor de otro parlamentario -Presidente y Primer Ministro-, en cuyo caso se exigiría una nueva enmienda constitucional.
Plural y contemporizador
Raúl Alfonsín intentó durante su gestión presidencial una reforma de esa naturaleza, proyecto del que debió desistir por falta de suficiente apoyo en su partido. Néstor Kirchner y Alberto Fernández piensan que la proliferación de corrientes internas en el justicialismo y el creciente pluralismo de la oposición están configurando una marcada predisposición de la sociedad política al régimen parlamentario tan generalizado y exitoso de la Unión Europea. Por cierto que desde la incorporación de la ex Alianza al poder y sin solución de continuidad, los gobiernos de la crisis se sostuvieron sobre un Parlamento inéditamente pluralista y contemporizador. (De nuestra Sucursal)







